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Concienciación, participación e implicación de los hombres en pro de la igualdad de mujeres y hombres

Gizonen Kontzientziazioa, partehartzea eta implikazioa emakume eta gizonen arteko berdintasunaren alde

“Cada agresión sexual es un fracaso de toda la sociedad”

Publicado el 19 Julio 2017 en General, Violencia machista |

IZASKUN LANDAIDA | DIRECTORA GENERAL DE EMAKUNDE UNA ENTREVISTA DE NEKANE LAUZIRIKA |

FOTOGRAFÍA JOSU TXABARR

Al hacer una entrevista busco entre mi propia bibliografía. ¿Le sorprendería que pudiera hacerle las mismas preguntas que el año pasado?

-En cierto modo no, porque hablamos de cambiar una sociedad que sigue siendo androcéntrica caminando a una sociedad igualitaria. Se trata de un cambio de valores, de una transformación que, desgraciadamente, no se hace de la noche a la mañana; quienes trabajamos en esta área debemos de tenerlo muy presente. Por eso, aunque hemos avanzado mucho, no se ha logrado ese objetivo ambicioso de la igualdad.

La Defensora del Pueblo, Soledad Becerril, al hablar de esta violencia dijo: “No sé cómo podemos atajar la violencia de género”. Realismo, resignación. ¿Qué le parece?

-Creo que lo que pretendía mostrar ante la sociedad es que nos enfrentamos a un problema que es estructural, multidimensional, global y difícil de atajar. Porque en el origen de la violencia contra las mujeres está la falta de igualdad; la violencia contra las mujeres es la expresión más brutal de esa desigualdad. Lo que deseaba trasladar a la sociedad es la complejidad de este gran problema, de esa vulneración de derechos humanos; la clave está en conocer su magnitud. Solemos pensar que con castigos o medidas de atención a mujeres que sufren esta violencia vamos a solventar el problema.

¿Y no es así?

-No. Siendo decisivas las medidas, estamos actuando en los efectos y no en las causas. El convenio de Estambul señala claramente que hay que proteger a las mujeres contra los agresores, pero hace especial incidencia en abordar medidas de sensibilización y de prevención.

Tocamientos de nuevo en San Fermín, agresiones en Zarautz, Basauri, Getxo… Los informativos están cargados de estas noticias. ¿Ocurren más o es porque se denuncia más?

-No se deben minimizar los casos. Uno solo ya es motivo para continuar trabajando y debemos de tener en cuenta que los que conocemos son la punta del iceberg. Dicho esto, sí creo que quienes sufren estas vulneraciones al ver un mayor apoyo, conocimiento y concienciación de la ciudadanía, denuncian más. Por eso, las instituciones tenemos una responsabilidad que no podemos ni queremos eludir, y es que los servicios que ofrezcamos estén coordinados de la mejor forma posible. Pero si esto no va acompañado de apoyo social el avance es mucho menor.

En las fiestas de Iruñea han detenido a unos chicos que vendían camisetas y pegatinas promoviendo el maltrato a las mujeres y la Fiscalía, a diferencia de los jóvenes de Altsasu, les ha soltado. ¿Fomentar que se pegue a una mujer por el hecho de serlo no es delito?

Es preocupante que se diseñen productos de este tipo, pero lo más triste es que haya personas que los consuman. Las agresiones se producen en una sociedad que todavía sigue cosificando a las mujeres y valorándolas como objetos sexuales. A pesar de manifestarnos mayoritariamente contra las agresiones se permite en demasiados casos actitudes sexistas que generan un peligroso caldo de cultivo. Es necesario actuar ante cualquier comportamiento intimidatorio o vejatorio hacia las mujeres, aunque se disfrace de broma o de comentario jovial.

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¿HOMBRES FEMINISTAS?

Publicado el 14 Julio 2017 en Feminismos, General, Los hombres ante la igualdad |

José Ángel Lozoya Gómez Miembro del Foro y de la Red de hombres por la igualdad.

Es posible que ser “hombres por la igualdad” (HX=) nos haga feministas, pero llamarnos “hombres feministas” ni siquiera nos hace hombres por la igualdad.

Comparto la necesidad de incorporar la opresión de los hombres por parte del Patriarcado al análisis del mismo que se hace desde los feminismos, y veo la importancia que esta opresión tiene en las políticas públicas que es necesario impulsar, especialmente en el ámbito de la educación y de la prevención de riesgos; pero no participo de la necesidad de compartir el adjetivo “feminista”, que tanta historia atesora en el movimiento de mujeres, ni veo la necesidad de reivindicar nuestro protagonismo en una historia y unos cambios sociales de los que llevamos tan poco tiempo participando.

Creo firmemente en que cualquier mujer tiene derecho a reivindicarse como feminista (aunque ese derecho no la exima de considerar que no basta con ser mujer); pero, con la historia que arrastramos, me parece razonable exigir que los hombres sí tengamos que demostrar hasta qué punto somos igualitarios antes de que algunas feministas nos reconozcan como parte de su movimiento de liberación.

Sé que los HX= hemos tenido que soportar que otros hombres, a los que a veces hemos considerado amigos, nos llamen quintacolumnistas por defender las reivindicaciones del movimiento de mujeres y oponernos a los privilegios masculinos, al mismo tiempo que algunas feministas nos vean como a uno de esos muchos semblantes con los que el Patriarcado demuestra cada día su tremenda capacidad de adaptación a los cambios, logrando que parezca que todo cambia para que todo siga igual.

También he visto que, a fuerza de coherencia en nuestra lucha contra las violencias machistas y los privilegios masculinos, hemos conseguido en unas pocas décadas ir venciendo las resistencias y desconfianzas de aquellas feministas que nos veían como a los mismos perros con distinto collar. Hemos logrado que muchas feministas nos reconozcan como una novedad histórica porque, sin negar nuestra pertenencia al colectivo que disfruta del poder Patriarcal, los HX= hemos declarado nuestra disposición a renunciar a nuestros privilegios y estamos dando pasos en ese sentido. Con ello hemos conseguido que muchas feministas nos reconozcan como actores permanentes y necesarios que han llegado para quedarse; hemos conseguido que se planteen el lugar que ocupamos en la lucha por la igualdad y el tipo de relación que quieren tenercon nosotros.

Hoy son mayoría las que nos ven como cómplices del feminismo, y cada vez son más las que nos consideran sus aliados; este proceso de confluencia a largo plazo es de lo más prometedor, porque un cómplice suele compartir objetivos y a veces llega a ser colaborador necesario, pero siempre es un actor secundario, mientras que un aliado suele ser una suerte de socio con quien es necesario contar, hablar y llegar a acuerdos, en una relación que, aunque no sea entre iguales, es casi de tú a tú. Este diálogo ha dado lugar a cierto reparto de papeles, no siempre explícito, por el que los HX= siempre hemos reconocido que las feministas lideran el cambio social mientras que nosotros dedicamos la mayor parte de nuestras energías a convencer al resto de los hombres de la necesidad de que se incorporen al mismo.

Nuestro movimiento no ha crecido tanto como para pensar que sea necesario alterar el equilibrio logrado. Tampoco debería ser necesario recordar que los HX= seguimos teniendo dificultades para ver muchos de los privilegios que tenemos más naturalizados, porque hemos sido socializados en el machismo y la misoginia, y porque en nuestra vida cotidiana no solemos ser tan coherentes como en nuestros discursos. Los HX= pagamos un precio por alejarnos del modelo hegemónico de masculinidad, pero sería abusivo decir que hayamos sufrido el machismo y la misoginia, que hayamos tenido que soportar lo que la mayoría de las mujeres: que se nos deje de escuchar por ser mujeres, que se nos haya agredido sexualmente hasta en el autobús, que nos hayan enseñado la polla por la calle…

Sabemos además que necesitamos mantenernos siempre en guardia, ser permanentemente críticos con lo que decimos, con lo que pensamos y con lo que hacemos, porque seguimos perteneciendo al grupo de los opresores, seguimos disfrutando de los privilegios estructurales que dependen de la pervivencia del Patriarcado y seguimos siendo vistos como agresores potenciales en muchas situaciones cotidianas.

Por todo esto me cuesta llamarme feminista, y porque me siento cómodo tratando de asumir la responsabilidad que supone seguir experimentando nuevas formas de deconstrucción de la masculinidad, visibilizando algunos de los inconvenientes que se derivan de convertir la masculinidad en el referente de la igualdad entre los sexos, y procurando consolidar un discurso capaz de contrarrestar la influencia neomachista (que aspira a convencer a los sectores más vulnerables de que pueden compensar su pérdida de poder real incrementando el poder de los hombres sobre las mujeres).

No quisiera llegar a confundir los derechos de las feministas con los nuestros. Por eso, y por mucho que me halague que una feminista me considere o me presente como feminista, no me siento legitimado para reivindicar que se me reconozca como tal.

Sevilla, julio de 2017

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Iris arcoíris

Publicado el 11 Julio 2017 en Diversidad de género, Diversidad sexual, General |

Miguel Lorente Acosta. Blog Autopsia

Hay quien todavía ve la realidad en blanco y negro, como si fuera el NODO de una España caducada que aún espera el comienzo de una película en tecnicolor en la que los héroes terminan por salvar a la patria de los malos. En las películas de mi infancia no hacía falta calificar al otro, bastaba con llamarlo “el malo”, daba igual que fuera un indio, un negro, un moro, un gánster o un soldado nazi o japonés, al final lo importante es que eran “los malos”, porque lo que se quería destacar es que “nosotros” éramos los buenos.

Y aunque la película ha cambiado, aún hay quien sigue el mismo guión y no entiende que la diferencia ya no es inferioridad, sino que forma parte de la igualdad, o sea, parte nuestra a través de una identidad que ya no se construye por contraste con las otras, ni tampoco resulta excluyente. Hoy ser hombre también es ser mujer, al igual que sucede con ser homosexual, trans o de cualquier otra identidad vivida, ninguna de ellas es excluyente en cuanto a los elementos identitarios, aunque cada apersona la viva y se comporte como considere a partir de ellas.

Y eso es lo que les molesta, porque antes ser hombre era no ser mujer, y ser mujer era tener una serie de características propias que los hombres no podían tener. Y a partir de esas identidades rígidas y acríticas, puesto que eran impuestas y aceptadas como parte del orden natural, se distribuían los roles, funciones, tiempos y espacios de unos y otros para hacer de la desigualdad condición y de la habitualidad normalidad. Desde esa construcción no es que los hombres y las mujeres hacían cosas distintas, es que los hombres hacían lo de los hombres y las mujeres lo de las mujeres.

Y no había nada más, puesto que todo lo que no encajaba en ese modelo era considerado patológico, aberrante, delictivo o vicio.

El movimiento LGTBI+ ha conseguido a través de una reivindicación cargada de civismo que la sociedad cuestione ese modelo tradicional, y acepte la diversidad y la pluralidad como una referencia más para la convivencia. No ha habido violencia, ni atentados, ni ataques a nadie, y todo ello a pesar de haber sido perseguidos, encarcelados, agredidos y condenados a una especie de cadena perpetua social como seres enfermos, perversos y viciosos, que amenazaban la vida en sociedad y sus valores de siempre, aunque nunca haya sido un verdadero espacio de convivencia.

A veces es más verdad y dice más de una persona o grupo lo que se niega que aquello que se reconoce. Nadie cree en lo que no necesita, y la mirada también es un acto de fe cuando se busca una confirmación de las ideas, los valores o las creencias.Por eso la realidad sólo es un ejemplo, una especie de hipótesis para confirmar lo que previamente se ha decidido que sea verdad con independencia de cualquier referencia.

De lo contrario no podría entenderse que una persona homosexual sea considerada como una persona enferma, viciosa o anormal, del mismo modo que no habría tanta pasividad y distancia a la violencia de género, con 60 mujeres asesinadas de medida cada año y 600 mil maltratadas.

El significado que se da a la realidad depende de la mirada, la mirada de la conciencia, y la conciencia de las referencias utilizadas para dar sentido a todo aquello que se percibe. Y cuando esas referencias vienen impuestas por el machismo, al final todo se interpreta por lo que los hombres han considerado que es lo correcto y lo necesario para que el mundo construido a su imagen y semejanza funcione. Por eso todo lo que no sea masculino no sólo es diferente, sino que además es inferior. Y por ello todo lo femenino es una amenaza y una especie de ataque a su posición de poder y a la identidad sobre la que se sustenta, aquella que hace que la realidad se interprete sobre la condición otorgada, no sobre Derechos Humanos. Según la construcción machista, primero está la persona con su condición, y luego los Derechos.

Esa es la razón por la que los hombres son tan violentos con los hombres homosexuales, mientras que las mujeres no lo son frente a otras mujeres lesbianas, porque la homosexualidad masculina cuestiona lo individual y lo social, y hace que los hombres se sientan atacados y cuestionados en su identidad sobre la que se sustenta todo su poder personal y público Y por ello también, la forma de cuestionar a los gays es llamarlos “afeminados”, puesto que esa superioridad de los hombres en esencia está construida sobre la inferioridad de la mujer.

Hoy debemos estar muy orgullosos y muy orgullosas de los movimientos y las personas que nos han enseñado a convivir en paz con la diversidad y la pluralidad, a pesar de todos aquellos que presentaban cada paso hacia la Igualdad como un salto al vacío, y de quienes aún viven la libertad como una amenaza y la diversidad como un ataque.

Hoy la sociedad es mejor, no porque permite que haya diferentes identidades que viven sobre el mismo espacio común, sino porque la mayoría de las personas formamos parte de esa comunidad diversa y plural, y miramos la realidad y el futuro con un “iris arcoíris”.

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Solo el 0,4% de las denuncias por violencia machista son falsas

Publicado el 7 Julio 2017 en General, Violencia machista |

JORGE G. GARCÍA. el pais

Un informe del Poder Judicial detalla que cuatro de cada cinco mujeres asesinadas no había denunciado previamente.

Un informe del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) determina que solo el 0,4% de las denuncias por violencia machista son falsas. Ángeles Carmona, presidenta del Observatorio, asegura que estas cifras evidencian “la inconsistencia de la alegación de que las mujeres denuncian en falsas

Las denuncias por malos tratos se han convertido en uno de los caballos de batalla de algunas asociaciones que afirman que las mujeres lo hacen solo para beneficiarse en los procesos judiciales. Según sus argumentos, la ley contra la violencia de género, aprobada por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero en 2004, está pensada para incriminar a los hombres.

En una guía del CGPJ de 2013, el organismo precisaba que los agresores aludían a las denuncias falsas como una estrategia procesal con demasiada frecuencia. “Estas afirmaciones carecen del mínimo fundamento”, argumenta el Poder Judicial en el informe.

De las 500 sentencias estudiadas por el Consejo entre 2012 y 2014, solo en dos de ellas se abrió un proceso de falso testimonio contra dos mujeres que dijeron que no habían sido maltratadas; aunque en uno de los casos los agentes habían presenciado las agresiones. “La mujer supuestamente mintió para proteger al agresor”, ha explicado Carmona, quien ha destacado que con estos datos se puede “desterrar el mito de las denuncias falsas”.

Varios expertos han pedido una reforma legal aplicar la libertad vigilada a los agresores desde el momento en que una mujer denuncia malos tratos. Es el momento de mayor riesgo debido a que es cuando pueden tomar las mayores represalias. La ley prevé que se pueda adoptar cuando hay una condena, pero no con anterioridad.

Sensibilizar a la sociedad

Tal y como expone el Observatorio, cuatro de cada cinco mujeres asesinadas por violencia machista no habían denunciado previamente. Según este organismo, estos datos evidencian la necesidad de “continuar sensibilizando a la sociedad de que se trata de un asunto público y no de algo meramente privado”.

Este dato aportado por el CGPJ contrasta con el último que publicó la semana pasada. Según su informe anual de 2015, las denuncias por malos tratos con respecto a 2014 habían repuntado levemente, un 1,9% hasta situarse en un total de 129.123; es decir, 347 al día.

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A mis amigos hetero

Publicado el 30 Junio 2017 en General |

June Fernandez. Diario.es

Hablar de “mi amigo gay” suena más común que hablar de “mi amiga hetero” porque señalamos y explicitamos lo que se sale de la norma

¿Y si hoy señalamos la hegemonía? ¿Y si las personas hetero aceptáis que el heterosexismo provoca violencia? ¿Y si reconocéis nuestro legado? ¿Y si os sentís interpeladas por nuestra lucha?

Estábamos cenando con una pareja amiga y manteniendo una conversación trivial, cuando mi novia dijo por algún motivo “pues mis amigas hetero…”. No recordamos de qué estábamos hablando pero sí la cara de desconcierto de esta pareja amiga (formada por un hombre y una mujer). Esto se convirtió en una broma interna que aún mantenemos, hasta el punto de haber creado un grupo de Whatsapp llamado ‘Lesbis, heteris y viceversa’.

Este medio me propuso que escribiera “sobre la típica coletilla ‘mi compañero de trabajo gay, mi compi del gimnasio lesbiana’ que hacen muchas personas heteros”. Me plantean si esa fórmula es normalizadora o, por el contrario, supone definir a las personas por su orientación sexual, algo que no se hace con las personas heterosexuales.

Añadiría que esto también ocurre con la identidad de género. Me he descubierto a mí misma diciendo “mi amigo Pepito, que es trans” sin venir a cuento. Sentimos el impulso de explicitar lo que se sale de la norma y no descartaría que sea también un mecanismo de buenrollismo. Ya sabéis, “yo no soy homófoba, porque tengo amigos gays”, “yo no soy transfóbica porque tengo amigues trans”. El amigo o amiga que encarna la alteridad, como comodín para no cuestionarnos nuestra hegemonía.

Aunque nos afearon en Twitter por un artículo de José Luis Serrano en el que establecía paralelismos y diferencias entre la raza y la pluma, realmente creo que ese recurso en ocasiones es útil. Yo, seriéfila empedernida, pienso en el título de este post y me viene la serie de Netflix ‘Queridos blancos’, en el que una universitaria negra revoluciona su campus con un programa de radio que, con ese título, interpela a la hegemonía.

En un artículo reciente en +Pikara, Mar Gallego hablaba de la necesidad de que las personas blancas (entendiendo blancas como un concepto relativo, porque quienes en España somos blancas en Noruega seríamos personas racializadas) nos revisemos nuestros privilegios y asumamos nuestra hegemonía, prestando atención a los discursos anticoloniales. El caso es que, en ese artículo, Mar llamaba la atención sobre que había presentado a la teórica lésbico-feminista Ochy Curiel como “afrodominicana” y a mí misma como “June Fernández” a secas, sin los apellidos de “vasca” o “blanca”. El motivo es el mismo por el que “mi amigo gay” suena más común que “mi amiga hetero”: sentimos el impulso de aclarar o explicitar lo que se sale de la norma, que es blanca, heterosexual y cisgénero.

Dice Ochy Curiel: “¿Por qué la blanquitud no es un sujeto de investigación?, ¿por qué no hacemos antropología de los privilegios?”. Pero también lo dice con la heterosexualidad. En su ensayo ‘La nación heterosexual’, Curiel analiza la heterosexualidad no como otra práctica sexual más, sino como un régimen político que afecta todas las relaciones sociales. No es la primera, esta es una de las bases del pensamiento lésbico feminista.

La categoría ‘homosexual’ se acuñó para patologizar a quienes nos salíamos de la norma, recordaba nuestro colaborador Asier Santamari(c)a en el programa especial de La Sexta Columna por el Orgullo. Ocurre otro tanto con la transexualidad. Por eso es tan importante explicitar el heterosexismo y el binarismo de género como sistemas de opresión. Por eso un recurso de las lesbianas feministas ha sido devolver la pregunta que se nos hace constantemente y que nos hemos hecho desde que tenemos uso de razón: “¿Tú por qué eres heterosexual? ¿Cómo lo sabes? ¿Cómo te diste cuenta?”. Nuestras compañeras de Sangre Fucsia preguntaron a la gente por la calle “¿Eres heterosexual?” y las reacciones son de lo más divertidas:

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“Si el Gobierno no equipara los permisos de paternidad es porque no hay interés en hacerlo”

Publicado el 27 Junio 2017 en General, Paternidad Igualitaria |

FOTO: Fernando Sánchez.

La economista Carmen Castro publica “Políticas para la igualdad”, donde reivindica el papel de los permisos por nacimiento como motor para el cambio social hacia más igualdad.

La economista Carmen Castro ha estudiado el funcionamiento de los permisos de paternidad en más de 25 países. Fruto de su investigación nace ‘Políticas para la igualdad’ (Catarata), un libro en el que desmenuza la influencia que esta política pública tiene en la sociedad y en la construcción de igualdad. Islandia es el referente, pero ni siquiera el país nórdico tiene un modelo plenamente equiparado e intransferible. Es por eso, defiende Castro, que España tiene la oportunidad de liderar el cambio si se aprueban unos permisos por nacimiento iguales, intransferibles y pagados al cien por cien para cada persona progenitora independientemente de su sexo o identidad sexual. Esa es la propuesta que la Plataforma por unos Permisos de Nacimiento y Adopción Iguales e Intransferibles (PPiiNA) lleva años reivindicando y que Unidos Podemos llevó al Congreso en forma de una proposición de ley que fue aprobada. El Gobierno ya ha vetado en dos ocasiones su tramitación.

Uno de los punto de partida de su libro es el 15M y las demandas ciudadanas de más democracia. Dice que es imposible democratizar la sociedad sin hacerlo previamente con la familia. ¿No son las familias instituciones democráticas?

Hay varios niveles de respuesta. Por una parte, no, no todas las familias son estructuras con acuerdos democráticos. Cuando se gestiona la cotidianidad y hay responsabilidades familiares y los poderes públicos no atienden eso es cuando más se siente el peso del sistema de roles. Por otra parte, es que el hecho de que no se explicite y que no se piense en cómo se reparten los papeles dentro de los núcleos de convivencia ya es de por sí un elemento de alerta. Debería hacernos pensar en si no estaremos volviendo a repetir lo que pasó con el sufragio: se hablaba de derecho al sufragio universal cuando las mujeres no tenían derecho al voto. Esto es igual, construimos la democracia desde lo público, desde la representación pero sin pensar en cómo estamos en las células base, en las familias. Hay un sustrato que forma parte del lado oculto del iceberg de la sociedad que de alguna manera se tiene que estar resolviendo, y ahí entran las familias diversas, porque de lo único que nos ocupamos es de la representación y de la acción politizada.

La propuesta que centra su libro y que en España ha llegado de la sociedad civil al Parlamento son los permisos parentales por nacimiento o adopción. ¿Por qué esta propuesta concretamente? ¿cuál es su potencial, su papel en esa democratización de la familia de la que habla?

El interés que tienen los permisos por nacimiento es que es una pequeña pieza de políticas públicas que tiene la capacidad primero, de incidir en el cambio de comportamientos desde la cotidianidad. Se trata de un cambio masculino fundamentalmente, porque en el tema de repartos de tareas y usos del tiempo tenemos que provocar muchos cambios pero hay uno fundamental, el del comportamiento masculino. Es decir, que ellos desaprendan su sistema de cómo se construye la paternidad patriarcal y asuman la responsabilidad de los cuidados como algo a compartir en la vida cotidiana. Partiendo de comportamientos individuales se construye otro mensaje y otro sistema de representación política y pública.

La suma de comportamientos individuales genera un efecto multiplicador a nivel social, con el tiempo, que permite avanzar hacia otro imaginario de sociedad. Otro modelo en el que hay un reparto equilibrado de cuidados y éstos no son algo colateral que ocurre además de todo lo que ocurre en la vida. La importancia del sistema de permisos por nacimiento es que influye en lo individual y en lo colectivo. Tiene una potencialidad transformadora que va de lo cotidiano a lo simbólico y a lo estructural porque incide en la división sexual del trabajo. Es una reforma que está muy estudiada y que es viable respecto a cómo se puede hacer y a su impacto económico. Obviamente no es lo único, para reforzar su efecto necesita otras reformas a corto plazo para llegar a un cambio a medio y largo plazo.

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Masculinidades y feminismo: un espacio de “incomodidad productiva”

Publicado el 23 Junio 2017 en General, Grupos de hombres, Los hombres ante la igualdad |

Josue Sánchez entrevista a Jokin Azpiazu Carballo en Pikara Magazine.

Jokin Azpiazu Carballo, sociólogo y activista, desafía los debates en torno a la masculinidad y a los grupos de hombres en Masculinidades y feminismo, un libro que, lejos de cerrar horizontes, abre nuevos, provocando cortocircuitos y multiplicando las preguntas abiertas.

Hace cuatro años, Jokin Azpiazu Carballo (Ermua, 1981), sociólogo y activista, dejaba en Pikara una pregunta en el aire. En su obra Masculinidades y feminismo, amplía su propuesta de una revisión crítica sobre los debates relacionados con la masculinidad y los grupos de hombres por la igualdad; una reflexión para generar cortocircuitos; un espacio de “incomodidad productiva”.

No ha estado solo para componerla: desde temprana edad, se relacionó con los movimientos feministas; en 2005, se mudó a Barcelona y formó parte de Alcachofa, “el grupo de hombres contra el sexismo y el patriarcado”; tres años después, regresó al País Vasco y retomó sus estudios culminándolos con un máster de género; y, en efecto, durante el proceso, han sido innumerables los debates que ha mantenido abiertos con grupos de diversa índole.

En el primer capítulo, citas a Donna Haraway para proclamarte un «testigo modesto, transmisor subjetivo de una rica reflexión colectiva». ¿Por qué lo haces?
Masculinidades y feminismo no parte de reflexiones en solitario. He mantenido muchísimos debates y conversaciones con personas, colectivos y grupos, generalmente con gente de los movimientos feministas y LGTB; por ello, el libro tiene un componente colectivo detrás. Mi trabajo ha sido juntar esos debates; desde lo más formal, hasta lo más informal; desde charlar con amigas en barras de bar, hasta mi experiencia en grupos de discusión. No todo se me ha ocurrido a mí solo.

Nada más comenzar, desde el sofá de una sala contigua a su despacho –también es investigador en la Universidad del País Vasco–, Jokin Azpiazu subraya la importancia de un término que utiliza a lo largo del libro: la mirada. “Me planteé que, en muchos grupos de hombres y en trabajos en torno a la idea de qué es la masculinidad, el enfoque que se estaba dando seguía centrado en la propia mirada masculina y, además, desde la experiencia de una masculinidad concreta”, explica. Por ello, recomienda que los varones abandonen esas miradas y opten por otras que, construidas desde otras posiciones, puedan ayudarles más.

Un lugar donde encontrarlas, según él, es en el movimiento feminista, pero también más allá. El sociólogo opina que los grupos de hombres, mientras sí abren debates sobre sus relaciones con el feminismo, no siempre tienen en cuenta las miradas de los colectivos LGTB. “Los hombres, para deconstruir su masculinidad, deben prestar atención a los sujetos que hemos transitado por modelos no-legitimados”, dice. Además, sugiere que ambos colectivos suelen descuidarse entre sí: “Los hombres podríamos utilizar la referencialidad, las figuras, las teorías políticas o las vivencias LGTB y, asimismo, el colectivo gay podría repensar la masculinidad para luchar contra el machismo en su seno”.

En su tesina, Azpiazu analizó el discurso básico de algunos grupos de hombres e identificó varias cuestiones problemáticas. En Masculinidades y feminismo amplía el diagnóstico: por un lado, detecta la mirada ombliguista mencionada previamente y, por el otro, indica un riesgo de que refuercen el binarismo de género “planteándose como la otra cara respecto a los grupos de mujeres no-mixtos”. No le encuentra sentido: “Sería una locura pensar que los hombres nos reunimos porque nos sentimos oprimidos. Podemos sentirnos oprimidos, pero no podemos olvidar que pertenecemos al bando opresor”.

Apuntas que «la comodidad es improductiva» y abogas por la creación de espacios que generen una «incomodidad productiva». ¿Cómo se genera?
La idea de pensar que, en espacios cómodos y tranquilos, siempre se trabaja mejor, es equivocada. En los debates en torno a la masculinidad, como en todos, es necesario un mínimo de tranquilidad para empezar, pero, de vez en cuando, también hay que romperla. Es curioso. Cuando valoramos sesiones de trabajo o talleres de masculinidades, muchos chicos dicen: “He estado muy a gusto”. No está mal, pero si no hay algo incómodo, nos podemos quedar en el mismo sitio. Las cosas no tienen que ser solo interesantes; también tienen que ser transformadoras.

 

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“Cada vez hay más hombres despertando y aprendiendo a desaprender las costumbres heteropatriarcales”

Publicado el 20 Junio 2017 en Grupos de hombres, Los hombres ante la igualdad |

Diario.es

Manuel Buendía, integrante de la Asociación de Hombres por la Igualdad de Género, subraya que esta lucha “implica a todas las partes de la sociedad como cualquier otra injusticia”.

Uno de los mayores retos a los que hace frente la sociedad a día de hoy es la conquista de la igualdad real de género.  La ciudadanía comienza a despertar de un letargo histórico, que ha estamentado un modelo de sociedad que se mantiene con la injusticia. La estructura social que ha conocido este país es el heteropatriarcado, y es tan cruel, que su máxima manifestación es el feminicidio.

Ante este límite, la población comienza a tomar conciencia de la importancia de la lucha feminista y, cada vez más, el hombre participa como aliado. Las armas contra la desigualdad son la educación en el respeto y el aprendizaje dual: por un lado, desaprender las costumbres impuestas por el heteropatriarcado y, por otro, aprender a reconocerlas y a aplicar la perspectiva de género en el ámbito cotidiano.

Manuel Buendía es un hombre que hace ya años se unió a las filas del bando correcto en la lucha feminista. Él es consciente de la delicadeza del tema y prefiere no hablar en términos absolutos, ni sentenciar. Buendía promulga un feminismo de interpretación y análisis desde el reposo y la calma.

Este especialista, integrante de la Asociación de Hombres por la Igualdad de Género, decidió tomar el camino feminista cuando comprendió que la igualdad de género es un tema de justicia social, que “implica a todas las partes de la sociedad como cualquier otra injusticia”, indica.

Además, desde niño sentía “incompatibilidad con los comportamientos de hombría y masculinidad que impone el heteropatriarcado”, admite Buendía, y añade que el “contacto y la convivencia con mujeres feministas” le impulsaron a actuar.

El experto, que ha participado este viernes en un encuentro  en la librería Utopía y es uno de los pocos hombres especialistas en igualdad de género en Cantabria,habla de la situación del hombre en la causa y de la necesidad de reescribir el guión que marcaba la pedagogía intergénero.

El  acercamiento masculino al movimiento feminista ya no es sólo de acompañamiento, de empatía, los hombres tenemos que  revisar nuestra idea de masculinidad, del tipo de hombre que quiero ser”, subraya Buendía, quien también insiste en la importancia de la reflexión del sector masculino para conseguir localizar las acciones machistas y poder desprenderse de ellas.

“Cada vez hay más hombres despertando y aprendiendo a desaprender las costumbres heteropatriarcales”, comenta, al tiempo que reconoce ser consciente de los problemas de dedicarse a un sector que parece exclusivo para mujeres: “Los hombres en el feminismo nos enfrentamos a los mismos obstáculos que ellas se han enfrentado durante toda la historia”.

Las mujeres han tenido que ir conquistando territorios donde su sexo no se sentía representado. Como hombre feminista, Manuel Buendía ha tenido que hacer lo mismo e ir adentrándose en ámbitos nuevos, desde las tareas domésticas hasta los cuidados emocionales.

Desde su punto de vista, lo complicado de mantenerse en la lucha no es su sexo, ni la falta de aceptación, sino el ruido que engloba el discurso igualitario, los intereses individuales de muchas de las personas que forman parte de él.

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La honestidad masculina y el amor romántico

Publicado el 16 Junio 2017 en General, Los hombres ante la igualdad |

Collage: Señora Milton

Coral Herrera Gómez en Pikara Magazin.

¿Por qué los hombres patriarcales mienten?, ¿por qué enamoran a las mujeres con promesas de futuro y en cuanto las conquistan salen corriendo?, ¿por qué creen que es normal e incluso necesario ocultar información a su pareja, pero no soportan que ellas hagan lo mismo?, ¿por qué defienden tanto su libertad pero limitan la de su compañera? .

¿Por qué un hombre puede ser buena persona con todo el mundo menos con su pareja?, ¿por qué los puticlubs están a rebosar de hombres casados todos los días de la semana?, ¿por qué en algunos países es habitual que los hombres tengan dos y hasta tres familias cuando han prometido ante el altar o ante el juez fidelidad hacia su pareja oficial?…

En las guerras del amor todo vale, porque es la batalla más importante de la guerra de los sexos. El régimen heterosexual está basado en un reparto de papeles en el que los hombres llevan siempre las de ganar: ellos diseñan e imponen las normas para que las cumplan ellas. Pactan monogamia, juran fidelidad, prometen ser sinceros, y en cuanto pueden juegan sucio y se enredan en cadenas de mentiras.

Las mentiras son consustanciales a la masculinidad patriarcal. El engaño y la traición a los pactos acordados es la consecuencia de firmar un contrato en el que aparentemente jugamos en igualdad de condiciones, pero en la realidad está diseñado para que nosotras seamos fieles y esperemos en casa mientras ellos se lo pasan en grande. La monogamia, pues, es un mito que crearon para nosotras, muy útil para asegurar su paternidad y la transmisión del patrimonio, y también muy útil para domesticarnos y encerrarnos en el espacio doméstico.

En la batalla del amor hetero el pacto es: “Yo no tengo sexo fuera de la pareja, tú tampoco”. Nos limitamos los dos, renunciamos los dos a la libertad sexual, o mejor: ellas creen que ellos se comprometen a cumplir con esta auto-prohibición. Pero no: la estrategia es que las mujeres nos auto-censuremos mientras ellos hacen lo que les apetece sabiendo que gozan de una relativa impunidad y que serán perdonados.

En esta guerra de los sexos, ellos llegan armados hasta los dientes, las mujeres vamos desnudas y enamoradas. Ellos juegan con ventaja y casi siempre ganan: la doble moral nos echa la culpa, y a ellos les disculpa. Para poder disfrutar de la diversidad sexual y amorosa típica del macho, los hombres saben que deben defender su libertad mientras limitan la de sus parejas. Y para ello tienen que prometer mucho, mentir, engañar y traicionar a las enemigas.

Porque las mujeres jamás somos las compañeras: nos tratan como a las adversarias a las que hay que seducir, domesticar, y mantener engañadas con el rollo del romanticismo y las bondades de la familia patriarcal.

La doble moral del patriarcado permite a los hombres a tener una doble vida: una como señores adultos responsables y comprometidos, y otra como niñatos mentirosos que jamás asumen las consecuencias de sus actos. Los hombres aprenden pronto que pueden abusar de su poder porque el mercado del amor está lleno de mujeres deseosas de ser amadas. Lo mismo que los empresarios abusan de la necesidad de sus trabajadores porque tienen muchísima mano de obra barata dispuesta a trabajar por muy poco, los hombres patriarcales saben que pueden mentir y aprovecharse porque el mundo está lleno de mujeres con baja autoestima y necesitadas de amor. Ellas prefieren aguantar mentiras y engaños que estar solas, y pocas veces identifican este trato como mal trato, es decir, no es fácil asumir este comportamiento como violento porque está normalizado en nuestra cultura patriarcal.

Los hombres patriarcales, sin embargo, se consideran buenas personas. El engaño forma parte de las estrategias de guerra, por eso traicionar y mentir a las mujeres con las que se relacionan no les hace sentir ni traidores ni mentirosos. Es simplemente una forma de dominar su mundo y de relacionarse con el enemigo. Y cuando el enemigo es una mujer, entonces no hay normas de caballerosidad ni principios ni ética que les detenga: en la cultura machista cualquier estrategia es válida. El objetivo es siempre someter a las mujeres para poder vivir bien, para salvaguardar el honor, para aumentar su prestigio delante de otros hombres.

Esta es la razón por la cual la honestidad no es cosa de hombres patriarcales. No hay contradicción, no les supone ningún problema. Es simplemente que siendo honesto uno no puede tener todo lo que desea, no puede tener varias amantes y una esposa fiel, no puede hacer lo que le da la gana sin tener que dar cuentas a nadie, no puede mentir, no puede acumular riqueza, no puede robar ni utilizar su poder para aprovecharse de los demás. La honestidad no calza con los valores de la masculinidad patriarcal, al menos no en el terreno de las guerras contra las mujeres.

La monogamia y la honestidad masculina

Ella: Cariño,  ¿qué haces?

Él: Estoy en la cama, a punto de dormirme, ¿y tú, mi amor?

Ella: Estoy en la barra de la discoteca, detrás de ti.

Este es uno de los esquemas básicos de los chistes machistas: él miente, ella le pilla. Es el juego del gato y el ratón: en las relaciones heteras nosotras somos las policías, juezas y carceleras, y ellos los chiquillos traviesos que se divierten haciendo sufrir a mamá.

La monogamia es un invento del patriarcado para tenernos encerradas y entretenidas. El engaño consiste en hacernos creer que el adulterio no es la norma sino la excepción, y que podemos evitarlo si somos complacientes con nuestros maridos, si obedecemos sus normas, si cubrimos sus necesidades, y si evitamos que otras mujeres se acerquen a ellos. Algunas viven resignadas a que de vez en cuando se les escape el pajarito de la jaula. Cuando descubren las infidelidades les mandan a dormir al sofá unos días, para pocos días después ser readmitidos en el lecho conyugal.

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