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Concienciación, participación e implicación de los hombres en pro de la igualdad de mujeres y hombres

Gizonen Kontzientziazioa, partehartzea eta implikazioa emakume eta gizonen arteko berdintasunaren alde

21 Octubre 2016: Décimo Aniversario hombres contra la violencia machista.

Publicado el 28 septiembre 2016 en General, Grupos de hombres, Los hombres ante la igualdad, Violencia machista |

Foro de Hombres por la Igualdad Sevilla

Siguiendo el llamamiento del Premio Nobel José Saramago, el Foro de hombres por la Igualdad convocó el 21 de octubre de 2006 una Manifestación de hombres contra la violencia machista que recorrió las calles de Sevilla. La iniciativa sirvió para visibilizar la creciente implicación en la lucha contra las violencias machistas de los hombres que estamos por la Igualdad. Fue la primera manifestación de este tipo de la que tenemos constancia y tuvo un gran impacto social y mediático. En 2011, el Congreso Iberoamericano de Masculinidades y Equidadcelebrado en Barcelona acordó la Agenda Común de los Hombres por la Igualdad; en esta Agenda se reconoce el 21 de octubre como fecha para convocar a los hombres de todo el Estado español contra estas violencias y movilizarlos para que participen en los actos del 25 de Noviembre, Día Internacional de la Erradicación de la Violencia Contra las Mujeres.

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Ahora se están sentando las bases de la sociedad de los próximos años. En 2015, la marcha del 7N contra las violencias machistas visibilizó a los feminismos como sujeto colectivo autónomo capaz de marcar la agenda política y electoral del Estado, y la presencia de hombres en estas movilizaciones es ya más que notable. Pero sigue habiendo demasiados sectores sociales, especialmente hombres, que cuestionan las denuncias contra las violencias machistas resistiéndose a ver los privilegios y las causas estructurales que las producen. Por eso seguimos necesitando una gran manifestación de hombres que, como proponía Saramago, denuncie que el Machismo es Violencia.

Con este objetivo volvemos a convocar una Manifestación de hombres contra las violencias machistas para el próximo viernes 21 de octubre en Sevilla. La Manifestación se enmarca en un programa más amplio que incluye unas Jornadas sobre “Hombres y violencias machistas” en la Universidad de Sevilla (con la colaboración de la Unidad para la Igualdad de la US) el jueves 20 de octubre, y un Encuentro sobre “El papel de los hombres por la igualdad en los Feminismos” el sábado 22 de octubre.

Esperamos contar en la Manifestación con todos los hombres y las mujeres que se animen a participar y pedimos a todas las entidades, grupos, colectivos y personas comprometidas con la Igualdad que se unan a nosotros, divulguen estos actos y nos ayuden a garantizar el éxito de la convocatoria.

#HombresPorLaIgualdad
@fhxi
forohombresigualdad@gmail.com

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Con el bañador hemos topado

Publicado el 23 septiembre 2016 en General, Violencia machista |

Brigitte Vasallo. Pikara magazine.

Una buena parte de los feminismos se han enmarañado en alimentar la serpiente con debates fuera de lugar sobre el mal llamado burkini, en vez de articularse con las compañeras agredidas. ¿Por qué hemos empleado tantas horas en analizar a las agredidas y a sus cuerpos? Voy a intentar explicar por qué el debate forma parte de la agresión misma.

La serpiente del verano son noticias que aparecen sobre dimensionadas en momentos de poca actividad periodística en los que aún es necesario llenar periódicos y magazines. Noticias que desaparecerán, como una tormenta cualquiera, al final del estío cuando las cuestiones “serias” retomen la actualidad.

Este año la serpiente ha sido especialmente venenosa pues ha puesto en el centro del chascarrillo internacional los cuerpos y las vidas de las compañeras musulmanas que utilizan para bañarse una prenda de cuerpo entero denominada, con muy poco acierto, “burkini”. A partir de la prohibición de usar dicha prenda por parte de algunos alcaldes conservadores franceses y la consecuente expulsión del espacio público de algunas mujeres, el ruido ensordecedor ha saltado a la escena.

A cada quien le duelen sus cosas, y a mí me duele el feminismo. Y en el Estado español, una buena parte de los feminismos se han enmarañado en alimentar la serpiente con debates fuera de lugar en vez de articularse con las compañeras agredidas. Tan preocupadas hemos estado en tomarle el pulso a “la cuestión” que la hemos perdido de vista totalmente y el debate feminista mayoritario no se ha centrado en la agresión ni en las libertades, sino en la prenda. La sempiterna obsesión por el velo. ¿Por qué nos ha costado tanto, en general, denunciar la agresión sin paliativos, sin peros, sin dudas? ¿Por qué hemos empleado tantas horas en analizar a las agredidas y a sus cuerpos? Voy a intentar explicar por qué el debate forma parte de la agresión misma.

La responsabilidad de la propia ignorancia

Aclarémoslo desde el principio: el denominado burkini es un hiyab, es la ropa que usan en la playa las compañeras que llevan velo en la calle. Todos los análisis sesudos e hiperventilados equiparando el nombre comercial burkini con un burka o un niqab son, simplemente, ridículos. Ya se sabe que a río revuelto ganancia de pescadores, así que cada quien ha usado la técnica del caos conceptual como mejor le ha venido. Y las feministas que tantas veces hemos reclamado a los hombres que se formen en feminismo, que tantas veces hemos dicho que no es responsabilidad nuestra educarlos, seguimos perdidas en cosas tan sencillas como distinguir un hiyab, un burka y un niqab, con toda la carga política que esas denominaciones conllevan, y con toda la confusión que genera nuestra ignorancia. No podemos saber de todo, cierto. Pero sí que podemos no opinar de cosas que ni siquiera hemos buscado en el diccionario.

¡A ver si ahora no podremos opinar!

Lo afirmo: en un contexto de desigualdad y violencia, las no-musulmanas no debemos seguir cuestionando las estrategias de las musulmanas para sobrevivir en esa desigualdad y violencia. Nadie nos está pidiendo la opinión, sino que estamos ejerciendo nuestro poder para exigir a las demás que se justifiquen ante nosotras, que nos pidan permiso para así poder decidir, regiamente, si lo otorgamos o no. Sin embargo, somos las primeras en reclamar a los hombres que se revisen los privilegios antes de opinar sobre las estrategias de las mujeres. ¿Cómo nos resuena cuando, ante una agresión machista, salen algunos hombres a cuestionar la ropa de las mujeres, que si la falda era muy corta o, por el contrario, que si con esas pintas es “normal” ser agredida? Pues echad cuentas a cómo resuenan nuestros debates sobre los cuerpos ajenos.

Afirmar que no debemos cuestionar, ni debatir sobre el velo y ni siquiera sobre el niqab, no es una cuestión de exquisitez activista, como diría Itziar Ziga. Al contrario, los debates forman parte de la violencia racista que ejercemos y, en este caso en concreto, creo que ha sido la verdadera agresión, más allá de la intervención real de la policía en las playas. Los debates en las redes, ensordecedores, han demostrado una vez más quién creemos que es el sujeto y quién el objeto, a qué voces no damos valor alguno, y a qué mujeres no reconocemos como mujeres, sino como puras sombras inertes de hombres manipuladores. Si el feminismo no nos ha enseñado que las mujeres somos sujetos de nuestras propias vidas y no solo apéndices, no entiendo qué nos ha enseñado.

El problema no es el velo: es el racismo

Uso el término “islamofobia de género” por haber sido acuñado y desarrollado por la feminista musulmana Jasmin Zine, entre otras. Un término, por lo tanto, que surge de la comunidad interpelada y que infinidad de mujeres musulmanas están utilizando para autoidentificar su opresión. Con él se apunta a la intersección entre la islamofobia y el machismo. La interseccionalidad, más nombrada que aplicada, surge del pensamiento del colectivo feminista negro y lesbiano Combahee River Collective para analizar de qué manera las opresiones no se suman simplemente, sino que interactúan entre ellas. Es decir: que la islamofobia de género no es por un lado machismo y por otro islamofobia, sino un eje de discriminación y violencia específico surgido del cruce entre ambos. No se puede analizar, por lo tanto, la situación de las mujeres musulmanas en Europa atendiendo solamente al machismo (o a una forma de machismo), porque están también en situación de violencia racista (la islamofobia es una forma de racismo, como han desarrollado ampliamente personas como Ángeles Ramirez o Ramón Grosfoguel, entre otras).

Las feministas blancas tampoco somos solo mujeres, también somos blancas. Como afirma Lucas Platero, todas las identidades son interseccionales, así que cuando analizamos el hiyab (o el bañador de cuerpo entero) no lo hacemos solamente como mujeres: también opera en el análisis el hecho de ser blancas (y entiendo aquí la palabra blanca como no-musulmana). Y ésta es la parte que no se ha tenido en cuenta en la mayoría de análisis. Y es, en mi opinión, la parte esencial, porque es la que apunta a la violencia que ejercemos nosotras y que podríamos parar al instante. Pero que no paramos.

La mirada sobre el hiyab de los feminismos blancos tiene paralelismos con la lucha por el aborto en Estados Unidos en los años 70, una lucha encabezada por blancas y que apenas encontró repercusión en las mujeres negras y portorriqueñas, según cuenta Angela Davis en Mujeres, Raza, Clase, y que eran, sin embargo, las que más sufrían abortos ilegales y, por lo tanto, debían ser las más interesadas en su legalización. La cuestión radicaba en que el feminismo blanco se centró en el derecho a abortar, mientras que las mujeres negras y portorriqueñas, que venían de una historia de esclavitud y de esterilizaciones forzosas, no reivindicaban el derecho a abortar, sino al control de la natalidad, cosa que incluía la resistencia a las prácticas eugenésicas.

En los feminismos hegemónicos nos llenamos la boca con las libertades, pero hacemos agua ante el primer bañador que nos cruzamos. Porque seguimos ancladas en la universalización de la propia experiencia, y una experiencia central en el feminismo blanco es la desnudez como práctica de libertad frente a un entorno que nos imponía taparnos. Pero ¿qué sucede cuando esa desnudez deviene imposición? Es más, ¿qué sucede cuando esa imposición conlleva una restricción identitaria? En el documental Al Nisa, algunas compañeras lesbianas y musulmanas explican que llevar hiyab es para ellas una forma tan importante de visibilidad como pasear de la mano con su novia.

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“Pensamos que la paternidad es una experiencia vital clave en la vida de cualquier hombre”.

Publicado el 15 septiembre 2016 en General, Grupos de hombres, Paternidad Igualitaria |

Rafa Pérez y Juanma Feito, impulsores de “Aitalaguna”

AITALAGUNA- ¿Quiénes sois? ¿De dónde surge esta iniciativa? ¿Quiénes colaboran en ella?

Somos Rafael Pérez y Juanma Triku Guerrero, miembros de dos asociaciones bilbaínas: Modulo de Asistencia Psico-social de Deusto-San Ignacio, y Piper Txuriak: grupo de hombres por la igualdad y contra el sexismo. En ambas asociaciones nos dedicamos a proponer y coordinar actividades de sensibilización y concienciación sobre la igualdad, y sobre una masculinidad sin violencia ni patriarcado. Enfocamos gran parte de nuestra labor a trabajar con hombres apoyándonos mutuamente para desmontar la masculinidad tradicional que coloniza nuestra manera de pensar, sentir y de actuar. Por ello que el contexto por el que se nos conoce socialmente sea “igualdad y nuevas masculinidades”. Las instituciones siempre apoyan nuestras iniciativas, y en este caso, contamos con el apoyo y la financiación de Emakunde y de la Diputación Foral de Bizkaia.

Aitalaguna ha sido el fruto de un sueño que no guardamos en un cajón, sino que creímos en su poder e importancia, a la vez que creímos en nuestra capacidad de ponerlo en marcha. El proceso duró dos años, pues en el camino apareció la frustración, la confusión, el desánimo, el miedo a lo desconocido. Algo clave fue pedir ayuda, y la recibimos por parte de algunas personas. Finalmente Ritxar Bacete aceptó el encargo, aportando su ilusión, su experiencia, su bagaje, su generosidad, y su tiempo.

AITALAGUNA- Sin pensarlo mucho…¿Qué significa para vosotros Aitalaguna?

Pensamos que la paternidad es una experiencia vital clave en la vida de cualquier hombre, pues con ella profundas y determinantes partes de tu construcción masculina de género se cuestionan o aparecen como algo a resolver. De esta reflexión (y pensándolo un poco) nos surgen algunas cuestiones que nos parecen fundamentales:

Cuánta importancia das a la relación con otra persona y a cuidarla…en qué punto sitúas esta actividad en tu escala de prioridades comparándola con las otras actividades que hasta el momento han ocupado un lugar principal en tu vida.

Cuánta importancia das a la intimidad, cercanía y amor con otra persona, es decir, se cuestiona cuánto de preparado estás para gestionar y entender una relación comprometida con otro ser humano; qué sentimientos te surgen de una manera notoria ante tal vivencia…tu habilidad para gestionar tu mundo emocional se cuestiona.

Estas y otras muchas cuestiones son las que trata de enfrentar Aitalaguna, para entre todos aportar aprendizajes y herramientas, para no dejar solo a los hombres ante una experiencia para la que no está entrenado, preparado, ni cognitiva ni emocionalmente. Crianza, cuidado, reparto igualitario de responsabilidades…nada de eso es una pieza del programa masculino que todos nos hemos visto obligados a aceptar.

AITALAGUNA- ¿En qué consiste esta iniciativa?

Aitalaguna es un espacio solidario, acogedor, de empatía, de apoyo…

Es un intercambio solidario de vivencias, sentimientos, pensamientos, teorías entre un grupo de personas (en su mayoría hombres) interesadas en un tema común: la crianza, tocando todos los aspectos que ello conlleva. Es un proceso de transformación y aprendizaje, en lo personal, pero conscientes de que en el camino transformamos lo común-social.

Es un intento de ir más allá de límites, costumbres, creencias, supersticiones, dogmas, normas, imposiciones o falsedades en uno de los temas más importantes y valiosos existentes en este Universo: nuestro nacimiento, crianza y desarrollo como seres humanos. Un espacio basado en la sinceridad para pensar con amplitud y valentía sobre lo que nos ocurre a nivel psicológico-emocional-físico-cognitivo durante el tiempo que estamos dedicados a la crianza o nos planteamos dedicarnos a ello.

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Minoría de hombres, minoría de mujeres

Publicado el 13 septiembre 2016 en General, Los hombres ante la igualdad, Violencia machista |

Miguel Lorente 13 septiembre blog Autopsia.

Una minoría de hombres, aquellos que maltratan y matan a las mujeres, son argumento para que el resto de los hombres no haga nada contra la violencia de género bajo la idea de que la mayoría de los hombres no son maltratadores y, de ese modo, dejar el problema social reducido a una cuestión de “unos pocos”. En cambio, una minoría aún más baja de mujeres, aquellas que agreden a hombres en las relaciones de pareja o denuncian una violencia que no ha existido (0’014%, según FGE), sí sirve de argumento para cuestionar toda la realidad de la violencia de género y sus consecuencias. Unas consecuencias tan objetivas que suponen que el 30% de las mujeres sufran violencia por parte de sus parejas o exparejas (OMS, 2013), y que cada año unas 50.000 mujeres sean asesinadas por hombres en el seno de esas relaciones de pareja (Naciones Unidas, 2013); cifras que implican que cada 10 minutos una mujer es asesinada por violencia de género, o lo que es lo mismo, que cada 10 minutos un hombre asesina a la mujer con la que comparte o ha compartido una relación de pareja.

Al final dos interpretaciones opuestas llevan a un mismo resultado bajo la voz del machismo: una minoría de hombres y una minoría de mujeres coinciden como razón para no hacer nada contra la violencia de género.

Que la mayoría de los hombres no sean narcotraficantes, mafiosos o terroristas, en cambio, no es argumento para que no se luche contra el narcotráfico, las mafias o el terrorismo, ni para que los hombres muestren su rechazo a esas violencias que llevan a cabo “unos pocos” y pidan más medidas y recursos para combatirlas.

La pasividad de los hombres y la distancia que toman frente a la violencia de género y la desigualdad bajo el revestimiento de una aparente neutralidad, es una de las partes esenciales del problema, porque, además, es la misma neutralidad y distancia que adoptan la mayoría de las instituciones al estar dirigidas o presididas por hombres; unos hombres que son machistas de nacimiento, de palabra, obra u omisión.

No se puede no ser machista sin haber dejado de serlo, puesto que la identidad masculina y la socialización de los hombres se hace a partir de las referencias que la cultura de la desigualdad, es decir, el machismo, ha puesto a su alcance para que además de ser hombres desde el punto de vista biológico, lleguen a serlo desde el punto de vista social y cultural. Nadie deja de ser machista sólo por enunciarlo, lo mismo que no se es médico, abogado o jugador de fútbol por decirlo. Para logar esos objetivos en el ser y en el no ser hay que adquirir el conocimiento, la experiencia y las referencias que caracterizan y definen cada uno de esos estados. Y para no ser machista los hombres tienen que desprenderse de todas aquellas ideas, valores, creencias, mitos, prejuicios, valores… que constituyen la identidad masculina, y que se manifiestan en multitud de ocasiones y circunstancias que el propio machismo ha considerado normales, para que de ese modo continúen reforzando la desigualdad que da privilegios a los hombres sin levantar crítica alguna; más bien lo contrario, los reivindican como hombres al ser reconocidos como tales en las conductas. Es una normalidad que sólo se cuestiona desde la distancia, cuando ya es tarde y ha sido sustituida por otros mensajes que no levantan crítica, pero siguen reforzando al machismo. Un ejemplo cercano de esta situación lo tenemos en los sketch de humor o en los anuncios de televisión de hace unos años, que ahora nos parecen “machistas” cuando por aquel entonces nos parecían “normales” y hasta graciosos. Y a pesar de esta experiencia, en el momento actual ocurre una situación similar, y ahora encontramos elementos propios del machismo en diferentes ámbitos que sólo son criticados por quienes se acercan a ellos con una perspectiva de género, pero dentro de unos años la mayoría que ahora calla rechazará como expresión del machismo.

Y todo ello ocurre porque la “minoría” de mujeres feministas y la “aún mayor minoría” de los hombres que trabajan por la Igualdad, van concienciando a la sociedad ante la pasividad y neutralidad de la mayoría de los hombres. Pero también ante su silencio frente a los hombres que directamente toman la palabra para continuar alimentando el odio hacia las mujeres al responsabilizarlas de todos los males, presentándolas “en mayoría” como autoras de un delito de denuncias falsas para dañar a los hombres, o como responsables de los suicidios de los masculinos. Todo es poco para esos hombres con tal de que el odio hacia las mujeres siga siendo mucho.

Esa es la miseria del posmachismo, jugar con las circunstancias creadas por el propio machismo para que la pasividad y distancia al problema de la violencia de género haga que todo siga igual, es decir, con violencia y asesinatos hacia las mujeres. Para el machismo lo único que importa es mantener los privilegios que, eso sí, disfrutan la mayoría de los hombres, tanto los maltratadores como los que dicen ser neutrales.

Los machistas actúan en nombre de todos los hombres, si quienes no comparten esas posiciones y conductas no se desmarcan de ellos y los critican, continuarán con los argumentos de ahora y la violencia de siempre. Y lo seguirán haciendo en nombre de todos los hombres, no en el de cada uno de los maltratadores.

No hay neutralidad frente a la violencia de género, o se hace algo para acabar con ella o se está haciendo para que continúe.

* El 21 de octubre se celebra en Sevilla una marcha de los grupos de “Hombres por la Igualdad”, y se conmemora el décimo aniversario de aquella primera manifestación en la que muchos hombres abandonaron el silencio y la pasividad, para trabajar y comprometerse con la Igualdad y contra las imposiciones del machismo. Os esperamos.

 

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Consejos prácticos para ser un hombre aliado del feminismo

Publicado el 8 septiembre 2016 en General, Los hombres ante la igualdad |

THINK PIECES Catalina Ruiz-Navarro 10 agosto 2016

Hay muchas discusiones sobre si los hombres pueden o no ser feministas, algunas son teóricas, algunas son críticas a la manera en que algunos hombres cooptan el feminismo. Sin embargo, también hay muchos hombres que creen en la igualdad de género, tienen la mejor intención y de verdad quieren ayudar. Algunos me han dicho que no saben qué pueden hacer ellos por el feminismo y la primera respuesta es que yo no se los puedo enseñar, ni estoy obligada a darles una clase de feminismo ni puedo decirles cómo vivir sus vidas como hombres. No me corresponde. Sin embargo sí puedo hablar de cosas concretas que, como mujer y como feminista, sé que pueden ayudarnos a que nuestras vidas sean más fáciles. Simplemente son ejemplos puntuales y prácticos basados en mis interacciones con el paradigmático “hombre cisgénero heterosexual blanco o mestizo de clase media o alta y educado”, que para efectos de brevedad en este texto llamaremos “Man”. Con M mayúscula porque es un modelo arquetípico. Quizás no todas estas categorías les aplican, pero sí son las características que determinan a la masculinidad paradigmática y el privilegio en nuestra sociedad.

Así que a continuación les presento 13 cosas que pueden hacer por la igualdad de género. No son las únicas, son apenas las que a mí me parecen importantes para comenzar. Algunas no les van a gustar porque pueden sentirse incómodos, eso está bien. El feminismo es incómodo, si le van a entrar, acostúmbrese. No están obligados a hacerlas, no son mandamientos. Ni trucos para levantar. Tampoco van a recibir una estrellita. Pues no son pedidos caprichosos sino gestos puntuales de cómo usar sus privilegios para hacer más fácil y justa la vida de los demás.

Más de i-D: ¿Por qué necesitamos ser radicales con el feminismo?

1.Reconocer su privilegio
No, que nos dejen entrar gratis al bar no es un privilegio. Ustedes lo saben, nos van a dar trago gratis para emborracharnos y que seamos “presa fácil” de algún muchacho que quiere sexo sin esforzarse. No existe tal cosa como el privilegio de ser mujer, ser mujer es nacer con muchas desventajas que quizás los Manes no pueden entender porque para sus vidas privilegiadas son inimaginables. Los Manes no tienen que pensar en qué ponerse antes de salir de la casa para estar seguros, seguramente van a ganar más por hacer el mismo trabajo que una mujer y toda la vida la sociedad lleva aplaudiéndoles que sean líderes y escuchan sus ideas. Por eso hay un mug feminista que dice “Quisiera tener la seguridad de un hombre blanco mediocre”. A diferencia de las personas trans, nadie les pregunta a los Manes si ese es su verdadero nombre o si su género es el correcto. Tampoco hay leyes que les prohiban una intervención médica que pueda ser necesaria para salvar sus vidas, como la interrupción del embarazo.

Manes: el mundo es suyo, las calles, los horarios laborales, la política, todo está hecho para sus cuerpos y muchos de estos privilegios son irrenunciables. Lo mínimo que pueden hacer es reconocerlo. Porque reconociendo su privilegio pueden usarlo para abrirle espacios a otras personas que no lo tienen.

2. Abstenerse de manxplicar
Ya sé que muchos de ustedes ofrecen su conocimiento sobre las cosas con la mejor de las intenciones. Nunca sobra la información para que algo quede mejor. El problema es que esta idea de que otras personas necesitan que ustedes les expliquen algo parte de una sensación de superioridad, están diciendo: “yo sé más que tú” o “tú no sabes”. Y quizás algunos de ustedes creen que son condescendientes con todo el mundo “por igual” (literal hay tipos que me han dicho esto, ufanándose de ser unos cretinos). Pero resulta que no, los grupos que tienen más poder tienden a pendejear a los grupos con menos poder. Así, los blancos le explican a los negros y a los indígenas (de hecho en muchos de nuestros países latinoamericanos “indio” es una palabra que se usa como insulto, equiparada con “ignorancia”), y los hombres les explican a las mujeres. Y nos explican hasta las cosas que no saben, nos explican nuestro cuerpo, nos dicen que nuestra rabia es porque tenemos la regla, nos explican cómo cuándo dónde tener hijos y hasta cómo ser feministas.

Y no se vale por ejemplo decir “feminixplicar” o “negroexplicar” porque, como la discriminación, esta es una conducta que sólo pueden ejercer quienes tienen más poder. Si una persona afro, o una mujer le explica algo a un hombre le está hablando de una experiencia que él desconoce por su propio privilegio, se vale asumir que una mujer sabe más sobre la menstruación que un Man. Cada vez que los hombres manxplican están reforzando una estructura que le quita autoridad a las mujeres y todos los grupos excluidos por el patriarcado. Y también se ven como cretinos insufribles. ¿Y entonces qué hacer? Bueno, lo más elegante es asumir que un caballero nunca explica. O mejor dicho, solo explica cuando es realmente necesario y estos momentos son fáciles de identificar: cuando alguien les pide de manera explícita una explicación.

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Desira erromantikoak

Publicado el 5 septiembre 2016 en General, Masculinidad y amor romántico |

Berria. 2016-09-04 / Mikel Otxotorena – On:Giz elkarteko kidea

Duela gutxi KaixoMaitiak (Euskadun Harremanetarako Guneak) euskal herritarren harreman afektibo eta sexualei buruzko ikerketaren emaitzak aurkeztu zituen. Zenbait eragile eta pertsona gonbidatu gintuzten emaitzen analisia egitera eta, horrela, gure iritzia partekatzera. Zoriontzekoa ikerketa gaia, interesgarria eta ongi etorria.

Baina gai hauetaz jardutean, termino asko erabiltzen dugu: maitasuna, bikote harremanak, leialtasuna eta halakoak. Jakintzat hartzen dugu denok berdin definituko genituzkeela, baina definizio ugari eta oso ezberdinak topa genitzake jendartean termino horien inguruan. Horregatik, oso tentuz ibili behar dugu horrelako ikerketen analisi eta gogoetak egiteko orduan. Betiere lagungarri izaten da ikerketa planteatzen duenaren aldetik kontextualizazio terminologiko bat egitea. Horrek asko lagun baitezake errealitatea hobeto aztertzen.

Ikerketa honen ondorioetatik ideia asko atera dira, baina kasu honetan arreta eman zidan zerbaiti eutsi nahiko nioke: amodio erromantikoan oinarritutako harremanak desiratzen ditugula. Badirudi desira eta horrek indartzen duen ideala pil-pilean dagoela jendartean. Horrela azalduta, badirudi ez duela garrantzi handirik, baina, ondorioetan eta sustraietan sakontzen goazen heinean, amodio erromantikoak bere aurpegirik maltzurrenak azaltzen dizkigu. Maitasun mota horren ondorioak ezagutzen ditugu: indarkeriak (pluralean), kontrola, menpekotasunak, botere harremanak, harremanak bukatzen direnean sortzen diren porrot sentsazioak eta abar. Baina, ondorioak horiek izanda, zergatik dago hain presente gure harremanetan?

Maitasun erromantikoaren arrakastetako bat da emakumeek eta gizonok, generoen eraikuntza heterosexistaren ondorioz, argi ditugula zeintzuk diren gure betebeharrak (maila afektibo eta sexualean). Hegemonikoa dena norma bilakatzen duela. Eta normak esaten digu zer den ona, egokia, txarra, mespretxagarria, onartua… eta desiragarria. Hau da, desira hori balio ezberdinez hornitzen duela, amodio erromantikoa osatuta dagoen balioez. Azken finean, norma bera bilakatzen da eredu.

Are gehiago, desira bera ere baldintzatzen duela, desira erromantiko bat inposatuaz, amodio erromantikoaren gertatzen den bezala. Eta berdin dio emakume, gizon, lesbiana, gay, bisexual, transexual, heterosexual, intersexual… izan. Badirudi desira erromantiko hori sexu, orientazio sexual eta genero identitateen gainetik dagoela. Logikoa bestalde, denok sozializatzen baikara jendarte berean, patriarkatuaren gidaritzapean. Baina ez dago azaldu beharrik (edo agian bai) denok ez ditugula ondorio berak jasaten. Batik bat Mugimendu Feministari esker, ezagutzen ditugu zeintzuk diren maitasun erromantikoaren ondorioak, desirak eta balioak.

Berdintasunaz, orokorrean hitz egiten denean, ideia bat oso presente dago jendartean: ia lortuta dagoen zerbait dela. Gai zehatzetara jotzen badugu (indarkeria adibidez), pertzepzio hori alda daiteke. Hartu-eman sexual eta afektiboei dagokienez, eta ikerketaren ondorioak ikusita, badirudi gauzak aldatu direla, harreman moduak aldatu direla, bikote-irekiak edo sexu bereko pertsonekin hartu-eman sexualak edukitzea adibidez. Izendatzeak edota horrelako ikerketetan azaltzeak berria den inpresioa sor dezake. Baina ez dira berriak. Gure jendartean presente egon dira. Modu minoritarioan, inbisibilizatuak askotan, baina presente. Agian orain bisibleagoak dira, eta kopuruan handitzen doaz. Horrek pentsarazten digu berriak direla. Gauza bera gertatzen da maskulinitate berriak edo aitatasun berriak terminoak erabiltzen direnean. Baina, barkatuko didazue, gizon edo aita izate modu ez hegemoniko sexistak egon dira gure jendartean. Minoritarioak? Bai, baina egon dira, badaude eta egongo direlakoan nago.

Maitasun eta desira erromantikora bueltatuz, berauek desagertzea bada gure nahia, eta gizonengan zentratuz (nire militantzia eta lan arloa hori da eta) kontuan eduki beharko dugun faktore bat: gizontasun jakin baten ereduak gogor jarraitzen duela jendartean eta bereziki gizonen artean, eta horrek eragin zuzena duela hartu-eman sexual eta afektiboei dagokienez. Presente eduki behar dugu maskulinitate sexista hegemonikoaren bi zutabe garrantzitsuenetakoak misoginia eta homofobia direla, eta horiek amodio eta desira erromantikoaren ideal bat gauzatzen dutela. Jarrai dezagun desira erromantiko horren aurka lanean desira huts bilakatu arte.

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EL SILENCIO DE LOS HOMBRES.

Publicado el 1 septiembre 2016 en General |

Escrito por Marco Eggenter (Maschile Plurale). Traducción de Juanjo Compairé.

Otra vez, otro feminicidio, otra vez la violencia atroz cometida por un hombre contra una mujer joven. La pregunta que me he hecho a mí mismo, la pregunta que me han hecho, de manera directa o indirecta, las mujeres con las que me relaciono y que me han pedido que no busque escapatoria, es precisa y aguda: ¿por qué los hombres permanecen en silencio frente a este tipo de violencia? ¿Qué significa este silencio?

Esta es la pregunta y a ella querría intentar responder hasta donde me sea posible. Por supuesto, no pretendo responder en nombre del “género” masculino, lo que resultaría absurdo e incluso filosóficamente incorrecto, sino responder como un hombre, del género masculino, que está aquí y ahora, en carne y hueso, con su vida específica, con su experiencia y con su propia manera de ser hombre.

Me he preguntado, pues, desde qué lugar podría comenzar y, puesto que tengo una formación filosófica y, como sabéis, para un filósofo la palabra es la piedra angular de todo discurso significativo, he pensado en interrogar antes que nada a la palabra “silencio”, para intentar comprender su significado. De esta manera, siguiendo fiel al principio que desde hace tiempo hice mío y que, por cierto, es el principio de todo el pensamiento femenino-feminista (es decir, aquel “partir de sí”, que ha dado origen al pensamiento de la experiencia como método de investigación), he intentado repensar cuántas veces en mi experiencia de vida he permanecido en silencio, de cuántas maneras diferentes lo he practicado o entendido.

Así, he descubierto que no existe “el silencio”, sino que hay muchos y que no se diferencian entre sí tan solo porque supongan diferentes significados, sino porque detrás de estos significados se esconden maneras de actuar diferentes.


Cuántas veces en mi experiencia de vida he permanecido en silencio, de cuántas maneras diferentes lo he practicado o entendido.


Probad pensar, por ejemplo, en el silencio de la escucha. Un silencio rico, que abre un sinfín de posibilidades de relación. O el silencio del éxtasis que se abre a la transcendencia. O el silencio amoroso que cancela las palabras abriendo el espacio del deseo y del cuerpo. Todos estos, silencios que transforman un acto pasivo en potencia creativa, dando lugar a nuevas experiencias, nuevos mundos, nuevas maneras de estar en relación.

Pero, por el contrario, existen también silencios que cierran, que entristecen, que niegan. Pensad en cuando el silencio se convierte en un verdadero ejercicio de poder. Es decir, cuando niega la posibilidad de interrogación, forzando al interlocutor a quedarse encerrado en sus dudas y su sufrimiento. Pensad en cuánto poder ejerce quien tiene la facultad de no responder a nuestras preguntas; en cuánta violencia hay en este silencio. Hemos oído hablar muchas veces del silencio mafioso, un silencio basado en la “omertà”, en el código de honor, en el miedo, que vehicula y sostiene la posibilidad del crimen organizado justo sobre una red de silencios.

Pero también existe el silencio heroico, aquel que en situaciones de extremo peligro declara la imposibilidad ética de la delación. ““…Mi sun de quei che parlen no!” (“¡yo soy de los que no hablan!”), como dice la muy famosa canción partisana, en la que recuerda el silencio heroico de los hombres que renunciaron a su vida para salvar las de los compañeros.

Por último, está el silencio ignorante, aquel silencio al que le faltan las palabras para decir toda la verdad de nuestra experiencia de vida. Una multiplicidad de significados, por tanto, que se abre ante nosotros cuando hablamos de silencio.

Para poder dar sentido a la pregunta inicial tenemos que comprender de qué tipo es el silencio practicado por los hombres ante a la violencia que ellos mismos ejercen contra las mujeres. No es un silencio del éxtasis ni tampoco un silencio amoroso, no tiene nada de heroico ni tampoco es un sencillo ejercicio de poder. Tal vez se acerca más al silencio de la mafia, pero carece de la conciencia de formar parte de una red de connivencia, carece de los códigos de conducta, le falta el miedo.

Por tanto, del que os querría hablar es un silencio diferente, un silencio antiguo sobre el que se ha tejido la historia masculina y que emerge, a veces de un modo ensordecedor. Yo definiría, utilizando una conocida expresión de Hannah Arendt: el silencio en que se basa la banalidad del mal. En otras palabras, el silencio que genera y alimenta el mal, que se extiende sobre la superficie, que no tiene raíces profundas, que no tiene códigos, pero que vive y se desarrolla en la connivencia torpe, en la banalidad de lo obvio; que se transmite a través de medias sonrisas de complacencia y palmaditas en la espalda; que congela el pensamiento banalizándolo. Un silencio roto por una frase que se va repitiendo indefinidamente: “no me incumbe”. En suma, un silencio que ha permitido a los hombres proclamarse fuera de los asuntos y al mal propagarse sin obstáculos por la superficie del mundo.

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Campaña “Transformando nuestra masculinidad promovemos relaciones justas”

Publicado el 28 julio 2016 en Iniciativas institucionales, Los hombres ante la igualdad, Los hombres y la igualdad |

Cuestionar las prácticas machistas y promover acciones de diálogo para transformar relaciones de desigualdad entre hombres y mujeres adolescentes, es el objetivo de la campaña “Transformando nuestra masculinidad promovemos relaciones justas”, que lanzó este jueves 28 de julio la organización Puntos de Encuentro, con financiamiento de la Unión Europea.

Este proyecto, que trabajará con adolescentes de 13 a 16 años de 21 municipios del país, abordará diversos temas, entre ellos: abrazos y afectividad masculina, acoso callejero, hombres y mujeres podemos hacer las mismas cosas, corresponsabilidad masculina, violencia en el noviazgo y presión social en los hombres.

Asimismo dará voz a las experiencias de adolescentes y jóvenes de las zonas priorizadas con el fin que se visibilicen los esfuerzos y acciones afirmativas que desde sus localidades están desarrollando para prevenir la violencia y transformar las relaciones de equidad.

Douglas Mendoza, coordinador del programa Masculinidades de Puntos de Encuentro, precisó que han formulado una estrategia de comunicación digital donde destacarán  las acciones comunitarias que están realizando otras organizaciones locales que trabajan con mujeres y hombres jóvenes. Así como un plan de trabajo donde proyectarán videos de reflexión y una edición especial de la novela Loma Verde.

“Se estarán visitando colegios y realizando actividades en los barrios con una parte del elenco de la novela Loma Verde y los chicos de DKY FM. La idea es identificar qué acciones ya están haciendo los chavalos para la prevención de la violencia en los territorios. Nosotros tenemos buenas expectativas con esta campaña, pues creemos que podemos disminuir la violencia a través de acciones positivas para la prevención”, señaló Mendoza.

INVESTIGACIÓN

María Alemán, coordinadora de proyecto del Ieepp, informó que antes de trabajar en la campaña se desarrolló el estudio “Representaciones masculinas sobre la violencia y los derechos de las mujeres” (2015), en el que participaron más de cien hombres en siete municipios de Nicaragua. La investigación ofrece un análisis cualitativo que permite comprender las representaciones sociales de los hombres nicaragüenses.

Según Alemán, uno de los principales hallazgos fue que desde la masculinidad hegemónica, “los hombres necesitan demostrar ser hombres de manera permanente”. “Hay muchos aspectos negativos, pues se concibe a las mujeres como la ama de casa, la que tiene que hacerse respetar y hacer caso a su pareja. Pero también encontramos aspectos positivos, por ejemplo, hay hombres conscientes que esto les daña a ellos y a su familia, por tanto están dispuestos al cambio”.

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Violencia de género, lo que se ve y lo que no se ve. La importancia de la formación de las médicas y médicos de familia.

Publicado el 25 julio 2016 en Violencia contra las mujeres, Violencia machista, Violencia machista |

El doctor Maxi Gutiérrez.

“La mayoría de las cosas que ve un médico de Atención Primaria en la consulta son cosas que no se observan en apariencia, sino que el paciente las cuenta”. El que habla es Maxi Gutiérrez, médico de Familia y especialista en violencia de género. Gutiérrez ha impartido formación a los profesionales sanitarios de Osakidetza para abordar la violencia de género:  “Ha habido mucha sensibilización e iniciativas de formación, pero aún es preciso determinar mejor cómo abordar el problema y dar la formación”.

La importancia de los médicos de Familia en la detección de la violencia de género es algo reconocido por todos los actores que forman parte de este círculo: policías, jueces, sanitarios y servicios sociales. “Cuando nos sentamos en la mesa, los demás siempre miran a los profesionales sanitarios como una pieza fundamental para hacer detección. Es decir, en la consulta del médico de Atención Primaria lo fundamental es detectar porque ahí ocurren muchas cosas: se comparten muchas cosas con la paciente”, explica Gutiérrez.

Y en ese clima de confianza es como un médico de Atención Primaria  consigue que su paciente hablé de lo que sucede, pero no solo en términos de enfermedad. “Hablamos de maltrato psicológico, de situaciones que generan malestar crónico en la mujer….. Pocas veces atendemos a gente que viene con marcas, con heridas, con golpes. También puede pasar, pero casi nunca es así. Hay que ir desentrañando la madeja hasta llegar a la verdad: que la paciente está sufriendo malos tratos por parte de su pareja. Tienes que llegar a lo que no se ve a primera vista”.

Lo primero que un médico tiene que hacer, comenta Gutiérrez, es sospechar que existe maltrato. “Determinados comportamientos ya te hacen ver que algo pasa. Ante eso, lo mejor es preguntar. Y cuando preguntas a veces te encuentras que la gente te dice que sí. O hay veces que te lo cuentan de una manera fácil. Pero en otras ocasiones lo niegan porque les da vergüenza, porque minimizan la situación”.

Las víctimas llegan con miedo, se sienten muy vulnerables y culpables y no tienen plena conciencia del problema. “La realidad es que es preciso desarrollar una serie de habilidades para saber cómo ayudar a las víctimas”.

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