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Concienciación, participación e implicación de los hombres en pro de la igualdad de mujeres y hombres

Gizonen Kontzientziazioa, partehartzea eta implikazioa emakume eta gizonen arteko berdintasunaren alde

Decálogo de mi diálogo con mi lado feminista

Publicado el 13 noviembre 2018 en General, Los hombres ante la igualdad |

Juan Miguel Garrido. Lavozdelsur.es

De acuerdo, quiero intentar ser un hombre igualitario. Qué tengo que hacer.

1. Piensa de forma empática

Bien, primero comienza por pensar en nosotras las mujeres, no como tú objeto sexual, madre, novia, esposa, cuidadora, o seres débiles que necesitan  vuestra protección, a pensar en nosotras como personas que al igual que tú, tenemos derechos, obligaciones, deseos, pasiones, necesidades, dolores, enfermedades, alegrías, desempleo, depresiones, amores, aspiraciones. Pero no lo hagas desde esa superioridad moral que te otorga tú cómoda posición patriarcal, hazlo como si fueses una de nosotras, practica eso que llamamos empatía, deja de poner tantas excusas, cuestionarnos, y buscar justificación a todo.

2. Practica la escucha activa

Escúchanos, no como quien oye llover, porque nada te interesa lo que te diga, y solo esperas, si eres capaz de no interrumpir, que deje de hablar para largarme tú parrafada, como si no hubiese hablado, o ni tan siquiera estuviese frente a ti. Escucha lo que pensamos, como vemos este mundo, y ejercita la escucha activa. No os viene mal.

3. No te creas el centro del mundo

Deja de creerte el ombligo del mundo, y que tenemos que estar pendientes de ti, no pretendas imponer siempre tú razón, monopolizar la conversación, y ocupar todo el espacio. No estás solo. Da un pasito adelante, y por ejemplo, deja de desayunar con tus compañeros, y hazlo de vez en cuando con tus compañeras, tendrás otra visión de las cosas, esa que te falta. No pienses que no pintas nada, o que solo hablamos de trapitos, colegios, y cotilleos. No nos humilles. Abstente por unos días de darnos tú opinión sobre política, fútbol (nosotras también entendemos), las cilindradas de tú moto, o poner cara de idiota cuando hablas de los caballos del coche que te vas a comprar.

4. Acepta la maternidad como una opción

Acepta la maternidad como una opción, que no se es ni más, ni menos mujer por no ser madre, o por tener una sexualidad distinta a la que tú piensas que debemos tener.

5. Recapacita sobre cuál es tu papel en las tareas del hogar

Se sincero, honesto, y recapacita qué sería de tú vida familiar, social y laboral, sin las mujeres, y cuál es tú participación real en las tareas del hogar. Memoriza y apunta los permisos, vacaciones, y reducciones de jornada que disfrutaste en el trabajo para atender necesidades familiares, o las veces que fuiste al colegio porque tus hijos se hicieron pis, y había que cambiarlos. Calcula el tiempo que cada semana dedicas a tu ocio personal. Recuerda quien se tomó todos los descansos por maternidad, haz un ejercicio de inteligencia, esa de la que tanto presumes, y evalúa tú carrera profesional, las subidas salariales, los ascensos y promociones, y la de tú pareja.

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La risa subalterna de las bertsolaris

Publicado el 5 noviembre 2018 en General |

 

Uxue Alberdi y Maialen Lujanbio escuchan el tema tema que les va a proponer la conductora. / Foto: Xenpelar Dokumentazio Zentroa.

Uxue Alberdi Estibaritz. Pikara Magazine

Las mujeres han logrado amoldarse al bertsolarismo (el arte de cantar en verso en euskara de manera improvisada siguiendo unas reglas de rima y métricas concretas), que cuenta con un estructura predefinida por hombres y para hombres.

Apenas han pasado cuatro décadas desde que las mujeres bertsolaris de la era moderna empezaron a improvisar en espacios públicos. Antes, los bertsolaris eran hombres que improvisaban para hombres, a menudo en espacios vetados para las mujeres (bares, sidrerías, sociedades gastronómicas…). Pero, en el ámbito privado, las mujeres han improvisado desde tiempos inmemoriales y han sido las grandes transmisoras del bertsolarismo. Incluso cantaban en público. El Fuero Nuevo de Vizcaya (1526) recoge menciones directas a las mujeres improvisadoras del Señorío: Título 8. Ley 1. “[…] y sobre mujeres, que son conocidas por desvergonzadas, y revolvedoras de vecindades, y ponen coplas, y cantares a manera de libelo infamatorio (que el Fuero llama profazadas).” Es esta ley del año 1452 la primera noticia escrita que tenemos de las antiguas improvisadoras, y es justamente una prohibición —“bajo multa de mil maravedíes”— la que manifiesta su existencia.

Para quien no conozca el bertsolarismo (bertsolaritza en euskera) quizás convendría aclarar que se da ese nombre al arte de cantar en verso de manera improvisada en forma conversacional o discursiva siguiendo unas reglas de rima y métrica concretas. A pesar de la diversidad de públicos, temas, registros y contextos (campeonatos, festivales, actuaciones de sobremesa, jornadas feministas, ferias del ganado, actos reivindicativos, etc.), el humor siempre ha tenido gran relevancia en él y goza de una larga y masculina tradición.

Así lo asevera la periodista y bertsolari Estitxu Eizagirre: “El bertsolarismo ha sido, y en gran medida es aún, una práctica estructurada por hombres y a la manera de los hombres”, según sus necesidades, posibilidades, intereses y costumbres. Las mujeres han sabido amoldarse a esa estructura predefinida y han conseguido, a veces, incluso sobresalir y destacar por su talento (como es el caso de Maialen Lujanbio, ganadora del campeonato de Euskal Herria en 2009). Pero jugar en campo ajeno tiene sus consecuencias. Hoy las mujeres bertsolaris rondamos el 20% del total, cifra que varía según el contexto y el formato de actuación.

El corsé de la mujer correcta

El bertso improvisado siempre es efímero. Precisa de ideas breves y concisas que el público en general pueda captar al instante, un código unificado fácil de comprender: imaginarios comunes y referencias compartidas, sean culturales, humorísticas, sociales, temáticas, lingüísticas o visuales, que tejan lazos entre quienes improvisan y el público. En ese sentido, tiene mucho en común con un chiste o un comentario ocurrente: si precisa aclaraciones, es señal de que no ha funcionado.

Ese lenguaje común, ese hilo conductor, ese puente, es diferente en la ciudad o en el campo, entre la gente joven y la gente mayor… Pero resulta que el código asumido, con significados unificados de forma colectiva, ha sido conformado exclusivamente por hombres y compartido, consumido e interiorizado por todo el mundo, hasta el punto de considerarlo neutro y universal.

Es preciso recordar que dicho código implica además el plano corporal: comportamiento, movimiento y escenificación que también deben comprenderse y aceptarse al instante. Recordemos a Arantzazu Loidi, una de las primeras bertsolaris que se aventuró a cantar en plaza pública en los años 80 del siglo XX y cuya voz, fina y aguda, no encajaba con el estilo y la corporeidad exigidos entonces.

“A LA MUJER BERTSOLARI SE LE HA EXIGIDO MANTENER CUALIDADES CONSIDERADAS MASCULINAS”

A la mujer bertsolari se le ha exigido mantener cualidades consideradas masculinas (“arranque para responder, seguridad, contundencia, cierta desfachatez…”, enumera Lujanbio) sin perder la “sagrada feminidad” y, por consiguiente, ejercer con mesura y moderación: ser pícara sin llegar a ser desvergonzada; ser seductora sin llegar a parecer puta; ser firme sin mostrarse arrogante; ser agradable, pero no dulzona; alegre, pero no casquivana; crítica, pero no demasiado transgresora; con carácter, pero no colérica; contundente, pero no basta; graciosa, pero no frívola. Ese juez inquisitorio externo o interiorizado que delimita los márgenes de la “mujer correcta” estrangula sin remedio la risa, ya que es casi imposible reírse con un corsé tan prieto.

Temario común androcéntrico

Esta reflexión nos lleva a pensar sobre el canon presente: ¿qué es hoy un o una “bertsolari normal”? Vendría a tipificarse como hombre (guipuzcoano, joven, heterosexual, independentista, de estudios universitarios y de clase media), que canta en el estilo bertsolarístico “normal”, con una voz “normal”, que hace “humor normal” sobre “temas normales” desde un cuerpo “normal”. O sea, que lo “normal” es intercambiable por “masculino hegemónico”. En el reverso estarían el resto de las bertsolaris, estilos, voces, risas, cuerpos o temas subalternos. El código unificado y preestablecido va cambiando y “lo normal” se va redefiniendo cada día, pero la visión androcéntrica sigue siendo claramente dominante.

Es habitual y “humorísticamente eficaz” reírse de la calvicie masculina, pero tratar sobre la depilación femenina no resulta tan gracioso. Es frecuente referirse a la pulsión sexual masculina; sin embargo, la femenina es harina de otro costal. En los campeonatos de bertsolaris es tarea habitual que tengamos que dar continuación a un primer punto dado (se da un primer verso de una estrofa para que el o la bertsolari continúe improvisando hasta completarla) sobre caza, rugby, fútbol, baloncesto, etc., pero en raras ocasiones se nos proponen temas como el ganchillo, el punto cruz, el ballet, el yoga o las plantas medicinales. El temario común en el que el y la bertsolari se tienen que desenvolver es el relativo al espacio público, el que se expone en medios de comunicación o en bares. Y luego están los demás temas, temas de menor relevancia: las “cosas de mujeres” y de otros grupos subalternos que, en los márgenes invisibles, producen risas inaudibles.

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El Hombre nuevo

Publicado el 23 octubre 2018 en General, Los hombres ante la igualdad |

Durante los dos últimos siglos la filosofía feminista ha ido desmenuzando en sus teorías los métodos opresivos a los que han sido sometidas las mujeres a lo largo de la historia. Para el feminismo radical, a partir de la segunda ola, el problema iba más allá del sexismo institucionalizado expresado de forma directa en el ámbito legislativo, comprendía todo un mecanismo estructurado capaz de impregnar todas las capas de la vida.

Por ello, más allá de las respuestas legales exigidas por las feministas de la primera ola, comenzó a tomar valor el análisis de las relaciones de poder, el trato informal, el estudio de las desventajas de las mujeres respecto al hombre y el sistema sexo/género fuertemente enraizado en las sociedades patriarcales. La teoría feminista tomará el concepto “género” como eje fundamental para poder llegar a la raíz de la desigualdad sexual existente entre hombres y mujeres. El género parte de la idea de que lo “femenino” y lo “masculino” no son hechos pertenecientes a la naturaleza humana biológica, sino construcciones sociales y culturales vividas empíricamente y divididas simbólicamente que actúan de manera jerárquica provocando que las diferencias anatómicas formen la desemejanza sexual a través de lo que Seyla Benhabib denomina sistema género – sexo como reseña del ensayo sobre género de Rosa Cobo.

El filósofo francés François Poullain de La Barre publicó en 1671 ” La educación de las damas para la conducta del espíritu en las ciencias y las costumbres”, obra que suscitó una enorme polémica debido a sus pensamientos adelantados al discurso preponderante de la Ilustración al intentar mostrar que, a través de la educación, la desigualdad sexual podía ser combatida haciendo célebre la frase ” La mente no tiene sexo”. O lo que viene a ser lo mismo, el mítico ” No se nace mujer, se llega a serlo”  de la filósofa francesa Simone De Beauvoir.

También en la idea central de Poulain de la Barre podemos leer que la desigualdad social entre hombres y mujeres no es consecuencia de la desigualdad natural, sino que es “la propia desigualdad social y política la que produce teorías que postulan la inferioridad de la naturaleza femenina.”

Las teorías desarrolladas respecto al género de Simone De Beauvoir determinan que “ningún destino biológico, psíquico o económico define la figura que reviste en el seno de la sociedad la hembra humana; es el conjunto de la civilización el que elabora ese producto intermedio entre el macho y el castrado al que se califica de femenino. Únicamente la mediación de otro puede constituir a un individuo como un Otro.”

Simone De Beauvoir está afirmando que la posición social que ocupa la mujer como sujeto político es determinado por la asimetría producida en el reparto hegemónico de los roles de género hacia el constructo de lo “masculino”, “se trata de saber lo que la humanidad ha hecho con la hembra humana”. La mujeres llevan intentando desligarse de los estereotipos de género durante décadas, empiezan a ser conscientes de que los valores atribuidos al concepto de lo ” femenino” sitúa la condición de hembra humana en seria desventaja con el hombre socializado a través del constructo de lo ” masculino” propiciando de esta manera sociedades androcéntricas.

El hombre constituye el sujeto de referencia y las mujeres quedan invisibilizadas o excluidas, por lo que no es difícil entender el rechazo hacia aquellos varones cuyos comportamientos masculinizados consolidan el sistema género – sexo en su propio beneficio debido a los privilegios que supone. Alexandra Kolontai definía a la “mujer nueva” como un sujeto liberado no solo a través del trabajo, sino a través de su propia revolución. La revolución que necesitaban las mujeres era la revolución de la vida cotidiana, de las costumbres y, sobre todo, de las relaciones entre los sexos. Pero ¿Qué hay del hombre nuevo?

Es necesaria la participación activa de hombres que cuestionen los cambios de las masculinidades actuales y venideras, la sociedad contemporánea ya no admite comportamientos aceptados hace treinta años como masculinos, por lo que encontramos implícita una demanda transformadora que permita la adaptación total. Muchos hombres profeministas llevan años re-construyendo su propia masculinidad, rechazando la normativa impuesta alejándose así del rol establecido socialmente. A lo largo de la historia se ha ido plasmando el papel del hombre y la mujer a través del arte; desde la escultura, la pintura, la literatura hasta el cine.

El arte, como componente de la cultura, refleja en su concepción las bases económicas y sociales, y la transmisión de ideas y valores, inherentes a cualquier cultura humana a lo largo del espacio y el tiempo, por lo que a través de ellas podemos hacer una lectura clara del comportamiento entre sexos en el transcurso de la temporalidad humana.

El “hombre nuevo” tendrá que adaptarse a los tiempos, le tocará mirarse frente a su propio espejo y hacerse consciente de las desventajas y la pérdida de privilegios que supone el replanteamiento de su propio status quo establecido y aceptado por confortabilidad. Por poner solo uno ejemplo y hacer referencia a un campo artístico donde el papel de la masculinidad y la feminidad lo encontramos bastante definido, ese sería el cine. El otro día, sin pretenderlo, y sin que el argumento de la película tuviera que ver con esta temática, pude comprobar este aspecto acerca de la masculinidad de forma muy latente, pudiendo pasar fácilmente desapercibido si no estamos atentos.

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HOMBRES REVOLUCIONADOS

Publicado el 21 octubre 2018 en General, Los hombres ante la igualdad |

LAS HORAS .Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez

Si el XX fue calificado como el siglo de las mujeres, no tengo duda de que el XXI merece ya el título de siglo del feminismo. No creo que haya una propuesta emancipadora tan ilusionante y global como la que reclama la superación de un orden, el patriarcal, y de la cultura en la que se apoya, y que no es otra que el machismo. Una propuesta, teórica y vindicativa, que justamente ahora nos interpela de manera singular a los hombres. Es decir, a esa mitad de la Humanidad que nunca antes estuvo tan desorientada y desubicada ante la imparable revolución de la otra mitad. Es innegable que la progresiva conquista de autonomía por parte de las mujeres está provocando en algunos hombres, me gustaría pensar que los menos, una actitud reaccionaria, la cual los lleva a situarse a la defensiva, celosos de sus privilegios y de un lugar que saben que ya nunca volverán a tener. De ahí que un machismo cada vez más beligerante, y amparado en fratrías de machos que se resisten a perder su hegemonía, esté tratando de ocupar el discurso público. Algunas redes sociales como twiter son buen ejemplo de ello, de la misma forma que ciertas proclamas de intelectuales varones ponen en evidencia el malestar de algunos al sentir que pierden el monopolio de los púlpitos. Esos que ahora irremediablemente tienen que empezar a compartir con voces y palabras de mujer.

Sin embargo, me gustaría pensar que una gran mayoría de hombres estamos dispuestos a llevar a cabo un ejercicio de autocrítica, que desenmascare los privilegios de los que seguimos gozando y que desvele nuestra complicidad, por acción u omisión, con el machismo. Sin este proceso de transformación masculina, que pasa por adquirir conciencia de género y por perderle el miedo al feminismo, mucho me temo que las conquistas de nuestras compañeras seguirán siendo parciales y frágiles. En este siglo, los hombres deberíamos pues hacer lo que no hemos hecho a lo largo de la historia, es decir, iniciar un proceso que suponga la renuncia a nuestra posición de comodidad. Ello implica superar un modelo de masculinidad hegemónica que nos educa para el poder, la violencia y el dominio. Que nos convierte, aunque en muchas ocasiones no seamos conscientes, en depredadores del otro y, sobre todo, de la otra. Un modelo que también genera costes para nosotros mismos, en cuanto que supone renunciar a la dimensión más humana de nuestro ser, que no es otra que la que nos reconcilia con nuestra vulnerabilidad.

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20-21octubre miles de hombres se manifiestan contra violencia machista en 35 ciudades

Publicado el 19 octubre 2018 en General, Los hombres ante la igualdad |

Tribuna feminista

La Asociación de Hombres por la Igualdad de Género (AHIGE) convoca ruedas de hombres contra la violencia machista en más de 35 ciudades de toda España

La Asociación de Hombres por la Igualdad de Género (AHIGE) y diferentes grupos de hombres feministas han convocado ruedas de hombres contra la violencia machista en más de 35 ciudades españolas.

Desde hace diez años el movimiento de hombres por la igualdad convoca al público masculino a participar en estas concentraciones, siempre alrededor del 21 de octubre, para que visibilicen su rechazo de la violencia machista.

La rueda es un acto simbólico en el que un grupo de personas forman un círculo alrededor de un gran lazo blanco en cuyos bordes se encienden velas. Además, se leerá un manifiesto de rechazo al machismo y de apoyo y recuerdo a las víctimas. El acto terminará guardando un minuto de silencio.

La entidad quiere sumar el apoyo del público masculino a la lucha contra la violencia machista porque, como se repite en los lemas de estas concentraciones, “el silencio nos hace cómplices” y “el maltrato es incompatible con la crianza”.

Se han convocado 35 ruedas de hombres organizadas mayoritariamente por la Asociación de Hombres por la Igualdad de Género. Se desarrollarán la mayoría de ellas entre el 20 y 21 de octubre en diferentes ciudades de las provincias de Alicante, Barcelona, Cádiz, Cantabria, Ciudad Real, Huelva, Las Palmas, Lleida, Madrid, Málaga, Tenerife, Toledo, Valladolid y Vizcaya.

En Madrid, la concentración será el viernes 20 de octubre a las 19:00 en la Puerta del Sol.

En algunas ciudades llevan ya diez años organizando ruedas de hombres, un tipo de concentraciones que se han extendido también por toda Latinoamérica especialmente Argentina, Uruguay, Brasil, Ecuador y Chile.

Orígenes del 21 de octubre

El 21 de octubre es un símbolo para el movimiento de hombres por la igualdad ya que en 2006 se organizó en Sevilla la primera manifestación de participantes exclusivamente masculinos contra la violencia de género, en el marco de un encuentro estatal.

Con todo, no fue hasta el 2011 con la “Declaración de Barcelona” cuando las entidades de todo el territorio español situaron el 21 de octubre como el día en el que los hombres se visibilizan contra la violencia machista. En la actualidad, el de los hombres por la igualdad se ha convertido en movimiento social en crecimiento que ha permitido que haya ruedas de hombres contra la violencia machista en todo el Estado español y en diferentes países latinoamericanos.

AUTORARedacción Tribuna

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El 70% de las personas con un trabajo parcial involuntario son mujeres

Publicado el 11 octubre 2018 en General |

RYAN MCGUIRE

CTXT

Durante la crisis, las diferencias de género en el mercado laboral comenzaron a nivelarse. Después, con la recuperación, volvieron a crecer, demostrando que la participación de la mujer en el trabajo remunerado se sigue caracterizando principalmente por rasgos como los bajos salarios, la discriminación salarial y la desigualdad. Estas son las principales conclusiones del estudio Voces contra la precariedad: mujeres y pobreza laboral en Europa, publicado recientemente por Oxfam. Según la organización, las malas condiciones que las mujeres afrontan en el trabajo se manifiestan en cuestiones como las jornadas parciales forzadas: el 70% de las personas que se encuentra en estas condiciones en España son mujeres.

El estudio de la ONG advierte que esta no es una tendencia exclusiva en nuestro país, sino que toda Europa arrastra problemas similares cuando se trata de discriminación y trabajo precario, incluso con peores ratios: las mujeres del continente tienen el doble de posibilidades que los hombres de tener un empleo a tiempo parcial de forma involuntaria. Esto es, que no han podido encontrar otra opción o se han visto obligadas a trabajar en horario reducido.

Algo, la involuntariedad, que además es tremendamente común: cerca del 75% de los trabajadores con empleos parciales en la UE prefiere tener una jornada completa en su puesto. Teniendo en cuenta que cerca del 80% de estos trabajadores, los de jornada reducida, son mujeres, se puede deducir el importante peso femenino en la combinación a lo largo del continente: en Francia, ellas son cerca del 76% del total de población trabajadora a tiempo parcial no deseado. En Italia, casi un 70%. En Reino Unido el porcentaje asciende al 59,5%.

Según Oxfam, este tipo de trabajos de pocas horas se concentra en actividades mal remuneradas de ámbitos como los servicios, las ventas, los trabajos administrativos o los servicios técnicos –seguridad, centralitas, servicios de limpieza, mantenimiento, etc–. En muchas de ellas las mujeres son mayoría: representan casi el 56% de la fuerza laboral de la industria de la hostelería, la restauración y el turismo en España, y cerca del 88% de las personas que trabajan en el hogar o en cuidado.

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Crearon en la escuela un taller para “sacarse” el machismo y entender que el “no es no”

Publicado el 10 octubre 2018 en General, Los hombres ante la igualdad |

Miriam Lewin

Tienen entre 14 y 17 años y reflexionan sobre las nuevas maneras de ser varón. Lo hicieron para acompañar el proceso de sus compañeras feministas y abandonar las conductas machistas que les enseñaron desde chicos.

Se los ve pasar, entusiasmados, codo a codo con las pibas. Algunos llevan las uñas pintadas, el pelo teñido de colores, piercings, tatuajes. Son los nuevos varones, los que no dieron por sentado que no es de hombres llorar, los que son capaces de regalarles a sus hermanitos muñecas y de vestirse con pollera por gusto o para protestar, los que lavan los platos, los que hablan con lenguaje inclusivo. Son los que aceptan un no por respuesta y no insisten. Los que no se sienten amenazados por el poder de las mujeres. No les parece mal que se pueda amar a cualquiera, sin que importen sus genitales, y edifican día a díauna masculinidad diferente.

 

Son alumnos del María Claudia Falcone -un colegio público de Buenos Aires- y sintieron la necesidad de cambiar. Probablemente la ola feminista, el “empoderamiento de las pibas”, les haya hecho tomar conciencia de que ellos también tenían que modificar su forma de ser varones para acompañar ese cambio. Se reúnen cada dos jueves o viernes al mediodía, cuando se encuentran el turno tarde y el turno mañana, en un aula común, en el salón del centro de estudiantes o en el patio. El primer encuentro del Taller de Nuevas Masculinidades, como lo llamaron, tuvo quince participantes. El segundo, más de veinticinco.

Francisco ‘Pancho’ Martínez empezó a cuestionarse sus propias actitudes del día a día con las que no se sentía cómodo, aprendidas desde muy chico en su casa o en la calle. No le gustaban y le parecía que chocaban con sus ideales. La salida lógica fue consultar con sus compañeras, que estaban comprometidas con la movida del Niunamenos y el aborto legal. “Estamos en unasociedad patriarcal y machista y hay siempre situaciones y comentarios que yo sentía que no iban más. No a todos los varones les pasaba lo mismo. Pero a mí y a otros, por dar un ejemplo, las situaciones de acercamiento forzado en el boliche nos ponían incómodos”, recuerda.

Sebastián González estaba en séptimo grado cuando se dio cuenta de que las chicas estaban cambiando y que no se callaban. De a poco, hablando con ellas, se fue informando y fue aclarando dudas. Los comentarios machistas que siempre se daban en reuniones de amigos, las formas de tratar a las mujeres: sentía que “no iban más”.

Lucas ‘Chon’ Colagiovanni, también, como los otros, empezó a notar que sus compañeras estaban comprometiéndose con el feminismo y que él como varón, tenía que dejar atrás actitudes equivocadas y acompañar el proceso.

Lucas Naón dice que hasta el año pasado (tiene 15 años) era “muy machista” porque había crecido en una familia que lo era. Llegó de Bariloche y se hizo amigo de Pancho y de Sebastián. Los escuchaba hablar de feminismo, veía a sus amigas nuevas y decidió informarse y no quedarse atrás. “Googleaba textos feministas y leía lo que aparecía. Leía y aprendía”, explica.

El de la idea de armar un taller fue Francisco. Se conectó con compañeros del colegio Nicolás Avellaneda -también público- que ya había empezado con una experiencia similar, pero con otro nombre. “Se llamaba algo así como Varones antipatriarcales. Estaba buenísimo. Era lo que necesitábamos. Lo hablé con una compañera, discutimos mucho. Decidimos que fuera solo para varones. No copiamos el material que ellos usaban, lo reformulamos. Le dimos el punto de vista de las pibas, que son las que sufren el machismo todos los días. Nosotros nacimos, nos dijeron que éramos varones y nos condenaron a reproducir el sistema”, sostiene.

Nadie se tenía que quedar afuera, se iba a abarcar a todos, no se condenaría a nadie por su pensamiento. Se llamaría a los que creían que “con las chicas, ahora, no se puede hablar más, porque enseguida te marcan si dijiste algo mal” y también a los que tenían miedo. La propuesta era empezar a cambiar. Lucas y a Sebastián “son dos muy buenos aliados”, señaló. No se equivocaba. En la primera charla, cuando escucharon el proyecto “explotaron de felicidad”.

La primera convocatoria fue un éxito. Hablaron durante dos horas y media. Algunos chicos revelaron que habían cometido abuso sexual o escrachos (habían difundido imágenes de esos abusos por las redes). Se habían acercado buscando modificar sus actitudes. “Les preguntamos cómo eran sus vidas antes, qué se les había pasado por la cabeza para hacer eso, por qué lo habían hecho, si le habían pedido perdón a la víctima. Vemos juntos qué es lo que cambió. Primero, nos deconstruimos, buscamos sacar toda la construcción machista que tenemos y, a partir de ahí, empezar a reconstruirnos de manera menos tóxica, más sana”, dice Francisco.

Sebastián explica que al principio se sienten sorprendidos, pero entienden a esos pibes porque a los varones “nos implantan un montón de cosas”. Los acompañan, tratan de que se den cuenta de que lo que hicieron no está bien.

No es no

¿Pero cómo son las nuevas formas de relacionarse de chicos y chicas? ¿Cómo es el levante actual? Se ríen. Contestan que ese término no se usa más, que es horrendo. “No existe una manera especial de relacionarse. Lo hacemos con el mismo respeto que se merece cualquier persona, independientemente de su género. Una palmada o un beso son un abuso”.

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La mujer en el cine: el trofeo del héroe

Publicado el 3 octubre 2018 en General |

Madrid, 2 oct. 18. AmecoPress.- En muchas ocasiones el cine ha ayudado a eliminar los prejuicios de la sociedad, pero mitos como el del “amor romántico”, muy recurrente en la ficción, ofrecen a la población adolescente una idea equivocada y machista del amor. Además, el 87% de las personas guionistas son hombres, algo que fomenta la representación de los habituales tópicos femeninos y la sexualización de las mujeres.

En la sociedad actual, el cine es uno de los medios con mayor capacidad de difusión. Desde sus orígenes ha tenido la habilidad de cambiar actitudes, estilos de vida y pensamientos de la sociedad, influyendo así en nuestra percepción de la realidad y en nuestras pautas de consumo, determinando lo que está “de moda” o lo que “está bien”.

El cine es capaz de eliminar prejuicios y fomentar la aceptación de lo diferente. Por ello, si el cine ofrece una visión positiva de algún colectivo o conducta, los espectadores y las espectadoras acabarán aceptando esas cuestiones.

Por ejemplo películas como “Brokeback Mountain” ayudan a que la homosexualidad deje de ser un tabú. También se ofrece una nueva visión sobre la ruptura familiar e incluso sobre el adulterio en cintas como “Memorias de África” o “Los puentes de Madison”. O sobre la eutanasia con filmes como “Million Dollar Baby” o “Mar adentro”.

A pesar de esos filmes, hoy en día la mayoría de las películas se centran en los asuntos de blancos, no transgénero, heterosexuales, masculinos y sin discapacidad alguna. Se supone que el cine es el reflejo de la sociedad, por ello es muy importante que se adopten medidas inclusivas de género, raza o sexualidad, entre otras.

El cine adolescente y la violencia machista en la juventud

Si el cine influye en la sociedad, lo hace aún más en la población adolescente. Películas como “Tres metros sobre el cielo” ofrecen a las adolescentes una idea del amor en el que todo vale, en el que si no duele o si no hay celos no es amor, en el que hay que acatar todo lo que diga su pareja por miedo a que las dejen. De esta manera se representa una idea de dependencia y unas prácticas amorosas que pueden llegar a ser tóxicas y que son dañinas para la mujer e incluso para el hombre, puesto que se transmite la idea de una masculinidad alfa que los adolescentes creen que deben asumir.

Muchas jóvenes en la actualidad creen firmemente en el mito del “amor romántico”, uno de los más peligrosos. Esta idea asegura que el amor es capaz de reformar a los “chicos malos”. Lo que termina justificando toda clase de comportamientos violentos, supuestamente, por amor.

Este modelo se suma a los mitos de “la media naranja” o “el príncipe azul”, que contribuyen a reforzar los roles de género creando mujeres pasivas, frágiles y delicadas, y hombres activos, protectores y dominantes, promoviendo de esta manera la desigualdad entre hombres y mujeres.

La representación de las mujeres en el cine

La vertiente más predominante, genérica y habitual en el cine siempre ha sido representar a las mujers en roles de subordinación asignados por una sociedad patriarcal y desigual. De esta manera, los protagonistas de las películas son mayoritariamente masculinos y representan ese concepto de héroe salvador de la humanidad. Tal y como afirma María Castejón, Doctora en Historia, profesora, investigadora y crítica de cine, “los roles de las mujeres en el cine se han basado en esperar a ese héroe para finalmente ser su trofeo”.

Aunque también podemos encontrar gloriosas excepciones de mujeres heroínas con papeles protagonistas como Escarlata O’hara (“Lo que el viento se llevó”) y en el cine actual con Katniss Everdeen (“Los juegos del hambre”), Diana (“Wonder Woman”), Furia (“Mad Max: Fury Road”), “Thelma y Louise” o “Frida”. También en películas de animación como “Brave” o en las series “Big Little Lies” o “El cuento de la criada”.

Muchas jóvenes en la actualidad creen firmemente en el mito del “amor romántico”, uno de los más peligrosos. Esta idea asegura que el amor es capaz de reformar a los “chicos malos”. Lo que termina justificando toda clase de comportamientos violentos, supuestamente, por amor.

Este modelo se suma a los mitos de “la media naranja” o “el príncipe azul”, que contribuyen a reforzar los roles de género creando mujeres pasivas, frágiles y delicadas, y hombres activos, protectores y dominantes, promoviendo de esta manera la desigualdad entre hombres y mujeres.

La representación de las mujeres en el cine

La vertiente más predominante, genérica y habitual en el cine siempre ha sido representar a las mujers en roles de subordinación asignados por una sociedad patriarcal y desigual. De esta manera, los protagonistas de las películas son mayoritariamente masculinos y representan ese concepto de héroe salvador de la humanidad. Tal y como afirma María Castejón, Doctora en Historia, profesora, investigadora y crítica de cine, “los roles de las mujeres en el cine se han basado en esperar a ese héroe para finalmente ser su trofeo”.

Aunque también podemos encontrar gloriosas excepciones de mujeres heroínas con papeles protagonistas como Escarlata O’hara (“Lo que el viento se llevó”) y en el cine actual con Katniss Everdeen (“Los juegos del hambre”), Diana (“Wonder Woman”), Furia (“Mad Max: Fury Road”), “Thelma y Louise” o “Frida”. También en películas de animación como “Brave” o en las series “Big Little Lies” o “El cuento de la criada”.

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¿Qué tienen en común los maltratadores y asesinos de mujeres?

Publicado el 28 septiembre 2018 en General, Violencia machista |

Coral Herrera Gómez

Los hombres que asesinan a sus novias, ex novias o esposas tienen varias cosas en común, aunque tengan edades muy diferentes, pertenezcan a diferentes clases sociales y religiones, y vivan en puntos muy distantes del planeta:
-No están locos, ni son enfermos: matan porque son machistas y violentos .
-Creen que les mueve el amor, pero en realidad les mueve el odio. Confunden ambos términos porque son sentimientos muy fuertes, pero en realidad ninguno de ellos tiene capacidad para amar, para querer, para cuidar a nadie.
 – Castigan a las mujeres porque no saben aceptar las derrotas, ni entienden que las historias de amor empiezan y acaban, son incapaces de aceptar con humildad que todos somos libres para quedarnos o para irnos, y que las mujeres también lo son.
-Son hombres profundamente obedientes al patriarcado, y no toleran la insumisión ni la rebeldía femenina al papel que nos ha tocado durante siglos. Son soldados del patriarcado, lo interiorizan, lo defienden, lo imponen, y lo asumen sin cuestionarlo.
-La mayoría no trata a las mujeres como compañeras, sino como enemigas, y no disfrutan de las relaciones porque creen que el amor es una guerra.
-Su masculinidad frágil está en su punto de vulnerabilidad más alto. Cuanto más inseguros se sienten, más violentos son.
– Destrozan la autoestima a sus víctimas para hacerles más vulnerables y dependientes. Usan mucho la culpa para que aguanten más tiempo los malos tratos.
– Creen que son dueños de su pareja y que por tanto pueden disponer libremente de la vida de ella.
-Aman y defienden su libertad, mientras reprimen la de sus compañeras. La mayoría tiene muy claro que la monogamia es para ellas, no para ellos.
-No saben identificar, expresar y gestionar sus emociones, ni saben comunicarlas.
-No saben vivir su dolor sin hacer daño a los demás.
-Sufren un enorme complejo de inferioridad y superioridad con respecto a sus compañeras, se sienten dependientes de ellas y a la vez se sienten superiores.
– Su Ego necesita ser el más importante, y se siente profundamente herido cuando no son los protagonistas absolutos, cuando no están en el centro de la atención de la otra persona, cuando les desobedecen, cuando les traicionan, o cuando les dejan de querer.
– Tienen mucho miedo al «qué dirán»: el maltratador no quiere parecer un fracasado, temen que su masculinidad y honor queden cuestionados tras la ruptura de la pareja, tienen miedo a las burlas de los demás hombres si sus mujeres no les obedecen, les son infieles o les abandonan.
-Tienen miedo al futuro y a los cambios, por eso no admiten separaciones ni divorcios: quieren que todo siga igual que siempre, con sus privilegios y con su posición de dominación en la pareja .
-Están muertos de miedo. Tienen miedo a quedarse solos, a que nadie les quiera y les cuide.
-Cuanto más miedo tienen, más rabia sienten ante todo aquello que no pueden controlar, protagonizar o liderar.
-Instauran un régimen de terror en sus casas para que el miedo de ella sea más grande que el suyo propio. Amenazan, chantajean, hacen dramas, y quieren ser el centro de atención de su víctima, aunque sea haciéndole la vida imposible.
– Se sienten humillados con la libertad de las mujeres para dejar una relación cuando quieren.
– Se sienten impotentes: no pueden modificar la realidad a su antojo ni pueden comprar amor. No pueden tampoco obligar a ninguna mujer a que les ame. No pueden ejercer el control sobre los sentimientos de los demás porque el Amor es radical y hermosamente libre, lo que les llena de frustración porque no pueden hacer nada para retener a una mujer a su lado.
– Se sienten atacados por la revolución feminista que nos está cambiando la vida a millones de personas. Están llenos de rabia, no comprenden los cambios sociales, y creen que cuantos más derechos tienen las mujeres, menos privilegios tienen ellos. Creen que la igualdad les perjudica, y algunos odian profundamente a las humanas del género femenino en general, y a las feministas en particular.
-Se sienten frustrados porque su princesa no es tan sumisa, ni tan sacrificada, ni tan entregada como les prometieron en las películas. Las mujeres buenas no abundan: para la mayoría somos todas malas, mentirosas, manipuladoras, mezquinas, dominantes, crueles y perversas. De ahí la desconfianza que sienten hacia nosotras, pues creen que si se enamoran van a perder su libertad y su poder. Cuando se enamoran, sin embargo, se decepcionan cuando descubren que su princesa es «como todas».

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