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Concienciación, participación e implicación de los hombres en pro de la igualdad de mujeres y hombres

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Enfadados con todo: Vox y la masculinidad

Publicado el 10 diciembre 2018 en General, Los hombres ante la igualdad |

Abascal Caballo
Spot de Vox para la campaña andaluza. Foto: Twitter

 

Lionel S. Delgado El salto

¿Qué pasa con los hombres para que encuentren en la derecha radical un nicho de confianza? ¿Qué dice o hace la ultraderecha para conectar con un votante masculino?

Dos tercios de los votantes de Vox son hombres. Ocho de cada diez votantes de izquierda que se han pasado a Vox son hombres. Lo dice Narciso Michavila, sociólogo y presidente de GAD3, la empresa demoscópica que se ha hecho famosa por ser la única que acertó en los pronósticos de las elecciones andaluzas. No es nuevo: Metroscopia ya apuntaba que el 72% del votante estatal era varón. ¿Qué pasa con los hombres para que encuentren en la derecha radical un nicho de confianza? ¿Qué dice o hace la ultraderecha para conectar con un votante masculino?

El perfil del votante de Vox parece estar relacionado con edades medias, clases pudientes y con estudios superiores. Hoy nos interesa para profundizar en la relación que existe entre el auge de discursos conservadores y la crisis de valores de la masculinidad.

Los hombres ya no tenemos tan claro qué se supone que tenemos que hacer en el mundo: el papel del “ganapán” proveedor ha quedado en entredicho por la precarización sistemática de lo laboral y por la incorporación de la mujer al mundo del trabajo. La figura del “padre protector” se tambalea cuando aparecen los nuevos modelos de paternidad y el viejo modelo del padre fuerte y dominante se muestra como más bien violento. También la figura del “hombre exitoso en lo sexual” se pone en el punto de mira al evidenciarse los elementos patriarcales y potencialmente agresivos del cortejo masculino. Así, los modelos antiguos se quedan vetustos y, cuando lo viejo (parece que) muere y lo nuevo no termina de aparecer, aparecen los monstruos.

Con esto no se trata de decir que es por culpa de los hombres que la ultraderecha avance. Sin embargo, algo específico pasa con los hombres para que un partido de ultraderecha obtenga dos tercios de su voto de este perfil. Es necesario entender correctamente cómo un fenómeno Vox puede construirse sobre el voto masculino y qué relación tiene con la crisis de la masculinidad.

LOS HOMBRES Y EL FEMINISMO

La presencia del antifeminismo en el discurso de Vox no es secundaria: es uno de los los tres pilares del partido de ultraderecha, junto al anticatalanismo (más que nacionalismo ya que se basa en el odio más que en un modelo de país claro) y la antiinmigración. Después de que Ciudadanos retirase de su programa la reforma integral de la LVG y de que el PP comulgase con parte del discurso contra la Violencia de Género (aunque Casado sea crítico con “la ideología de género”), se queda el campo libre para que Vox se apropie del marco crítico, hipertrofiando el discurso que acusa al feminismo de “culpar a los hombres por el hecho de ser hombres”.

No obstante, Vox no inventa nada en esta materia. Existe un malestar masculino, del cual se han escrito ya muchas páginas, proveniente de una crisis de los modelos de género ligados a unos contextos de cambio e inseguridad vital que han difuminado las reglas sobre lo que consiste ser hombre.

Por suerte, ya no estamos en el mundo del honor, la dignidad y el mérito. Ya no consiste todo en sacrificarnos estoicamente por nuestra familia y recibir la medalla del padre/marido/hijo del mes. Sin embargo, si ya no podemos ser “hombres de verdad”, ¿qué se supone que debemos ser? Ante esta pregunta surge la crisis de masculinidad donde los valores asociados a un rol masculino tradicional ya no estipulan cuál es nuestro lugar en el mundo.

El malestar que surge de esta crisis es muy volátil y es fácilmente convertible en un enfado indeterminado. Michael Kimmel, en su obra Angry White Men(Hombres blancos cabreados), vaticinando el auge de Trump habla de cómo lo que hay en el fondo es un enfado masculino dirigido a todo. Hombres cabreados con sus jefes, con las mujeres, con los inmigrantes, los políticos, con todos.

Es un malestar sin forma, generado por una sensación de incertidumbre generalizada: esto puede ser aplicado al perfil de votante de Vox, masculino, de clase acomodada y estudios superiores. Este votante proviene de un colectivo clásico que puede estar percibiendo el cambio como amenaza, relacionando esta amenaza a los colectivos sociales que van mejorando poco a poco su situación. “Si ellos mejoran yo empeoro”, por lo que pasan a ser enemigos que vienen a “robarnos el país”. “Para la izquierda, no tenemos derecho a tener un país”, dicen en Vox apelando a este sentimiento de “nación arrebatada”.

La derecha tiene gran facilidad para encarnar las formas más masculinas de la política: la agresividad, la bravuconería, la política “con dos huevos”. Abascal representa al Macho Ibérico cuando aparece a caballo declarando el comienzo de La Reconquista, la guerra a catalanes, inmigrantes y feministas. Y si alguien duda de lo tremendamente masculino del discurso de VOX, que vea cualquier entrevista a su líder: los valores del hombre heterosexual y de estatus digno están presentes en todo momento. Desprende dignidad, honor y mérito. Una apelación a la visión romántica del hombre haciendo “cosas de hombres”.

Este cabreo no es marca propia masculina. Las mujeres también pueden adscribirse a la ultraderecha, racista, xenófoba, anticatalana y machista. Al fin y al cabo, sigue habiendo un 33% de votantes de Vox que no son hombres. Las mujeres también pueden estar cabreadas. Pero creo que en las mujeres este cabreo no está ligado a su feminidad: no están cabreadas en tanto mujeres (salvo en perfiles que buscan la vuelta de los roles femeninos tradicionales relacionados con lo doméstico, los cuidados y la maternidad). Sin embargo, en los hombres este cabreo es históricamente una válvula de escape legítimamente masculina: es enfado masculino en tanto que se basa en la sensación de un “rol perdido” y un malestar de género.

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Hombres al borde de un ataque de nervios

Publicado el 3 diciembre 2018 en General, Los hombres ante la igualdad, Paternidad Igualitaria |

Miguel Lorente Acosta

Muchos hombres están de los nervios, eso de ver cuestionados sus privilegios y de poner en evidencia que toda su fortaleza, racionalidad, entereza, criterio y valor era el cuento que ellos mismos habían inventado para impedir que las mujeres pudieran demostrar que era falso, lo llevan fatal y no saben muy bien qué hacer. Por eso mientras que muchos hombres, conscientes de esa injusticia, están saliendo del redil de la desigualdad, otros prefieren vivir acorralados en el machismo y desde allí tratar de lanzar sus mensajes y agresividad para mantener sus posiciones de poder.

Es un ejercicio de resistencia y contraataque.

Y el último ejemplo lo hemos visto en las reacciones a las críticas a la sentencia del Tribunal Supremo,que obliga a una madre y a sus hijos a abandonar el domicilio donde vivían tras la separación, por haber iniciado una relación de pareja con otro hombre. Nada nuevo, salvo la decisión del Supremo, puesto que se trata de una antigua reivindicación del machismo después de fracasar en su estrategia de control histórica. No olvidemos que todo esto viene de una realidad en la que la ley obligaba a las mujeres a pedir permiso al marido para cualquier cosa que hicieran en la vida pública. La misma realidad en la que les resultaba prácticamente imposible divorciarse  hasta que llegaron las llamadas “leyes de divorcio no culpable” en los 70, pero después, aunque lograban divorciarse, su vida seguía dependiendo de su ex marido porque él decidía cuando y cuánto dinero pasar para que sus hijos pudieran cubrir las necesidades básicas, una situación de abuso tan evidente y grave que se tuvo que desarrollar una normativa específica para obligar a pagar lo que sólo era parte de la responsabilidadde esos “buenos padres”. Pero como la situación no era un problema de legalidad sino de mentalidad,esos “buenos padres” inventaron estrategias para seguir hasta hoy sin pagar lo que se derivaba de sus responsabilidades, por eso han utilizado otras vías para continuar con el control de las mujeres y castigarlas por su decisión de separarse, sin importarles el daño causado a sus hijos.  

Por eso ahora están tan contentos de que el Tribunal Supremo les “haya dado la razón”, y se ponen tan nerviosos cuando se critica esa decisión y, sobre todo, su significado. Gracias a esa sentencia pueden volver a mandar un mensaje de fondo muy claro y directo hacia sus ex mujeres: “Si te quedas en casa cuidado de mis hijos no tendrás problemas, pero si metes a otro hombre en casa te irás a la calle con tus hijos”.

Esas referencias demuestran que muchos hombres construyen la familia sobre la idea de posesión, no sobre el compromiso, la responsabilidad y el amor,  de lo contrario no tendría sentido que la decisión para que sus hijos y la ex mujer salgan de la casa se base en que ella inicie una nueva relación de pareja. Es la idea del “tú eres mía o de nadie”trasladada a la familia y resuelta de diferente forma, pero siempre bajo el criterio de la posesión y de la legitimidad para “romper” aquello que consideran propio.

Las consecuencias para los hijos y las hijas es una especie de “daño colateral” del que siempre será responsable la madre por meter a otro hombre en la casa. Es el argumento habitual de los hombres y su Derecho para resolverlo todo con la culpa de las mujeres, y en este caso si ella no hubiera metido a nadie en casa sus hijos seguirían viviendo en ella. Ocurre como en la violencia de género, en la que a pesar del daño que sufren los hijos e hijas por vivir en ese contexto donde el padre maltrata sistemáticamente a la madre, la mayoría de las veces delante de ellos, como demuestran los estudios, el último de ellos la tesis doctoral “Menores y violencia de género: Nuevos paradigmas”, defendida el 30-11-18 por la ya doctora Paula Reyes y dirigida por la catedrática Juana Gil, el Derecho y la Administración de Justicia miran para otro lado y son capaces de “abstraer” de ese hogar violento a los niños para decir que “un maltratador no tiene por qué ser un mal padre”y otorgar custodia y visitas sin problema. Y si los niños y las niñas se rebelan frente a esa decisión y no quieren ver al padre maltratador, pues tiran de manual, echan la culpa a las madres y les aplican el inexistente SAP(Síndrome de Alienación Parental).

 

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Sobre la campaña #CambiáElTrato

Publicado el 28 noviembre 2018 en Los hombres ante la igualdad, Violencia machista |

Luciano Fabbri analiza la campaña de la Fundación Avón. Su acierto: cuestionar las relaciones de complicidad machista entre varones y hacerse eco de una exigencia hacia los varones, “cortense el mambo entre ustedes”. También tiene puntos problemáticos: la lógica del bueno y el malo, los costos de cuestionar la impunidad y el prestigio de los varones agresores; y la ausencia de mujeres en escena, quienes al ser representadas como víctimas, se restituye la superioridad viril de los varones denunciantes. Es urgente seguir pensando los recursos para cuestionar los lazos de complicidad machista entre varones.

Hace unos diez días que entraron en circulación los spots de la Campaña #CambiáElTrato, promovida por la Fundación Avon, y aún siguen dando que hablar. Apoyos y críticas por doquier; algunos más taxativos, incitan a aplaudir o desechar, otros matizados, invitan a problematizar sus limitaciones, desafiándonos a trascenderlas.

Hay muchas aristas a analizar en este tipo de campañas. Reparar en quién produce y financia el mensaje, con quien se alía y con qué intereses, puede resultarnos más o menos esclarecedor, pero no será objetivo de esta nota. Analizar la recepción, interpretación y circulación del mensaje, sobre todo entre quienes parecen ser sus principales destinatarios, podría ser mucho más enriquecedor, pero de momento está fuera de nuestro alcance.

Sí quisiera, respondiendo a algunas consultas recibidas y haciéndome eco de algunos intercambios de opiniones, compartir algunas observaciones que me inspiran estos videos.

Las tres piezas publicitarias están protagonizadas por varones (aparentemente cis, hetero, y en su mayoría sub-30) en escenas donde alguno de ellos señala al otro -amigo, padre- que está ejerciendo algún tipo de violencia hacia una mujer. Porque la está acosando en la calle, porque envía fotos de ella desnuda sin su consentimiento, o porque la menosprecia y maltrata como mujer y pareja.

En primer lugar quisiera señalar lo que considero un acierto; apuntar a erosionar y cuestionar las relaciones de complicidad machista entre varones. Entiendo que en esa elección hay diagnóstico compartido; las violencias machistas gozan de impunidad, entre otras cosas, porque son naturalizadas y avaladas por el silencio cómplice hacia el interior de la corporación cis-masculina. Los varones somos los principales policías de la masculinidad de otros varones, los que legitimamos o deslegitimamos las actuaciones y credenciales de género de nuestros pares.

Reconocer este pilar de la socialización masculina en la reproducción de las violencias y privilegios patriarcales no supone necesariamente avalarlo, considerarlo justo o ético. Sino más bien, tener un análisis del campo de relaciones y vectores de poder sobre el que se busca intervenir.

Florencia Yanuzzio, directora de la Fundación Avon, lo expresa de la siguiente manera; “Hay que terminar con eso de decirle a las mujeres que se cuiden, que ojo con la ropa que se ponen, que el horario… A los que hay que hablarles es a los varones, y la idea es que escuchen, porque son la raíz del problema” (Clarín, 17-11-2018).

Al mismo tiempo, y aún en la ausencia en escena de las voces y cuerpos de las mujeres, la orientación de la campaña se hace eco de una de sus principales exigencias para con los varones; “cortense el mambo entre ustedes”, “no necesitan un lugar dentro del feminismo, lleven los reclamos de los feminismos a sus espacios compartidos con otros varones”, “las feministas no somos responsables de educar a los hombres”.

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Los hombres deben dar un paso al frente y ser incómodos para los machistas

Publicado el 21 noviembre 2018 en General |

Sufren las mujeres, pero el problema es de los hombres.© ‘Big Little Lies’ (HBO, 2017 –

Octavio Salazar en GQ.

Cerca de 1.000 mujeres asesinadas desde 2003. Una cifra que debería bastar para que la violencia de género fuera percibida como el problema más grave de nuestra sociedad. Un tipo de violencia que es sólo una más de las muchas que podemos calificar como machistas, las cuales son perpetradas por sujetos de todas las edades, de todas las nacionalidades, de todos los estratos sociales y económicos.

Dicho de otra manera: el único rasgo que comparten todos estos sujetos es que son de sexo masculino. Es decir, hombres que reproducen hasta el extremo más brutal una cultura machista. Individuos que han sido socializados para el dominio y para el ejercicio de la violencia con el objetivo de mantener o restaurar un orden en el que nosotros somos los privilegiados.

Unos machitos que también conciben el amor y la sexualidad desde el control y el dominio. Unos tipos que son incapaces de reconocer la equivalente autonomía de sus compañeras. Los que hacen posible la permanente reinvención del patriarcado desde la asunción acrítica de que ellos han nacido para ser los amos, los putos amos.

La violencia de género es, pues, un problema masculino que sufren las mujeres. Con ello no quiero decir que todos los hombres seamos maltratadores, como tampoco que todos seamos ni violadores ni puteros. A lo que me refiero es a que la raíz de este drama social se halla en un modelo de masculinidad que en el siglo XXI continúa prorrogando nuestro estatus privilegiado y, ligado a él, el uso de múltiples violencias mediante las cuales mantenemos nuestro poder. Todo ello aderezado con los mitos del amor romántico que tanto ayudan a que las mujeres sigan entendiendo que su lugar es el de la sumisión y que nosotros hemos nacido para ser conquistadores. No sólo de los territorios, sino también de los cuerpos y hasta de las vidas de quienes durante siglos fueron educadas para el silencio.

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“Los privilegios de los hombres llevan al sufrimiento y al desastre”

Publicado el 19 noviembre 2018 en General, Los hombres ante la igualdad |

María Pazos,

La matemática, investigadora y activista feminista acaba de publicar ‘Contra el patriarcado: Economía feminista para una sociedad justa y sostenible’.

La economía sólo tiene en cuenta a la mitad de la población: la que conforman los hombres. Así lo denuncian desde hace años las economistas feministas como María Pazos Morán, ya que dentro del sistema económico no se tienen en cuenta los cuidados de las personas dependientes o las tareas del hogar, realizadas en su mayoría por mujeres de manera gratuita.

¿Cómo se podría llegar a un sistema económico igualitario? Es decir, un sistema que sí se acuerde de las mujeres a la hora de tomar medidas y hacer políticas públicas. ¿Qué es lo que está fallando para que aún, en 2018, exista una división sexual del trabajo, que es “la base del patriarcado”? Es lo que se pregunta Pazos Morán en su nuevo libro Contra el patriarcado: Economía feminista para una sociedad justa y sostenible. En él explica que el sistema fiscal actual fomenta la desigualdad de género y perpetúa que las mujeres sigan responsabilizándose de los cuidados.

Pazos señala que, además, la economía actual no sólo se olvida de las mujeres sino que “pone medidas para que esta situación continúe”. Pone de ejemplo el sistema de cuidados: “Que la mujer se quede en casa es también un sistema de cuidados fomentado la falta de permisos paternales”.

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Decálogo de mi diálogo con mi lado feminista

Publicado el 13 noviembre 2018 en General, Los hombres ante la igualdad |

Juan Miguel Garrido. Lavozdelsur.es

De acuerdo, quiero intentar ser un hombre igualitario. Qué tengo que hacer.

1. Piensa de forma empática

Bien, primero comienza por pensar en nosotras las mujeres, no como tú objeto sexual, madre, novia, esposa, cuidadora, o seres débiles que necesitan  vuestra protección, a pensar en nosotras como personas que al igual que tú, tenemos derechos, obligaciones, deseos, pasiones, necesidades, dolores, enfermedades, alegrías, desempleo, depresiones, amores, aspiraciones. Pero no lo hagas desde esa superioridad moral que te otorga tú cómoda posición patriarcal, hazlo como si fueses una de nosotras, practica eso que llamamos empatía, deja de poner tantas excusas, cuestionarnos, y buscar justificación a todo.

2. Practica la escucha activa

Escúchanos, no como quien oye llover, porque nada te interesa lo que te diga, y solo esperas, si eres capaz de no interrumpir, que deje de hablar para largarme tú parrafada, como si no hubiese hablado, o ni tan siquiera estuviese frente a ti. Escucha lo que pensamos, como vemos este mundo, y ejercita la escucha activa. No os viene mal.

3. No te creas el centro del mundo

Deja de creerte el ombligo del mundo, y que tenemos que estar pendientes de ti, no pretendas imponer siempre tú razón, monopolizar la conversación, y ocupar todo el espacio. No estás solo. Da un pasito adelante, y por ejemplo, deja de desayunar con tus compañeros, y hazlo de vez en cuando con tus compañeras, tendrás otra visión de las cosas, esa que te falta. No pienses que no pintas nada, o que solo hablamos de trapitos, colegios, y cotilleos. No nos humilles. Abstente por unos días de darnos tú opinión sobre política, fútbol (nosotras también entendemos), las cilindradas de tú moto, o poner cara de idiota cuando hablas de los caballos del coche que te vas a comprar.

4. Acepta la maternidad como una opción

Acepta la maternidad como una opción, que no se es ni más, ni menos mujer por no ser madre, o por tener una sexualidad distinta a la que tú piensas que debemos tener.

5. Recapacita sobre cuál es tu papel en las tareas del hogar

Se sincero, honesto, y recapacita qué sería de tú vida familiar, social y laboral, sin las mujeres, y cuál es tú participación real en las tareas del hogar. Memoriza y apunta los permisos, vacaciones, y reducciones de jornada que disfrutaste en el trabajo para atender necesidades familiares, o las veces que fuiste al colegio porque tus hijos se hicieron pis, y había que cambiarlos. Calcula el tiempo que cada semana dedicas a tu ocio personal. Recuerda quien se tomó todos los descansos por maternidad, haz un ejercicio de inteligencia, esa de la que tanto presumes, y evalúa tú carrera profesional, las subidas salariales, los ascensos y promociones, y la de tú pareja.

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La risa subalterna de las bertsolaris

Publicado el 5 noviembre 2018 en General |

 

Uxue Alberdi y Maialen Lujanbio escuchan el tema tema que les va a proponer la conductora. / Foto: Xenpelar Dokumentazio Zentroa.

Uxue Alberdi Estibaritz. Pikara Magazine

Las mujeres han logrado amoldarse al bertsolarismo (el arte de cantar en verso en euskara de manera improvisada siguiendo unas reglas de rima y métricas concretas), que cuenta con un estructura predefinida por hombres y para hombres.

Apenas han pasado cuatro décadas desde que las mujeres bertsolaris de la era moderna empezaron a improvisar en espacios públicos. Antes, los bertsolaris eran hombres que improvisaban para hombres, a menudo en espacios vetados para las mujeres (bares, sidrerías, sociedades gastronómicas…). Pero, en el ámbito privado, las mujeres han improvisado desde tiempos inmemoriales y han sido las grandes transmisoras del bertsolarismo. Incluso cantaban en público. El Fuero Nuevo de Vizcaya (1526) recoge menciones directas a las mujeres improvisadoras del Señorío: Título 8. Ley 1. “[…] y sobre mujeres, que son conocidas por desvergonzadas, y revolvedoras de vecindades, y ponen coplas, y cantares a manera de libelo infamatorio (que el Fuero llama profazadas).” Es esta ley del año 1452 la primera noticia escrita que tenemos de las antiguas improvisadoras, y es justamente una prohibición —“bajo multa de mil maravedíes”— la que manifiesta su existencia.

Para quien no conozca el bertsolarismo (bertsolaritza en euskera) quizás convendría aclarar que se da ese nombre al arte de cantar en verso de manera improvisada en forma conversacional o discursiva siguiendo unas reglas de rima y métrica concretas. A pesar de la diversidad de públicos, temas, registros y contextos (campeonatos, festivales, actuaciones de sobremesa, jornadas feministas, ferias del ganado, actos reivindicativos, etc.), el humor siempre ha tenido gran relevancia en él y goza de una larga y masculina tradición.

Así lo asevera la periodista y bertsolari Estitxu Eizagirre: “El bertsolarismo ha sido, y en gran medida es aún, una práctica estructurada por hombres y a la manera de los hombres”, según sus necesidades, posibilidades, intereses y costumbres. Las mujeres han sabido amoldarse a esa estructura predefinida y han conseguido, a veces, incluso sobresalir y destacar por su talento (como es el caso de Maialen Lujanbio, ganadora del campeonato de Euskal Herria en 2009). Pero jugar en campo ajeno tiene sus consecuencias. Hoy las mujeres bertsolaris rondamos el 20% del total, cifra que varía según el contexto y el formato de actuación.

El corsé de la mujer correcta

El bertso improvisado siempre es efímero. Precisa de ideas breves y concisas que el público en general pueda captar al instante, un código unificado fácil de comprender: imaginarios comunes y referencias compartidas, sean culturales, humorísticas, sociales, temáticas, lingüísticas o visuales, que tejan lazos entre quienes improvisan y el público. En ese sentido, tiene mucho en común con un chiste o un comentario ocurrente: si precisa aclaraciones, es señal de que no ha funcionado.

Ese lenguaje común, ese hilo conductor, ese puente, es diferente en la ciudad o en el campo, entre la gente joven y la gente mayor… Pero resulta que el código asumido, con significados unificados de forma colectiva, ha sido conformado exclusivamente por hombres y compartido, consumido e interiorizado por todo el mundo, hasta el punto de considerarlo neutro y universal.

Es preciso recordar que dicho código implica además el plano corporal: comportamiento, movimiento y escenificación que también deben comprenderse y aceptarse al instante. Recordemos a Arantzazu Loidi, una de las primeras bertsolaris que se aventuró a cantar en plaza pública en los años 80 del siglo XX y cuya voz, fina y aguda, no encajaba con el estilo y la corporeidad exigidos entonces.

“A LA MUJER BERTSOLARI SE LE HA EXIGIDO MANTENER CUALIDADES CONSIDERADAS MASCULINAS”

A la mujer bertsolari se le ha exigido mantener cualidades consideradas masculinas (“arranque para responder, seguridad, contundencia, cierta desfachatez…”, enumera Lujanbio) sin perder la “sagrada feminidad” y, por consiguiente, ejercer con mesura y moderación: ser pícara sin llegar a ser desvergonzada; ser seductora sin llegar a parecer puta; ser firme sin mostrarse arrogante; ser agradable, pero no dulzona; alegre, pero no casquivana; crítica, pero no demasiado transgresora; con carácter, pero no colérica; contundente, pero no basta; graciosa, pero no frívola. Ese juez inquisitorio externo o interiorizado que delimita los márgenes de la “mujer correcta” estrangula sin remedio la risa, ya que es casi imposible reírse con un corsé tan prieto.

Temario común androcéntrico

Esta reflexión nos lleva a pensar sobre el canon presente: ¿qué es hoy un o una “bertsolari normal”? Vendría a tipificarse como hombre (guipuzcoano, joven, heterosexual, independentista, de estudios universitarios y de clase media), que canta en el estilo bertsolarístico “normal”, con una voz “normal”, que hace “humor normal” sobre “temas normales” desde un cuerpo “normal”. O sea, que lo “normal” es intercambiable por “masculino hegemónico”. En el reverso estarían el resto de las bertsolaris, estilos, voces, risas, cuerpos o temas subalternos. El código unificado y preestablecido va cambiando y “lo normal” se va redefiniendo cada día, pero la visión androcéntrica sigue siendo claramente dominante.

Es habitual y “humorísticamente eficaz” reírse de la calvicie masculina, pero tratar sobre la depilación femenina no resulta tan gracioso. Es frecuente referirse a la pulsión sexual masculina; sin embargo, la femenina es harina de otro costal. En los campeonatos de bertsolaris es tarea habitual que tengamos que dar continuación a un primer punto dado (se da un primer verso de una estrofa para que el o la bertsolari continúe improvisando hasta completarla) sobre caza, rugby, fútbol, baloncesto, etc., pero en raras ocasiones se nos proponen temas como el ganchillo, el punto cruz, el ballet, el yoga o las plantas medicinales. El temario común en el que el y la bertsolari se tienen que desenvolver es el relativo al espacio público, el que se expone en medios de comunicación o en bares. Y luego están los demás temas, temas de menor relevancia: las “cosas de mujeres” y de otros grupos subalternos que, en los márgenes invisibles, producen risas inaudibles.

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El Hombre nuevo

Publicado el 23 octubre 2018 en General, Los hombres ante la igualdad |

Durante los dos últimos siglos la filosofía feminista ha ido desmenuzando en sus teorías los métodos opresivos a los que han sido sometidas las mujeres a lo largo de la historia. Para el feminismo radical, a partir de la segunda ola, el problema iba más allá del sexismo institucionalizado expresado de forma directa en el ámbito legislativo, comprendía todo un mecanismo estructurado capaz de impregnar todas las capas de la vida.

Por ello, más allá de las respuestas legales exigidas por las feministas de la primera ola, comenzó a tomar valor el análisis de las relaciones de poder, el trato informal, el estudio de las desventajas de las mujeres respecto al hombre y el sistema sexo/género fuertemente enraizado en las sociedades patriarcales. La teoría feminista tomará el concepto “género” como eje fundamental para poder llegar a la raíz de la desigualdad sexual existente entre hombres y mujeres. El género parte de la idea de que lo “femenino” y lo “masculino” no son hechos pertenecientes a la naturaleza humana biológica, sino construcciones sociales y culturales vividas empíricamente y divididas simbólicamente que actúan de manera jerárquica provocando que las diferencias anatómicas formen la desemejanza sexual a través de lo que Seyla Benhabib denomina sistema género – sexo como reseña del ensayo sobre género de Rosa Cobo.

El filósofo francés François Poullain de La Barre publicó en 1671 ” La educación de las damas para la conducta del espíritu en las ciencias y las costumbres”, obra que suscitó una enorme polémica debido a sus pensamientos adelantados al discurso preponderante de la Ilustración al intentar mostrar que, a través de la educación, la desigualdad sexual podía ser combatida haciendo célebre la frase ” La mente no tiene sexo”. O lo que viene a ser lo mismo, el mítico ” No se nace mujer, se llega a serlo”  de la filósofa francesa Simone De Beauvoir.

También en la idea central de Poulain de la Barre podemos leer que la desigualdad social entre hombres y mujeres no es consecuencia de la desigualdad natural, sino que es “la propia desigualdad social y política la que produce teorías que postulan la inferioridad de la naturaleza femenina.”

Las teorías desarrolladas respecto al género de Simone De Beauvoir determinan que “ningún destino biológico, psíquico o económico define la figura que reviste en el seno de la sociedad la hembra humana; es el conjunto de la civilización el que elabora ese producto intermedio entre el macho y el castrado al que se califica de femenino. Únicamente la mediación de otro puede constituir a un individuo como un Otro.”

Simone De Beauvoir está afirmando que la posición social que ocupa la mujer como sujeto político es determinado por la asimetría producida en el reparto hegemónico de los roles de género hacia el constructo de lo “masculino”, “se trata de saber lo que la humanidad ha hecho con la hembra humana”. La mujeres llevan intentando desligarse de los estereotipos de género durante décadas, empiezan a ser conscientes de que los valores atribuidos al concepto de lo ” femenino” sitúa la condición de hembra humana en seria desventaja con el hombre socializado a través del constructo de lo ” masculino” propiciando de esta manera sociedades androcéntricas.

El hombre constituye el sujeto de referencia y las mujeres quedan invisibilizadas o excluidas, por lo que no es difícil entender el rechazo hacia aquellos varones cuyos comportamientos masculinizados consolidan el sistema género – sexo en su propio beneficio debido a los privilegios que supone. Alexandra Kolontai definía a la “mujer nueva” como un sujeto liberado no solo a través del trabajo, sino a través de su propia revolución. La revolución que necesitaban las mujeres era la revolución de la vida cotidiana, de las costumbres y, sobre todo, de las relaciones entre los sexos. Pero ¿Qué hay del hombre nuevo?

Es necesaria la participación activa de hombres que cuestionen los cambios de las masculinidades actuales y venideras, la sociedad contemporánea ya no admite comportamientos aceptados hace treinta años como masculinos, por lo que encontramos implícita una demanda transformadora que permita la adaptación total. Muchos hombres profeministas llevan años re-construyendo su propia masculinidad, rechazando la normativa impuesta alejándose así del rol establecido socialmente. A lo largo de la historia se ha ido plasmando el papel del hombre y la mujer a través del arte; desde la escultura, la pintura, la literatura hasta el cine.

El arte, como componente de la cultura, refleja en su concepción las bases económicas y sociales, y la transmisión de ideas y valores, inherentes a cualquier cultura humana a lo largo del espacio y el tiempo, por lo que a través de ellas podemos hacer una lectura clara del comportamiento entre sexos en el transcurso de la temporalidad humana.

El “hombre nuevo” tendrá que adaptarse a los tiempos, le tocará mirarse frente a su propio espejo y hacerse consciente de las desventajas y la pérdida de privilegios que supone el replanteamiento de su propio status quo establecido y aceptado por confortabilidad. Por poner solo uno ejemplo y hacer referencia a un campo artístico donde el papel de la masculinidad y la feminidad lo encontramos bastante definido, ese sería el cine. El otro día, sin pretenderlo, y sin que el argumento de la película tuviera que ver con esta temática, pude comprobar este aspecto acerca de la masculinidad de forma muy latente, pudiendo pasar fácilmente desapercibido si no estamos atentos.

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HOMBRES REVOLUCIONADOS

Publicado el 21 octubre 2018 en General, Los hombres ante la igualdad |

LAS HORAS .Cuaderno de bitácora de Octavio Salazar Benítez

Si el XX fue calificado como el siglo de las mujeres, no tengo duda de que el XXI merece ya el título de siglo del feminismo. No creo que haya una propuesta emancipadora tan ilusionante y global como la que reclama la superación de un orden, el patriarcal, y de la cultura en la que se apoya, y que no es otra que el machismo. Una propuesta, teórica y vindicativa, que justamente ahora nos interpela de manera singular a los hombres. Es decir, a esa mitad de la Humanidad que nunca antes estuvo tan desorientada y desubicada ante la imparable revolución de la otra mitad. Es innegable que la progresiva conquista de autonomía por parte de las mujeres está provocando en algunos hombres, me gustaría pensar que los menos, una actitud reaccionaria, la cual los lleva a situarse a la defensiva, celosos de sus privilegios y de un lugar que saben que ya nunca volverán a tener. De ahí que un machismo cada vez más beligerante, y amparado en fratrías de machos que se resisten a perder su hegemonía, esté tratando de ocupar el discurso público. Algunas redes sociales como twiter son buen ejemplo de ello, de la misma forma que ciertas proclamas de intelectuales varones ponen en evidencia el malestar de algunos al sentir que pierden el monopolio de los púlpitos. Esos que ahora irremediablemente tienen que empezar a compartir con voces y palabras de mujer.

Sin embargo, me gustaría pensar que una gran mayoría de hombres estamos dispuestos a llevar a cabo un ejercicio de autocrítica, que desenmascare los privilegios de los que seguimos gozando y que desvele nuestra complicidad, por acción u omisión, con el machismo. Sin este proceso de transformación masculina, que pasa por adquirir conciencia de género y por perderle el miedo al feminismo, mucho me temo que las conquistas de nuestras compañeras seguirán siendo parciales y frágiles. En este siglo, los hombres deberíamos pues hacer lo que no hemos hecho a lo largo de la historia, es decir, iniciar un proceso que suponga la renuncia a nuestra posición de comodidad. Ello implica superar un modelo de masculinidad hegemónica que nos educa para el poder, la violencia y el dominio. Que nos convierte, aunque en muchas ocasiones no seamos conscientes, en depredadores del otro y, sobre todo, de la otra. Un modelo que también genera costes para nosotros mismos, en cuanto que supone renunciar a la dimensión más humana de nuestro ser, que no es otra que la que nos reconcilia con nuestra vulnerabilidad.

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