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Concienciación, participación e implicación de los hombres en pro de la igualdad de mujeres y hombres

Gizonen Kontzientziazioa, partehartzea eta implikazioa emakume eta gizonen arteko berdintasunaren alde

“No a la guerra”. “Sí al acoso”.

Publicado el 16 enero 2018 en General, Violencia machista |

Miguel Lorente Acosta. Blog Autopsia.

Nadie, ni en Hollywood ni en Europa, dijo que se podía caer en una especie de buenismo ni de debilidad general por defender la paz frente a la guerra. Ninguno de los actores y actrices que en su día ocuparon las plateas y escenarios protestando contra la guerra de Irak se encontraron con manifiestos pidiéndoles “prudencia”, o hablando del riesgo de caer en una especie “ñoñería global” que restara intensidad y sentido a las relaciones internacionales.

Nadie duda de que hablar de la guerra es diferente a hablar de lanzar misiles de prueba, a comentar el diámetro del botón nuclear o a lanzar amenazas sobre el estallido de un posible enfrentamiento. Y tampoco nadie deduce que hablar contra la guerra se va a traducir en un abuso por parte de los pacifistas para denunciar “falsas guerras”por todas las esquinas del planeta.

Y tampoco se entiende que situaciones previas a las guerras, como cuando se produce algún ataque aislado, o se lleva a cabo un bloqueo comercial, o se invade parte de un territorio… forman parte de una estrategia de “negociación” de buen rollo, de esas que “ponen cantidad” y despiertan el interés en quien en un principio no lo tenía, hasta finalmente llegar a un encuentro maravilloso entre las dos partes. Todo lo contrario, cada una de esas acciones se ven como actos violentos necesarios para desarrollar y avanzar en una violencia más grave, y serán reprobados individualmente con independencia de que tras algunas de estas acciones pueda surgir un acuerdo y una buena relación comercial entre los países implicados.

Y no tiene sentido, porque no estamos hablando de “formas de relacionarse” en libertad e Igualdad, sino de agresiones y de guerra.

En cambio, cuando se habla de violencia sexual y de acoso, se plantea que de lo que se habla es de flirteo, y que no aceptar la violencia históricamente normalizada puede llegar a afectar a las relaciones hasta acabar en un “puritanismo sexual”.

Este planteamiento que, ¡oh casualidad!, una vez más surge de manera “espontánea” por parte de un grupo de mujeres que en todos estos años de acoso y violencia sexual no sólo no han sacado ningún manifiesto contra el machismo, sino que entre las firmantes hay quien ha apoyado a Roman Polansky tras reconocer la violación cometida sobre una menor, sólo tiene sentido si se dan por válidas dos premisas:

  1. La primera es situar los límites en el propio acosador, al entender que en una relación es normal la “insistencia” y el “exceso” intimidatorio y violento, siempre y cuando que quien lo lleve a cabo no lo vea así.
  2. La segunda es aceptar la idea de que las mujeres son “manipuladoras, perversas y poco inteligentes”, hasta el punto de no saber diferenciar una relación de una agresión, y de utilizar la situación para denunciar falsamente a los “pobres y bien intencionados hombres”.

Como se puede comprobar, ambos planteamientos son una trampa, pues, en definitiva, suponen aceptar lo que ya la cultura machista ha dicho que es normal bajo los mitos e ideas que llevan a entender que en un encuentro entre un hombre y una mujer, “no es sí tras la correspondiente insistencia”.

Todo está relacionado con una visión romántica del amor que acepta que la violencia forma parte de él, hasta el punto de plantearlo en frases como, “los celos son amor”, “quien bien te quiere te hará llorar”, “hay que aguantar y perdonar por amor”… Y esa misma visión romántica es la que lleva a presentar la guerra como un “acto de amor”: amor a la patria, a unas ideas o valores, a un modelo de sociedad, a la libertad… no como un instrumento de odio y poder de quienes pudiendo utilizar sus posiciones privilegiadas para negociar e influir, prefieren atacar, imponer y someter. Exactamente lo mismo que prefieren en las relaciones de pareja.

Todo forma parte del machismo omnipresente e invisible, por eso no es casualidad que esa misma cultura concluya que “en el amor y en la guerra todo vale”. Es justo lo que necesita para desarrollar sus estrategias.

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Interrogatorio a la virilidad

Publicado el 13 enero 2018 en General, Los hombres ante la igualdad |

 Ciro Morales Rodriguez en elsaltodiario.com

El hombre blanco, heterosexual y rico mira la realidad de los grupos oprimidos desde el poderoso burladero, y no estará viendo nada, porque para él no existe.

Hombres, hombres, y más hombres (cis*, entiéndase en todo el artículo). Se abren grietas y aparecemos hombres. Se oyen voces y son de hombres. Sonrisas seguras de hombres, perdones hipócritas de hombres. Carros tirados por imprescindibles espaldas, opiniones vertidas para rellenar un silencio incómodo y ajeno. Repúblicas proclamadas por hombres y Estados golpeando con hombres. Manos tendidas manchadas de autocomplacencia, lágrimas de incomprensión por falta de voluntad. Porque tenemos toda la iniciativa del mundo menos cuando se trata de rajarnos el traje masculino para ver de qué hilos está hecho, ¿acaso el rey se preocupa de dónde le llegan las monedas de oro?, ¿quién osa complicarse la vida cuando la comodidad es una gran compañera de viaje?

El hombre blanco, heterosexual y rico mira la realidad de los grupos oprimidos desde el poderoso burladero, y no estará viendo nada, porque para él no existe; su ignorancia es ceguera, y provoca placer. La experiencia que no es suya no le regala seguridad, ni un marco plausible de análisis.

Además de las gafas del marxismo, que nos complace y motiva porque nos iguala por arriba, existen otras igual de necesarias que son las del feminismo, pero estas nos fragilizan, nos igualan por abajo y nos dejan en una especie de limbo desconocido –para nosotros– por un tiempo indeterminado… el de la respiración.

No pretendo negar la diversidad, madre de todo lo bueno; masculinidades no hegemónicas han existido, hostigadas, toda la vida; pero tampoco negaré el mínimo común denominador que nos ha generado como vara de medir de toda experiencia sensible. Saltarán quejas que alegan opresiones personales, intersecciones varias que inferiorizan… porque no todos cabemos en ese modelo blanco, heterosexual y rico. Pero de momento las tildaré de escudo fraudulento, de tapón de oídos, de intento desesperado que no quiere captar el protagonismo en la dominación sexual.

Se nos hará grande el reto, porque no estamos acostumbrados a la lucha contra uno mismo; nos ahogaremos y querremos tirar la toalla, porque el insight patriarcal no es grato, ni fácil ni beneficioso para nosotros. Pero entonces no podremos hablar de mundos nuevos en nuestros corazones, ni de comunidades, repúblicas o alianzas feministas; y sí de mantenimiento del Poder.

A los hombres no nos gustan las preguntas, nos es más fácil movernos entre certezas. Ante cualquier duda, sentenciamos… no hay posibilidad de vacilar porque se resquebrajaría nuestro molde bien acabado. De esta manera, si pretendo ir abordando y deshilachando nuestra masculinidad en las siguientes colaboraciones, qué mejor forma que una ristra larga de interrogaciones, para que nos vayamos haciendo el cuerpo… a ver si así nos moldeamos a la plasticidad y abandonamos la rigidez que tanto nos caracteriza.

Sin embargo, cuidado con las trampas al solitario, porque, como bien apunta uno de mis referentes principales en esto de la masculinidad, Jokin Azpiazu en Masculinidades y Feminismo (Virus, 2017) (¿Veis? Un hombre que cita a otro hombre), no se trata de ir poniendo el foco en la manera amable y no normativa de ser hombres –que también–, sino de alumbrar con luces de neón –y purpurina– todas y cada una de las aplicaciones prácticas de nuestros privilegios (ya tardaba en aparecer el término estrella que tanto enerva a los guardianes de la modernidad).

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Esplotazioaren B aldea

Publicado el 11 enero 2018 en General |

 

Xabier Landabidea Urresti. doce miradas. blog

Egia esan behar dizuet: zalantza handiak ditut hau idazten ari naizelarik. Ez dakit gaiari buruz esateko zerbait dudan, eta izatekotan ere ezer esan beharko ote nukeen hemen eta orain. Gainera gero eta sarriago pentsatzen dut isildu eta entzuteko garaia bizi dugula; gehiegi idazten ari garela irakurtzen dugunerako, gehiegi hitzegiten dugula entzutera ausartzen garenerako, eta abar. Zer esanik ez gizonezkook feminismoaz iritzia emateari buruz ari bagara.

Zalantzak hor jarraitzen du, baina gonbidatu egin nautenez (mila esker, Lorena) ausartu egingo naiz ditudan zalantza intimo batzuk ordenatu eta zuekin konpartitzera, gizarte patriarkal honen gizonezkoon bizipenak kapital feministaren parte direnaren hipotesiaeta horrek sortzen dizkidan ezbai batzuk mahai gainera ekartzeko.

Pernandoren egia batekin hasi nahi nuke: arras esperientzia diferentea da goikoena eta behekoena, dominatzailearena eta dominatuarena, esplotatuarena eta esplotatzailearena, baina biek dute esplotazioaren esperientzia.

Gizarte honek emakumeak mila eratara esplotatzen ditu. Har dezagun lan mundua, adibidez: gutxiago kobratzen dute lan bera egiteagatik, lan asko inolako diru-saririk gabe egitera behartzen ditu, goi mailako erabaki esparruetatik kanpo kokatzen ditu… Baina, nire ustez garrantzitsuena ez da zenbat esplotazio ezberdin eragiten duen, baizik eta gizarte patriarkalak guzti hau naturala dela esaten digula. Despolitizatu, desproblematizatu egiten du, esan behar ez den “gauzak horrela dira” ilun, oker, bihurri baina boteretsu horrekin.

Nik horrela irudikatzen dut patriarkatua: “gauzak horrela dira” errepikatzen duen mantra oro-ahaltsu bat, forma ezberdinak hartu ditzakeena, moldatzen dakiena, ikasten duena, beti ere “gauzak horrela dira” hori ezartzeko. Ordena biolento, hiltzaile, zapaltzaile baina ikusezin horrek amorratzen nau gehien. Gela erdian dugun elefanteak.

Gizonezkoon patriarkatuaren esperientzia feminismoen kapital politikoaren parte dela proposatzen dut ez emakumeon ikuspegia ordezkatzeko ahaleginik legitimatzeko, baizik eta gela erdian dugun elefantea ikusgarriago, bisibleago egin dezakeela uste dudalako. Gizonezkoon genero bereizkeriaren eguneroko esperientziak uste baino gehiago dira eta emakumeen esperientziaren B alde bat eskaini dezakete, gizarte ordenaren irakurketa osagarriak, patriarkatuaren helduleku gehiago eskainiz. Agian.

Esplotazio sistema honek, gizarte patriarkal honek gizonok emakumeen gainetik jartzen gaitu, eta pribilegio konkretuak eskaintzen dizkigu, baina horrek ez du esan nahi sistema horrek on egiten digunik. Mesede bai, baina onik ez. Alderantziz, estrukturalki bortxatzen, hiltzen eta lansaririk gabeko zaintza lanetara nahitaez kondenatzen ez gaituen arren, nire iritziz patriarkatuak mutilok ere mutilatzen gaitu binarismo sexual batean oinarritutako genero rolen banaketa bidegabe horrekin.

Nire genitalen konfigurazioan oinarrituta gizarte honek erakutsi dit, adibidez, harreman sexual asko izatea (eta lagunei kontatzea) ona dela, azkenetarikoa izango naizela bai amomari ipurdia garbitzen zein familiara jaio berria eskuetan hartzen, ezin dudala lasai negarrik egin (ezta, 36 urtetara iritsita, bakarrik egonda ere), ospea intimitatea baino inportanteagoa dela, edo nor-ago naizela bizitza publikoan bizitza pribatuan baino. Zenbat eta zenbat gauza, naturaltzat eman ditugunak, natural egin ditugunak, “gauzak horrela dira” amaigabe eta zentzugabe horretan.

Uste dut -uste dudalako susmoa dut- zuriak, gazteak, lanpostudunak eta heterosexualak izan arren, orduan ere, patriarkatua gure haragian sentitzen dugula gizonok, ahazten, pasatzen uzten ikasi dugun arren. Pribilegiodunak izanda ere sentitzen ditugula ordena patriarkalaren haginak gure okelan. Edo ez ditugula sentitzen, naturaltzat dauzkagulako. hor izan ditugulako hasieratik… gabezia horiek gure abiapuntuak bailiran hartzen ditugulako. Naturalki.

Eta noski, horrek ez du esan nahi emakumeak esplotatzeari uzten diogunik. Bizardun batek aspaldi utzi zuen idatzita langilerik zapalduenak ere emaztea zapal dezakeela. Esplotatzaileak gara. Zuek esplotatzen jarraitzen dugu, jarraituko dugu egunero eta orduro. Baina aldi berean esplotazio sistema horren biktima ere bagara, borrero izateak horixe bihurtzen baikaitu: borrero.

Finean esan nahi dudana zera da: gizartearen, ezagutzaren, boterearen konpartimentalizazio genitalak denok zauritzen gaituela. Gu ere zapaltzen gaitu bereizkeria sexualak. Zuek zapaltzen zaituztegunero (hau da, uneoro) zapaltzen gaitu. Eta zapalketa bikoitz (eragindako eta jasandako) horren mina ez dugu adierazten ikasi, prezisoki sistema honek perpetuatzen duen “gauzak horrela dira” horren katekesian heziak izan garelako, ordena sinboliko horretan hartu dugulako gizon forma.

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Examinamos la relación entre masculinidad y salud mental

Publicado el 7 enero 2018 en General |

Imagen. Isabella Cotier

Por Dulcie Menzie traducido por Eva Cañada 

Este artículo fue publicado originalmente en i-D UK.

Desde que mi padre se suicidó el año pasado, he estado pensando mucho en la masculinidad y me siento personalmente agradecida por cada una de las personas que están alzando la voz y sincerándose acerca de su vulnerabilidad, desafiando nuestras claustrofóbicas nociones de género e incluso replanteándose sus tareas diarias en casa.

Afortunadamente, vivimos en una época en la que cuestionarse las anticuadas ideas sobre la masculinidad es un imperativo. Sin embargo, debemos tener cuidado para no pasar por alto mencionar que el género todavía nos tiene agarrados por el cuello.

Mi padre pasó a formar parte de lo que el British Columbia Medical Journal ha bautizado como “epidemia silenciosa” de suicidios masculinos. No se puede hacer suficiente hincapié en la importancia de este problema. CALM, una asociación benéfica dedicada a prevenir el suicidio masculino, afirma que esta es la principal causa de muerte entre los hombres de menos de 45 años.

Pero, como sucede con todas las estadísticas, estas cifras nos parecen ajenas: los números no comunican que, a menudo, estas muertes se llevan a hombres sin historial previo conocido de enfermedades mentales, dentro de familias que nunca lo vieron venir.

La muerte de mi padre me ha hecho darme cuenta de lo intratable y persuasiva que es en realidad lo que CALM denomina “la barrera cultural que impide que los hombres busquen ayuda”. Incluso en nuestra bulliciosa, abierta y expresiva familia, mi padre fue incapaz de encontrar un modo de comunicar lo que estaba sucediendo dentro de su cabeza.

Lo repentino de tantos de estos suicidios indica una parte clave del problema. Sin que nosotros nos diéramos cuenta, mi padre estaba encerrado dentro de una masculinidad que solo tiene dos opciones: ser un hombre o ser un fracaso. Este hombre debe ser “fuerte” hasta que se rompe, un reino donde la violencia o el suicidio se vuelven posibles. Necesitamos una masculinidad que sea flexible, resiliente, porosa… Incluso permeable.

Quiero formular una pregunta, que espero que pueda ayudar a que empecemos a avanzar hacia este tipo de mentalidad evitando caer en la trampa de autofelicitarnos por nuestro progresista enfoque del género. Mediante la exposición I’M FINE, comisariada por Max Hayter y Sophia Compton, hemos preguntado a 50 artistas qué aspecto tendría una masculinidad que animara de forma activa a los hombres a mostrar su vulnerabilidad.

Merece la pena, por un momento, ahondar en la historia personal de mi padre. Mi abuela paterna falleció de cáncer cuando él tenía 16 años. Sus desolado padre se suicidó unos años más tarde, otro nombre que añadir a la larga lista de hombres cuyas vidas han terminado de este modo.

A mi padre jamás se le animó a que profundizara en las complejas emociones ―pérdida, rechazo, ira― que poblaban su corazón. Ni siquiera conmigo, años más tarde, fue capaz de hablar abiertamente sobre la muerte de su padre como un suicidio: el tema siempre se resumía con la frase “el abuelo murió porque tenía el corazón roto”.

Esto me ha hecho ser íntimamente consciente del poder de las palabras. Puede que suene trivial, o incluso algo pedante, pero los términos individuales que utilizo para hablar sobre la muerte de mi padre son importantes.

Me han brindado la oportunidad de aceptar y en cierto modo tomar posesión de su pérdida: elijo qué elementos deseo registrar. He llegado a estar en desacuerdo con la idea de que mi padre “cometió” algo (un crimen, que es lo que implica la palabra) o que activamente “se quitó” la vida.

La primera vez que alguien siente un impulso suicida es la peor: si pueden superar eso, pueden recurrir a la certeza de su supervivencia cada vez que aparece un episodio. Así que he decidido no ver la muerte de mi padre como el inevitable final de su historia, porque las circunstancias podrían haber tomado un rumbo diferente aquel día.

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¿QUÉ NIÑOS, QUÉ HOMBRES, QUÉ JUEGOS, QUÉ JUGUETES?

Publicado el 4 enero 2018 en General, Los hombres ante la igualdad |

Redacción de Hombres Igualitarios | 20 Dic, 2017

SEXISMO EN LA ELECCIÓN DE JUGUETES

Afortunadamente, se extiende socialmente la inquietud, o al menos surge la pregunta, a la hora de elegir el juguete, de si estamos constriñendo la libertad de desarrollo personal por elegir el juguete según el sexo al que se supone que tradicionalmente ha sido adjudicado. Otra cosa es la decisión que finalmente tomemos, pero al menos nos cuestionamos cada vez más el supuesto orden de normalidad y naturalidad del asunto. Se reduce progresivamente el número de personas que dividen los juguetes por sexo (de niño o de niña), o al menos que lo dicen abiertamente y en público: “este juguete es de niñas y este juguete es de niños”. Sin embargo, en realidad, la elección final del juguete sigue siendo mayoritariamente sexista por múltiples razones: la publicidad, las creencias personales sobre el género y la falsa creencia que induce al miedo a la homosexualidad.

Cuando reflexionamos sobre estos temas hablamos de publicidad sexista o de actitudes personales sexistas, pero no de juguetes sexistas. Los juguetes nunca fueron en sí mismos sexistas. Lo sexista es su elección y su uso en función de la atribución a uno u otro sexo y, por lo tanto, los juguetes serán más o menos educativos, más o menos tecnológicos, más o menos violentos, más o menos divertidos, pero no más o menos sexistas. Los hacemos sexistas cuando los elegimos y fomentamos su uso en función de nuestras expectativas de adultos, de las intenciones de negocio de las compañías de juguetes y de las estrategias de publicidad.

El videojuego sí puede ser en sí mismo sexista, pero el videojuego no es un juguete, sino un juego. No es un juguete porque no cumple con la condición de poder ser usado de manera diversa en función del deseo de quien juega, de la imaginación o de la necesidad. El videojuego se utiliza para lo que se ha diseñado y el/la jugador/a muestra fundamentalmente sus habilidades pero no su imaginación. Y sin duda la mayoría de videojuegos son extremadamente sexistas por el rol de mujer que, aunque es activa, atrevida e incluso violenta en la mayoría de casos, es además hipersexualizada. Los personajes masculinos rara vez aparecen en roles de cuidado, amistad o afecto, sino en acciones violentas y practicando deportes tradicionalmente masculinos. Además su presencia es mayor que la de los personajes femeninos.

LA PUBLICIDAD

La manera en que la publicidad muestra los juguetes asociados a uno u otro sexo tiene sin duda una poderosa influencia, tanto en las personas adultas que compran como en las niñas y los niños que piden. Todos los estudios que analizan la publicidad del juguete desde la perspectiva de género siguen indicando sesgos sexistas evidentes y masivos. El realizado por EMAKUNDE (Instituto Vasco de la Mujer del Gobierno Vasco) en 2004 señalaba diferencias de presentación de los juguetes en función del sexo en multitud de indicadores tales como los colores, la acción de los personajes, el lugar y presencia preponderante de los personajes, el lenguaje, la escenografía, etc. Un estudio más reciente es el TFG realizado en 2014 por Miriam Santos Gracia de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Es cierto que en la publicidad van desapareciendo los sesgos más evidentes (como, por ejemplo, la separación de colores y de páginas por sexos en los catálogos), pero a nada que se profundice, aparecen otros factores sexistas inicialmente no tan fácilmente perceptibles y conscientes pero sí condicionantes. Pero es que, además de la diferenciación sexual bipolarizada en horizontal, es necesario desvelar la diferenciación en vertical, es decir la jerárquica y de valoración. La supuesta inversión o intercambio de roles de manera simétrica no es tal. Se observa cómo aparecen más niñas con juguetes y acciones (juegos) tradicionalmente masculinos (coches, balones, juegos tecnológicos) que niños con juguetes y juegos tradicionalmente femeninos (muñecas, maquillaje, vestuario). Esto no es más que la extensión de lo que ocurre en otros ámbitos de la vida como la educación, el deporte, la elección de profesiones, etc.

Otro ejemplo que pone luz en esto es la creciente valoración de la cocina y la consiguiente traslación a la publicidad de cocinas entre niñas y niños de forma más indiferenciada. Es decir, nos incorporamos los varones (niños o adultos), e incluso nos apropiamos de aquello que tiene reconocimiento social.

Emakunde publicó en 2009 una completa guía para familias y también el Instituto Andaluz de la Mujer publicó en 2013 otra interesante guía.

OBSTÁCULOS PARA EL CAMBIO

Las creencias personales de asignación de roles en función del sexo porque es lo “natural”, lo “normal” o lo “conveniente” para el buen orden social, son otro poderoso obstáculo para el cambio. No cumplir con la asignación de juguetes -y los consiguientes roles asociados- en función del sexo supone subvertir el orden de las cosas tal y como han venido siendo y por lo tanto una exposición a la desorientación e incomodidad, en el mejor de los casos, y un riesgo para la pérdida de privilegios masculinos. Esto que denominamos resistencia a la desorientación o incertidumbre se observa en los estudios empíricos en los que se ofrece a personas adultas interactuar con niños y niñas de menos de 2 años. Si no se les indica el sexo ni se ofrecen rasgos diferenciadores (como el color de ropa o pendientes) las personas adultas expresan sentirse incómodas por “no saber cómo interactuar con una criatura de la que desconocen el sexo”. La tolerancia a la incertidumbre y a la indiferenciación sexual facilita la superación de estereotipos y prejuicios y hace la elección del juguete más libre del cliché del sexo de nacimiento.

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2018 Berdintasunean

Publicado el 29 diciembre 2017 en General |

2017 amaitzear dago eta Gizonduzetik urtean zehar plazaratutako edukiak birpasatzeko memento ona da. Elkarrizketak galdu dituzu? Begirada bat eman: http://bit.ly/2Cmzvhc. Bloga kontsultatu nahi duzu? http://bit.ly/2CgwtgS..Laster ekintza-memoria eskegituko dugu. Orduan arte, Gizonok emakumeen eta gizonen arteko Berditasunaren alde inplikatzen jarraitzeko 2018a opa dizuegu.

Terminamos 2017 y es un buen momento para repasar los contenidos que a lo largo del año hemos divulgado desde Gizonduz. Te has perdido las entrevistas? Echa un vistazo: http://bit.ly/2BRJYjD.Quieres consultar el blog: http://bit.ly/2BRFDNi. Dentro de poco colgaremos la memoria de actividades. Hasta entonces os deseamos un 2018 en el que los hombres nos sigamos implicando a favor de la Igualdad de mujeres y hombres.

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“El patriarcado vive empalmado porque tiene un público muy fiel que aplaude y vitorea cada uno de sus actos”

Publicado el 28 diciembre 2017 en General, Los hombres ante la igualdad |

Entrevista a Roy Galán. Nuria Coronado. Publico

El escritor Roy Galán reclama que los hombres cedan sus privilegios, den un paso atrás y dejen de tratar a las mujeres como ciudadanas de segunda.

Hay escritores que solo escriben. Después están los que, como Roy Galán, hacen juegos malabares de palabras que se colocan entre el corazón y la conciencia. Su magia al poner negro sobre blanco es tal que lo que transmite y cuenta se toma cual medicina para recuperar o empoderar al ser que es humano que a veces se olvida de serlo.

Él, como los títulos de sus dos últimos libros es Irrepetible, es La ternura y con ambas cualidades reclama que los hombres cedan sus privilegios, den un paso atrás y dejen de tratar a las mujeres como ciudadanas de segunda.

Proclama la igualdad: “No porque hagamos a las mujeres un favor, sino porque ellas tienen derecho a estar como nosotros.Por eso resulta altamente ofensivo que, a veces, se sienten hombres a debatir sobre los cuerpos o sobre la voluntad de las mujeres. Porque si algo he aprendido de las mujeres es que no pueden (ni deben), ser definidas. Y menos por un hombre. Porque los hombres no podemos decidir qué quieren las mujeres ni qué son las mujeres. Los hombres tenemos que facilitar el espacio y el tiempo necesarios para que las mujeres se conviertan en lo que les dé la absoluta y real gana”.

¿El patriarcado está empalmado?

No es que el patriarcado esté empalmado, es que vive empalmado y además muestra su inmensa erección siempre que puede, sin pedir permiso, sin avisar, en cualquier parte, sin contar con nadie. Podríamos decir que el patriarcado es un exhibicionista, sí, que tiene un público muy fiel que aplaude y vitorea cada uno de sus actos. Esto no sería un problema si el patriarcado no se excitara con la desigualdad entre hombres y mujeres, pero es así como lo hace. Por suerte y gracias a todos los movimientos de lucha se está convirtiendo cada vez más al patriarcado en un impotente que, aunque quiera, no puede.

¿El poder y la historia (donde el hombre manda y gana) sigue siendo su Viagra?

Evidentemente el patriarcado necesita de estímulos para subsistir. Uno de ellos es ese pasado que le da la razón continuamente no porque la tenga sino porque nadie se la ha intentado arrebatar nunca. El poder ha estado siempre en manos de los hombres y son los hombres poderosos los que han escrito la historia. De esta manera se ha configurado una realidad en la que las mujeres, simplemente, no han existido, no han tenido relevancia.

Las voces de las mujeres y su sentir han quedado absolutamente silenciadas por lo que el imaginario colectivo (nuestros referentes), tiene una especie de nebulosa en lo que se refiere a la identificación y conocimiento de aquello que tiene que ver con lo femenino. Existen tantas realidades y amores como mentes en el planeta. Y si las mentes de las mujeres no han sido alumbradas entonces históricamente tenemos una carencia absoluta a la que debemos hacer frente. Es casi una cuestión de justicia, de amor propio, de restitución de todo aquello que no ha sido escuchado. El hombre ha dispuesto, y siempre que lo ha hecho ha sido para ganar, por eso los conflictos siempre se han resuelto a través de las guerras. Las guerras son un fracaso estrepitoso de la humanidad, la ausencia absoluta de empatía en los actos, la incapacidad de entendernos. Muy bien, ya sabemos qué ha pasado hasta este momento mientras los hombres han ostentado el poder. Sería interesante (y necesario) que empezáramos a ver qué pasa a medida que las mujeres van recuperando el lugar en el mundo que por derecho les corresponde.

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El machismo también daña a los hombres

Publicado el 21 diciembre 2017 en General, Los hombres ante la igualdad |

Ilustración: Rocío Cañero

¿Hace falta una nueva masculinidad?

Por Esteban Ordoñez Chillarón.

Una escena. Julián (pseudónimo), un niño de ocho años, llegó al entrenamiento de fútbol de su equipo. Revisó la bolsa de deporte y descubrió que había olvidado las zapatillas. Solo tenía los zapatos del uniforme. Se puso el chándal, se calzó los zapatos y salió al campo. Israel, un compañero, lo revisó, se rio y avisó a otro para que se fijara: «Míralo. ¿Es que eres mariquita, adónde vas así?».

Esos mismos zapatos los llevaba también Israel durante todo el día, pero su significado cambió en el momento en que terminaron las horas de clase y se enfundaron una vestimenta deportiva. El fútbol, como vehículo de identificación masculina, se toma como cosa seria y sirve para calibrar la pertenencia al grupo. Los grupos se sostienen marcando límites, castigando lo que se considera externo a él.

Julián duró poco tiempo en el equipo. Era sensible, le gustaba observar a los animales y dibujarlos. En cambio, había poca convicción en su acercamiento al fútbol —que era, en fin, acercarse a sentirse integrado—, tal vez porque le costaba soportar igual que otros niños ese marcaje continuo: se le hacía difícil adaptarse al lenguaje de confrontación con el que los niños se miden unos a otros. Quizás, Israel lo sabía y no fueron los zapatos el problema, sino notar algo que no podía verbalizar pero que le indicaba que había algo distinto en su compañero.

Cuando Julián llegó a casa y contó la historia, su madre lo consoló: «Pues la próxima vez enséñale el trozo de carne que te cuelga». Sin embargo, no se trataba del cuerpo, era otra cosa. Esta historia, ocurrida hace veinte años, es un ejemplo de cómo el machismo, aunque los privilegie, también causa sufrimiento en muchos hombres. Lo más probable es que la actuación de Israel no fuera más que un grito desesperado para no caer en esa fosa en la que caen los niños cuya masculinidad empieza a cuestionarse.

Esa vigilancia fantasmal moldea el machismo que subyuga a la mujer. Esa vigilancia no es cosa de niños. Se articula desde todos los ámbitos. A esto, como apunta el sociólogo José Vela, se le denomina «policía del género» y la ejercemos todos. «En el momento en que un chico se comporta de manera un poco afectiva ya hay una acusación que generalmente se va a materializar con una palabra: maricón. Muchas veces no nos damos cuenta de que maricón no significa homosexual, a ciertas edades no saben lo que es homosexual», explica.

Los niños, muchas veces, aprenden a relacionarse pegándose. Lo hacen como juego, pero, en el fondo, hay un punto de calibrar la amistad a partir de la fuerza física. La brusquedad y lo violento como unidad de medida de lo masculino.

La identidad masculina, argumenta Vela, se construye en términos negativos: atendiendo a qué no es ser un hombre. «Al no ser una identidad definida por sí misma, los hombres tienen que demostrar continuamente que lo son, no pueden relajar la masculinidad, y eso es agotador». Por eso, la homofobia y la misoginia «son dos pilares de construcción de lo masculino», se usan como verja electrificada entre el ser hombre y el no serlo.

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Políticas de igualdad dirigidas a hombres ¿Por qué son necesarias las políticas de igualdad para hombres?

Publicado el 19 diciembre 2017 en General, Los hombres ante la igualdad |

AHIGE

Para favorecer la construcción de una sociedad plenamente igualitaria. Este es el objetivo principal y último que se pretende conseguir.

El problema de la discriminación y el sexismo es multifactorial y hunde sus raíces en los anales de la historia. Es un problema complejo que implica cambios en todos los ámbitos de nuestra vida, personales y sociales, que hay que abordar de manera integral.

Será más rápido este proceso y mucho menos doloroso si conseguimos incorporar a los hombres (no olvidemos que significan la mitad de la población) a la idea de que la “plena igualdad de derechos y oportunidades” es una situación social deseable que aportará beneficios a todas las personas; mujeres y hombres.

No hay que olvidar la eficacia que, desde este planteamiento, obtendremos socialmente de los recursos que se empleen desde los poderes públicos para actuar directamente con los hombres.

Para ello necesitamos poder actuar directamente con medidas que contrarresten las “resistencias masculinas al cambio”, identificando cuáles son los valores, actitudes y situaciones que están dificultando la incorporación de la idea de igualdad y su práctica en la población masculina.

A la lista tradicional (sentido de superioridad, resistencia a la pérdida de privilegios y control, etc.) de los factores que producen las resistencias de los hombres a la plena igualdad, hay que añadir, desde el análisis de género, otros muchos elementos: los miedos, inseguridades, complejos de inferioridad, el control masculino ejercido por los otros hombres, la falta de referentes positivos o el mundo emocional masculino como consecuencia de la cultura machista…

Desde esta perspectiva, sin que se obvie en lo más mínimo la responsabilidad personal y colectiva de los hombres ante la discriminación que sufren las mujeres, se ve al hombre actual como producto de procesos de socialización de género milenarios que, al igual que ha ocurrido con las mujeres, han determinado su forma de ver el mundo y a sí mismos.

En este contexto, aparece también como necesaria la creación de valores sociales y referentes positivos de masculinidad, que sirvan de alternativa sólida y efectiva al tradicional modelo machista. Mientras no consigamos esto, millones de hombres se seguirán refugiando en las “fuerzas y seguridades” que le proporciona el machismo y la defensa contra el “excesivo” avance de las mujeres.

Por otra parte, se hace necesaria una referencia explícita al problema de la violencia machista que, en su origen último, es un síntoma de la dificultad o incapacidad de una parte de los hombres para adaptarse a nuevas relaciones en igualdad con las mujeres. El desarrollo de políticas específicas para hombres permitiría, por un lado, actuar concretamente contra los factores causantes de esta situación y, por otro lado, dinamitar el colchón social de silencio cómplice del que, en la actualidad, disfrutan los hombres maltratadotes.

Finalmente, debemos remarcar la necesidad de no convertir la necesidad de cambiar la identidad masculina tradicional en una obligación individual o con beneficios individuales. La transformación de los hombres y su incorporación al camino de la igualdad es un tema social y político: lo personal es político. No se trata de un cambio que ahora debamos hacer los hombres si queremos o si nos vemos con ánimos. Se trata de una obligación política y social porque tiene consecuencias sociales que no deben ser ignoradas. Por tanto, debe ser abordada de forma política y social. Tal como hemos dicho, no hacerlo tiene elevadísimos costes y nos convierte en cómplices de los mismos.

Principios de las políticas de igualdad dirigidas a hombres

– Su objetivo principal ha de ser la construcción de una sociedad plenamente igualitaria, con absoluto respeto a la libertad básica de todas las personas sin distinción de su sexo u orientación sexual. Deberán evitarse, cuidadosamente, aquellos mensajes y posicionamientos que fomenten la rivalidad de hombres contra mujeres y viceversa.

– Es posible incidir en el proceso social de cambio de la población masculina provocando un movimiento desde la actual situación de resistencias activas y pasivas al “avance de las mujeres”, hacia posiciones favorables a la igualdad.

– La intervención con hombres debe nutrirse de la teoría de género, base para analizar la actual respuesta de los hombres ante el cambio de las mujeres. Por tanto, debe incidir en estos factores y sus consecuencias.

– Perspectiva integral: favorecer procesos personales de cambio y también la generación de nuevos valores y relaciones sociales.

 

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