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Concienciación, participación e implicación de los hombres en pro de la igualdad de mujeres y hombres

Gizonen Kontzientziazioa, partehartzea eta implikazioa emakume eta gizonen arteko berdintasunaren alde

Campaña “Transformando nuestra masculinidad promovemos relaciones justas”

Publicado el 28 julio 2016 en Iniciativas institucionales, Los hombres ante la igualdad, Los hombres y la igualdad |

Cuestionar las prácticas machistas y promover acciones de diálogo para transformar relaciones de desigualdad entre hombres y mujeres adolescentes, es el objetivo de la campaña “Transformando nuestra masculinidad promovemos relaciones justas”, que lanzó este jueves 28 de julio la organización Puntos de Encuentro, con financiamiento de la Unión Europea.

Este proyecto, que trabajará con adolescentes de 13 a 16 años de 21 municipios del país, abordará diversos temas, entre ellos: abrazos y afectividad masculina, acoso callejero, hombres y mujeres podemos hacer las mismas cosas, corresponsabilidad masculina, violencia en el noviazgo y presión social en los hombres.

Asimismo dará voz a las experiencias de adolescentes y jóvenes de las zonas priorizadas con el fin que se visibilicen los esfuerzos y acciones afirmativas que desde sus localidades están desarrollando para prevenir la violencia y transformar las relaciones de equidad.

Douglas Mendoza, coordinador del programa Masculinidades de Puntos de Encuentro, precisó que han formulado una estrategia de comunicación digital donde destacarán  las acciones comunitarias que están realizando otras organizaciones locales que trabajan con mujeres y hombres jóvenes. Así como un plan de trabajo donde proyectarán videos de reflexión y una edición especial de la novela Loma Verde.

“Se estarán visitando colegios y realizando actividades en los barrios con una parte del elenco de la novela Loma Verde y los chicos de DKY FM. La idea es identificar qué acciones ya están haciendo los chavalos para la prevención de la violencia en los territorios. Nosotros tenemos buenas expectativas con esta campaña, pues creemos que podemos disminuir la violencia a través de acciones positivas para la prevención”, señaló Mendoza.

INVESTIGACIÓN

María Alemán, coordinadora de proyecto del Ieepp, informó que antes de trabajar en la campaña se desarrolló el estudio “Representaciones masculinas sobre la violencia y los derechos de las mujeres” (2015), en el que participaron más de cien hombres en siete municipios de Nicaragua. La investigación ofrece un análisis cualitativo que permite comprender las representaciones sociales de los hombres nicaragüenses.

Según Alemán, uno de los principales hallazgos fue que desde la masculinidad hegemónica, “los hombres necesitan demostrar ser hombres de manera permanente”. “Hay muchos aspectos negativos, pues se concibe a las mujeres como la ama de casa, la que tiene que hacerse respetar y hacer caso a su pareja. Pero también encontramos aspectos positivos, por ejemplo, hay hombres conscientes que esto les daña a ellos y a su familia, por tanto están dispuestos al cambio”.

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Violencia de género, lo que se ve y lo que no se ve. La importancia de la formación de las médicas y médicos de familia.

Publicado el 25 julio 2016 en Violencia contra las mujeres, Violencia machista, Violencia machista |

El doctor Maxi Gutiérrez.

“La mayoría de las cosas que ve un médico de Atención Primaria en la consulta son cosas que no se observan en apariencia, sino que el paciente las cuenta”. El que habla es Maxi Gutiérrez, médico de Familia y especialista en violencia de género. Gutiérrez ha impartido formación a los profesionales sanitarios de Osakidetza para abordar la violencia de género:  “Ha habido mucha sensibilización e iniciativas de formación, pero aún es preciso determinar mejor cómo abordar el problema y dar la formación”.

La importancia de los médicos de Familia en la detección de la violencia de género es algo reconocido por todos los actores que forman parte de este círculo: policías, jueces, sanitarios y servicios sociales. “Cuando nos sentamos en la mesa, los demás siempre miran a los profesionales sanitarios como una pieza fundamental para hacer detección. Es decir, en la consulta del médico de Atención Primaria lo fundamental es detectar porque ahí ocurren muchas cosas: se comparten muchas cosas con la paciente”, explica Gutiérrez.

Y en ese clima de confianza es como un médico de Atención Primaria  consigue que su paciente hablé de lo que sucede, pero no solo en términos de enfermedad. “Hablamos de maltrato psicológico, de situaciones que generan malestar crónico en la mujer….. Pocas veces atendemos a gente que viene con marcas, con heridas, con golpes. También puede pasar, pero casi nunca es así. Hay que ir desentrañando la madeja hasta llegar a la verdad: que la paciente está sufriendo malos tratos por parte de su pareja. Tienes que llegar a lo que no se ve a primera vista”.

Lo primero que un médico tiene que hacer, comenta Gutiérrez, es sospechar que existe maltrato. “Determinados comportamientos ya te hacen ver que algo pasa. Ante eso, lo mejor es preguntar. Y cuando preguntas a veces te encuentras que la gente te dice que sí. O hay veces que te lo cuentan de una manera fácil. Pero en otras ocasiones lo niegan porque les da vergüenza, porque minimizan la situación”.

Las víctimas llegan con miedo, se sienten muy vulnerables y culpables y no tienen plena conciencia del problema. “La realidad es que es preciso desarrollar una serie de habilidades para saber cómo ayudar a las víctimas”.

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Mari Luz Esteban: “El pensamiento amoroso de la cultura occidental es la argamasa del sistema”

Publicado el 19 julio 2016 en General, Masculinidad y amor romántico |

Texto: Carmen Ruiz de Garibay

Lleva casi dos décadas compaginando la investigación sobre el género, la salud, el cuerpo y el amor con sus clases en la UPV/EHU. Esta “antropóloga romántica”, como se autodefine en uno de sus libros, ha participado con  su ponencia “Maitasuna, utopia erromantikoa eta ordena soziala” (Amor, utopía romántica y orden social) en el Curso de Verano de la UPV/EHU  “Sexo, amor y relaciones de poder”  organizado por Emakunde y ha coordinado recientemente el trabajo “Continuidades, conflictos y rupturas frente a la desigualdad: Jóvenes y relaciones de género en el País Vasco” que el Instituto Vasco de la Mujer ha premiado en el III Certamen de Publicaciones de Trabajos de Investigación en materia de igualdad 2015.

¿Cuáles han sido los motivos que le han movido a investigar el pensamiento amoroso, la utopía romántica?

Por lo general, hago todas las investigaciones sobre temas que me interesan a mí personalmente, pero también sobre lo que interesa en mi ámbito cercano y que me parece importante socialmente. En 2004 había terminado el libro “Antropología del cuerpo” y estaba pensando por dónde seguía investigando. Hablando con una amiga historiadora, Rosa Medina,  nos preguntamos por qué no investigar sobre el amor. Y así lo hicimos, junto con otra amiga, Ana Távora, psiquiatra y terapeuta. En esta última década se ha publicado mucho sobre el tema pero cuando nosotras empezamos, en estudios feministas, no había  tanto. Un libro llevó a otro, y así salió en 2011 “Crítica del pensamiento amoroso”, donde reflejé los resultados de mi parte de la investigación.

En su intervención en los cursos de verano,  usted definió al amor como una argamasa del sistema. ¿Puede ampliar esta idea?

Sí, claro. La relación amorosa entre los  humanos se establece en cualquier momento histórico y en cualquier cultura, y sirve, entre otras cosas, para sostener nuestras vidas. Pero hay diferencias en cuanto a la forma en que se organiza y se regula. En nuestra cultura, el amor se jerarquiza: en  la cumbre está  el amor de pareja, luego el amor materno filial, el paterno también, pero sobre todo el materno, y muy detrás  están la amistad y otro tipo de relaciones amorosas. En esa preponderancia, en esa jerarquía del amor de pareja, lo que ha pasado en occidente es que se ha unido el amor y el enamoramiento con el matrimonio. A partir de ahí, la relación entre el amor y el parentesco es distinta a la de otras sociedades donde la gente se enamora pero no obligatoriamente el amor se vincula al matrimonio o no en un primer momento. Además, en nuestra sociedad, la pareja es el centro de la familia nuclear, el centro de la organización familiar y social, por lo menos como ideal. Esa ideología amorosa otorga papeles diferenciados a mujeres y hombres, pero no solo contribuye a situar a las mujeres y los hombres en lugares distintos en lo privado, sino también respecto al empleo y la producción, la economía, la política… ya que, por ejemplo, los trabajos considerados femeninos están connotados de afecto o las mujeres son enseñadas a relegar otras cuestiones y dar toda la prioridad a sus relaciones, lo que condiciona, o puede condicionar, su participación social. El pensamiento amoroso, la ideología amorosa, tiende a mantener todo ese sistema. Por eso digo que es la argamasa. Muchas instituciones, sobre todo aquellas que prestan servicios a personas, están imbuidas de pensamiento amoroso, es decir, esperan que las personas a las que atienden se porten de acuerdo a ese ideal que considera que el amor nos hace humanos por encima de todo lo demás, y que es más importante que la solidaridad o la justicia, por ejemplo; y que, por tanto, las personas –sobre todo las mujeres– con las que se relacionan dichas instituciones tienen que cumplir con ese ideal, y si no lo hacen son sancionadas negativamente de maneras explícitas o implícitas.

El amor es universal, pero mujeres y hombres no lo vivimos de la misma manera.

No, pero creo que hay que mirar más allá de las diferencias de género para ver lo que está suponiendo el amor en nuestra cultura. Es verdad que el amor está totalmente articulado con la heteronormatividad, con la idea de que mujeres y hombres somos complementarios,  y eso se traduce en una subordinación de las personas socializadas como mujeres. Pero, al igual que hizo la antropóloga Gaule Rubín cuando señaló que el género es importante pero que la sexualidad va más allá del género, a mi entender, en el amor pasaría algo similar. Si solo miramos la diferencia entre mujeres y hombres no vemos el alcance que tiene ese pensamiento amoroso, que supone una manera de entender la persona, el yo, las relaciones humanas. Esto se articula en el género, pero también tiene que ver con la clase, con la edad, con el sistema económico, con la forma en que miramos también a otras culturas. En nuestra ideología cultural, el ser humano tiene en su centro el amor, es un ser amoroso, por definición. Pero dicho esto,  está claro que la manera de entender el amor y de practicarlo no es la misma en el caso de las mujeres que en el de los hombres, y de alguna forma, aunque los hombres están implicados en relaciones amorosas que pueden ser muy importantes para ellos, son también socializados en la idea de que pueden reservarse para sí mismos y de que pueden esperar siempre que alguna mujer (madre, hermana, pareja…) satisfará sus necesidades afectivas y otras. El espacio propio de los hombres no se pone en cuestión.

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Jóvenes: igualdad en la teoría pero no en la práctica

Publicado el 14 julio 2016 en General |

 feminista

  • Un estudio de Emakunde detecta contradicciones entre los discursos y las prácticas con respecto a la desigualdad entre las y los jóvenes vascos.
  • Ven la discriminación sexual como cosa del pasado pero, al mismo tiempo, detectan en la práctica puntos negros que oscurecen su autonomía y libertad.
  • La hipersexualización de las chicas, el control de la pareja o el excesivo el énfasis en la imagen y cuidado del cuerpo son algunos de los obstáculos.
  • Se detectan, asimismo, rupturas de jóvenes que están forjando su propia identidad de género fuera de las pautas establecidas.
  • Emakunde (Instituto Vasco de la Mujer) ha publicado el estudio “Continuidades, conflictos y rupturas frente a la desigualdad: jóvenes y relaciones de género en el País Vasco”, análisis que resultó ganador del III Certamen de Publicaciones de trabajos de investigación que convoca el Instituto con el objeto de apoyar la difusión de investigaciones en materia de igualdad de mujeres y hombres.

    El estudio constata la permanencia de estereotipos y modelos clásicos de género en muchos ámbitos de la vida, la clara distancia entre la teoría y la práctica respecto a la igualdad, pero también detecta cambios y rupturas en las y los jóvenes que están forjando su propia identidad de género fuera de las pautas establecidas.

    El estudio abarca muchos ámbitos de la vida de las y los jóvenes y analiza aspectos como el cuerpo y la imagen corporal, el amor y la sexualidad, la percepción del feminismo, el tiempo libre, los rituales, el ocio, las cuadrillas, la amistad, el trabajo y la paternidad y la maternidad. En el caso del ocio, por ejemplo, se han analizado ámbitos como el deporte, el bertsolarismo y las lonjas que alquilan las y los jóvenes.

    Para la realización del estudio se han llevado a cabo 40 entrevistas en profundidad, 25 individuales (13 chicas y 12 chicos) y 14 entrevistas en grupo. En total se han entrevistado a 102 personas: 60 chicas y 42 chicos.

    El estudio repasa todos estos ámbitos y ordena algunas de las conclusiones extraídas en tres niveles: Continuidades, Conflictos y cambios y Rupturas.

    Continuidades

    Tanto en la dimensión práctica como en la simbólica en el estudio se observa la permanencia de estereotipos y modelos clásicos de género entre la juventud. Las personas jóvenes entrevistadas reconocen la diversidad de modelos de mujeres y de hombres pero, a su vez, los estereotipos no sufren modificaciones notables: la juventud vasca se sigue definiendo en base al par “chicas sensibles / chicos fuertes”.

    A la vez, perdura el mito de la mujer vasca poderosa y la naturalización de la maternidad como fundamental en la identidad de las mujeres, un destino ineludible para ellas.

    Perdura el mito de la mujer vasca poderosa y la naturalización de la maternidad como fundamental en la identidad de las mujeres, un destino ineludible para ellas.

    Además, se sigue estableciendo una diferencia entre lo que se consideran “trabajos de mujeres” y “trabajos de hombres”, lo que tiene una relación directa con, entre otros factores, la elección diferencial de los estudios y profesiones.

    Se desprende las entrevistas, asimismo, que el miedo es un elemento clave en la socialización de las mujeres, algo que limita claramente su gestión del tiempo y del espacio, además de toda una retórica de la necesidad del control sobre sus vidas.

    En cuanto a la imagen corporal, a pesar de que los ideales de perfección y belleza afectan tanto a las mujeres como a los hombres, las chicas son más fácilmente objetualizadas y cosificadas que los chicos. Aunque las jóvenes disfrutan de las nuevas libertades, siguen sufriendo críticas por ligar o por ser “demasiado” activas sexualmente.

    Aunque las jóvenes disfrutan de las nuevas libertades, siguen sufriendo críticas por ligar o por ser “demasiado” activas sexualmente.

    El deporte y la fiesta o la parrada son dos espacios de reforzamiento de la masculinidad hegemónica. La fiesta se convierte en un espacio y un tiempo para la diversión y la seducción pero también para una sociabilidad entre varones que refuerza la naturalización de su superioridad social.

    En cuanto a las relaciones de pareja, aparece un deseo explícito en muchos chicos de controlar a sus novias, y de exigir en ellas cierta imagen corporal según pautas establecidas de belleza femenina (delgadez, depilación, maquillaje…). No obstante, no es una mera cuestión de control masculino y sumisión femenina, ya que se observa que también puede funcionar al revés. En cualquier caso, lo que queda en evidencia es la reproducción de un modelo de relaciones románticas basado en nociones del amor como posesión y obligación, lo que lleva a una jerarquización y asimetría en las relaciones.

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¿Quién le hacía la cena a Adam Smith?

Publicado el 12 julio 2016 en Economía feminista, General |

Octavio Salazar 30 de junio de 2016

Después de soportar una soporífera campaña electoral casi monopolizada por sujetos del sexo masculino, volví con más interés si cabe a las páginas de ¿Quién le hacía la cena a Adam Smith?, el estupendo libro que Katrine Marçal ha escrito mirando la economía con las “gafas violetas” del feminismo.  Un libro que, me temo, mis colegas varones, monopolizadores del debate público, no han leído, de la misma manera que parecen ignorar las brillantes aportaciones que en las últimas décadas se han hecho desde la teoría económica feminista. De ahí que no nos debiera extrañar a estas alturas que, tal y como hemos comprobado en la campaña electoral eterna que acaba de finalizar, no solo las mujeres hayan estado ausentes en cuanto sujetas con poderío, que diría Marcela Lagarde, sino que también lo ha estado el “género”, entendido como marco de las relaciones de poder que continúan condicionando las relaciones entre nosotros y ellas. A lo que habría que sumar la práctica ignorancia de dramas como la violencia de género o, en general, de las múltiples violencias –sexuales, económicas, laborales, personales, simbólicas– que continúa sufriendo la mitad de la ciudadanía.

Katrine Marçal, que es la jefa de opinión de Aftonbladet, el principal periódico de Suecia, hace justo lo contrario de lo que han hecho nuestros candidatos en estos tediosos días de campaña: poner en valor la singular contribución de las mujeres a la economía de los países y criticar el “hombre económico” en cuanto paradigma del sujeto individual y con derechos en los modernos Estados constitucionales. Su libro es pues una crítica en toda regla a una alianza, la que se refuerza día a día entre patriarcado y neoliberalismo, que genera una brutal desigualdad y que muy especialmente continúa situando a la mitad femenina en condiciones de mayor vulnerabilidad.

El punto de partida del libro es el siguiente: “Cuando Adam Smith se sentaba a cenar, pensaba que si tenía la comida en la mesa no era porque les cayera bien al carnicero y al panadero, porque estos perseguían sus propios intereses por medio del comercio. Era, por tanto, el interés propio el que le servía la cena. Sin embargo, ¿era así realmente? ¿Quién le preparaba, a la hora de la verdad, ese filete a Adam Smith?”. Es decir, Marçal llama la atención sobre como no solo hay un “segundo sexo” sino también una “segunda economía”.  O dicho de otra manera: frente al trabajo de los hombres que es el que cuenta, el invisible de las mujeres; frente al desarrollado en el espacio público, considerado productivo y por lo tanto con valor social y económico, el que tradicionalmente ha estado en el privado y que en consecuencia se ha considerado más una proyección natural de la feminidad que un auténtico motor de la economía.

Desde mi punto de vista de hombre interesado en el estudio de las masculinidades, el mayor mérito de este libro, además de por supuesto de contar de manera clara y divulgativa como hemos construido también en lo económico un orden patriarcal, radica en el análisis que plantea de un modelo de sujeto que hemos asumido como paradigma de lo universal. Es decir, el hombre económico que no es otro que el sujeto varón y cuyas cualidades se siguen reproduciendo como las ideales para un espacio, el público, en el que nosotros seguimos detentando mayoritariamente el poder y la autoridad. Un hombre económico que acaba siendo un depredador que actúa guiado por sus intereses egoístas y que disfruta de una serie de dividendos a los que obviamente parece que no está dispuesto a renunciar.  Un Robinson Crusoe racional y egoísta que huye de los sentimientos, el altruismo, la compasión o la solidaridad. Los mismos valores de los que reniega la economía de mercado y que vinculamos con los trabajos de cuidado que las mujeres han asumido sometidas a los dictados de un régimen que las mantenía domesticadas. De esta manera, las mujeres han tenido que ser el cuerpo para que los hombres pudiéramos ser el alma.  Es decir, como bien ha explicado Almudena Hernando en su magnífico libro La fantasía de la individualidad (Katz, 2012), el hombre ha construido su “aparente” autonomía gracias a los roles desempeñados por las madres, esposas o hermanas.  Un perfecto relato patriarcal en el que el binomio jerárquico masculino/femenino ha sustentado la política, la economía y hasta los afectos, y cuyos resultados están bien lejos de la soñada igualdad. Al contrario, y como bien explica la periodista, el modelo, sobre todo en los últimos años, no ha hecho más que incrementar las desigualdades en el planeta y de manera especial la vulnerabilidad de mujeres y niñas.

Katrine Marçal, al igual que por ejemplo entre nosotros lo llevan reivindicando desde hace tiempo con gran lucidez y compromiso economistas como María Pazos o Cristina Carrasco, deja bien claro que necesitamos otro modelo de “contrato” que nos permita superar el sistema sexo/género y que de manera urgente supere las divisiones masculino/femenino, público/privado, productivo/reproductivo y razón/emoción.  Lo cual implica superar a su vez el paradigma del “hombre económico” como el sujeto sobre el que hemos construido las referencias políticas, jurídicas, culturales y hasta simbólicas de nuestras sociedades. En este sentido, y recordando a Gloria Steinem, el feminismo no pretende que las mujeres cojan un pedazo de pastel más grande sino hornear un nuevo pastel. Un pastel que no será posible mientras que no organicemos la economía en torno a lo que es de verdad importante para la gente.

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POR LA CORRESPONSABILIDAD EN LOS CUIDADOS TRAS LA SEPARACIÓN

Publicado el 7 julio 2016 en General, Los hombres ante la igualdad, Paternidad Igualitaria |

Declaración aprobada en la Asamblea general de AHIGE el 12 de junio de 2016.

En la asamblea general de AHIGE del 27 de junio de 2009 se aprobó un manifiesto que recogía el posicionamiento de nuestra asociación acerca de las responsabilidades de cuidados de hijas e hijos tras la separación o divorcio. Se denominó “Por una vía igualitaria hacia al custodia compartida”. Este tema ocupa un lugar progresivamente más importante en la agenda de debate del movimiento de mujeres y hombres por la igualdad por varios motivos:

  • Se han aprobado desde entonces varias leyes del ámbito de las comunidades autónomas que regulan las relaciones familiares en los supuestos de separación de los progenitores: Cataluña (2010), Navarra (2011), Aragón (2011), País Valenciano (2011) y País Vasco (2015). Además el consejo de ministros del último gobierno estatal aprobó en 2015 el “Anteproyecto de Ley sobre el ejercicio de la corresponsabilidad parental en caso de nulidad, separación y divorcio”, que quedó sin tramitar en el Congreso. En todos los casos se propone como preferente el modo de “custodia compartida” pero aparecen diferencias en cuanto a qué hacer en el caso de desacuerdo, llegando algunas legislaciones a promover la decisión judicial de custodia compartida aun estando una de las partes en desacuerdo y aun dándose manifiestas malas relaciones entre los progenitores.. En cualquier caso en todas ellas se niega la custodia compartida en casos de violencia de género y de maltrato a el o la menor, que por otro lado está garantizada por la legislación de ámbito estatal (ley 8/2015 de modificación del sistema de protección a la infancia y la adolescencia, y la Ley Orgánica 1/2004 de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género).

  • Los cambios sociales siguen afianzando la superación de la división sexual del trabajo y la participación corresponsable e igualitaria de los hombres en la crianza. Y esto se manifiesta lógicamente en que los hombres que se separan desean continuar ejerciendo los cuidados en igualdad. Sigue en aumento el número de separaciones y divorcios, tras la interrupción entre 2008 y 2010 de la tendencia de crecimiento (en 2014 se produjeron un 5,6 % más que en 2013) y también el de sentencias de “custodia compartida” (se ha duplicado en los últimos 4 años pasando del 10,5 % en 2010 al 21,3 % en 2014, según el INE).

  • Muchos hombres que no ejercieron durante la convivencia la crianza en igualdad reclaman sin embargo esa igualdad de cuidados y responsabilidades tras la separación. Lo hacen amparándose (enganchándose más bien) en esta corriente de opinión, en el aumento de las sentencias de “custodia compartida” y en la, comentada más arriba, aparición de nuevas legislaciones “favorecedoras”. Es evidente que no se ha alcanzado la corresponsabilidad total en la crianza puesto que los estudios de uso de tiempos siguen mostrando que, en igualdad de tiempos de trabajo remunerado en la pareja, la mujer dedica aproximadamente el doble de horas al trabajo doméstico y de crianza. Por otro lado todos los estudios sociológicos reflejan que aproximadamente un tercio de parejas jóvenes de doble ingreso vuelven al reparto tradicional de roles y tareas cuando nacen las criaturas. Y muy contundente es también la interrupción legislativa del proceso de igualación de permisos de maternidad y paternidad iguales e intransferibles por nacimiento y adopción y los datos de conciliación laboral y familiar (solo el 2% de hombres se acogen al tiempo transferible del permiso de maternidad y, del total de reducciones de jornada y de excedencias para ejercer cuidados familiares, solo el 7 % y el 10 % respectivamente son solicitados por los hombres.

  • Algunos hombres, pocos pero con poder mediático, que no solo no ejercieron la crianza corresponsable, sino que además ejercieron violencia contra la mujer y/o contra los/las menores, utilizan este supuesto derecho para continuar ejerciendo poder y para obtener ventaja económica en la separación. Lamentablemente, varios de estos grupos han servido de caldo de cultivo para el desarrollo de posiciones contrarias al avance de las mujeres y hombres hacia la igualdad. Esto sucede cuando presentan el tema como una lucha de los hombres contra las mujeres y los poderes públicos que las ampararían en sus supuestos privilegios.

  • La mayoría de los hombres comentados en el punto anterior y una parte de profesionales de la judicatura utilizan el supuesto síndrome de alienación parental (SAP), es decir que un progenitor genere en los/las menores de manera intencionada opinión y actitud negativa hacia el otro progenitor, para argumentar sentencias judiciales en casos de separación. Este supuesto SAP es negado por la comunidad científica al no estar incluido en ninguna de las clasificaciones mundiales de trastornos y enfermedades mentales, ni por el DSM-V de la Asociación Americana de Psiquiatría, ni por la CIE-10 de la Organización Mundial de la Salud (OMS), y el Consejo General del Poder Judicial ha recomendado explícitamente que no sea utilizado en los procesos judiciales. No obstante se desoye repetidamente esta recomendación y se continúa utilizando, incluso en  casos de violencia de género, para otorgar “custodias compartidas” o para adjudicar la custodia  al padre acusando a la madre de “alienadora”.

  • Fundamentos de nuestro pronunciamiento.

    AHIGE, como parte del movimiento de hombres igualitarios, debe comprometerse en la doble tarea de promover la paternidad igualitaria y corresponsable a la vez que visibilizar las nuevas desigualdades y violencias que, de manera implícita y no siempre visibles, ejercen algunos hombres y, en general, la cultura patriarcal todavía imperante. Nuestro posicionamiento debe regirse por el doble objetivo de corresponsabilidad y de denuncia de desigualdades.

    Por ello, como hombres implicados activamente en la igualdad, entendemos que sería contradictorio, por un lado, defender la asunción de responsabilidades, la paternidad afectiva y cercana y la eliminación de los roles convencionales y, por el otro, emitir el mensaje a los hombres de que, en caso de separación, van a ser considerados únicamente padres proveedores y será la madre la que asuma la responsabilidad de la crianza.

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Neomachismos: nuevos ataques, nuevas respuestas

Publicado el 4 julio 2016 en General, Violencia machista |

Publicado en: diagonalperiodico Ana Burgos, Miriam Solá , Barcelona
Desde los clásicos posicionamientos públicos de altos mandatarios de la jerarquía eclesiástica en contra del matrimonio homosexual, el aborto o los anticonceptivos; hasta las declaraciones de diputados como Toni Cantó contra la ley de violencia de género, esgrimiendo la falacia de que la mayoría de las denuncias son falsas; pasando por la intención expresa del Ministro Gallardón, reiterada en varias ocasiones, de reformar la ley de aborto para limitar nuevamente la libertad de las mujeres de decidir sobre sus cuerpos.

Esta nueva ola de discursos machistas se inserta en un contexto de feminización de la pobreza y endurecimiento del capitalismo con importantes recortes en las políticas de igualdad. ¿Pero qué tiene de “nuevo” este machismo? Diversos análisis coinciden en que tales discursos no son tan nuevos sino que son el resultado de la actualización, a través de modos y canales distintos, de una lógica patriarcal de dominación y explotación más que consolidada en el tiempo. Una lógica que sigue operando a través de canales clásicos a los que ahora hay que sumar los nuevos medios en el terreno de lo virtual (blogs, redes sociales, plataformas, foros).

Los análisis feministas también coinciden en que estos discursos sociales del machismo son en cierta medida una reacción al establecimiento y desarrollo de las políticas de igualdad (ley de aborto, ley de violencia de género, ley de matrimonio entre personas del mismo sexo, etc.). Pero sobretodo constituyen toda una una respuesta social a un cambio en las relaciones de género que, gracias a los movimientos feministas, ha conllevado mayores cuotas de igualdad/libertad para las mujeres.

MUTACIONES DEL PATRIARCADO: NUEVOS ATAQUES MACHISTAS

Como señalan Nieves Salobral y Soraya G. Guerrero en el artículo “Violencia machista a debate”, los discursos neomachistas tienen en común una minimización de la importancia de la violencia masculina y de la desigualdad estructuralentre hombres y mujeres, una crítica constante a las políticas de igualdad institucionales y un importante cuestionamiento de la actitud de algunas mujeres y feministas a las que se responsabiliza de la reacción agresiva de los varones. Además, consideran que el contexto es fuertemente favorable a las mujeres y llegan a percibir al hombre como una víctima de los excesos femeninos y de la lucha por la libertad de las mujeres.

El colectivo Ioé, en su estudio sobre las actitudes de la población ante la violencia de género en España, distingue entre “machismo resentido”, “a la defensiva”, “magnánimo antiautoritario” e “igualitarismo inconsecuente”. En intersección con esta clasificación podríamos distinguir diferentes articulaciones de las respuestas machistas a las luchas feministas:

Por un lado, tendíamos los movimientos de hombres supuestamente afectados por las leyes de género, entre los cuales, en el contexto del Estado español, destaca Federgen. Las diferentes asociaciones que conforman esta federación, junto a los grupos de hombres divorciados y por la custodia compartida, dan cuenta del modo en que el patriarcado se rearticula en un contexto de crisis capitalista y de inestabilidad de los vínculos familiares tradicionales. Nuevos mitos, como el de las denuncias falsas por violencia de género, o el síndrome de alienación parental, “toda una respuesta neomachista al abordaje penal de la violencia”, como afirma la psicóloga Fátima Urzanqui, se unen a los viejos discursos sobre violencia machista. En este caso resultan paradigmáticas las recientes declaraciones del diputado de UPyD, Toni Cantó, quien se erige así como uno de los “portavoces de los discursos neomachistas”, o propuestas tan misóginas, androcéntricas y antifeministas como la del autodenominado Ministerio del equilibrio.

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Gipuzkoako «puntu beltza»

Publicado el 30 junio 2016 en General, Iniciativas institucionales, Los hombres ante la igualdad, Violencia machista |

Berria.-2016-06-29Maialen Unanue

Hogei urte dira Bidasoaldeko Emakumeak koordinakundeak Irungo alardean emakumeek gizonen pare desfila zezatela eskatu zuela. Hogei urte geroago, bi alarde egiten dituzte: publikoa eta parekidea da bat; pribatua da bestea, emakumerik onartzen ez duena.

erdintasuna bizitzaren alor guztietara zabaltzen ari den honetan, puntu beltz bat geldituko da mapan Irun eta Hondarribiaren gainean: hori eragozpena izango da haientzat, baita lotsagarria ere». Txaro Arribasek (Irun, Gipuzkoa, 1955) gazi-gozo hitz egiten du Irungo alardeen etorkizunaz. Izan ere, hogei urte barru, oraindik ere, bi alarde egingo direla uste du. Baina sinetsita dago indartu egingo dela alarde parekidea, hazi: «Bikoitza izango da». Eta, kontrara, gero eta pisu handiagoa hartuko du, alarde pribatuaren kasuan, emakumeak diskriminatzeak. Bihar egingo dute alardea Irunen.

Ez zen osoko bilkura hartan izan, baina Elixabete Rekartek (Irun, Gipuzkoa, 1974) gogoan du nola parte hartu zuen bilera haietan. 1997an atera zen lehenengoz; alarde parekidea babesteko osatu zuten giza hesian egon zen. «Oso gogorra» zen giroa orduan; «denetarik» botatzen zieten alarde parekidean desfilatzen ari zirenei. Gerora, postu desberdinetan atera izan da, eta badira urte batzuk aizkolari gisa atera dena: «Ohituta gaude postu guztiak berdinak izatera emakume eta gizonentzat; beste alardean ez genuke aukera hori izango».

Zorrotz hitz egiten du Arribasek. Hezur-haragitan bizi du alardearen auzia, hasieratik. Duela hogei urte, 1996ko maiatzean, udal arautegia aldatzeko eskatu zuen Bidasoaldeko Emakumeak koordinakundeak osoko bilkuran, emakumeek gizonen pare alardean parte hartzea ahalbidetzeko. Eskutitz bat irakurri zuten egun hartan: parte hartzea ahalbidetzeko eskatzeaz gain, andreek «kezka» adierazi zuten, ez baitzekiten eskaera horrek zer nolako erreakzioak eragingo zituen. Inork ez zuen espero, hogei urte geroago bi alarde egingo zirenik.

Erantzukizunak, garbi

Gatazkaren erantzuleak zein diren garbi dute: udala eta herriko alderdi politikoak. «Erreakzio oso fuertea egon zen hasieran: udala, batez ere PSE-EE eta EAJ, beldurtu egin ziren», azaldu du Arribasek. Emakunderen, Arartekoaren eta Eusko Ikaskuntzaren txostenak zituzten ordurako, guztiak andreek alardean gizonen pare parte hartzearen aldekoak. Baina ez ziren nahikoa izan. «Alderdikeriaz erabili zuten, botoak lortzeko: EAJ hasi zen, eta PSE ez zen atzean gelditu», gogoratu du Rekartek. «Hein handi batean, horrek pozoitu du dena», ebatzi du Arribasek.

Biak bat datoz: Irundik kanpo, auzia ez da ulertzen. «Azken urteetan, beste leku batzuetan, ez da arazorik izan, eta hemen, aldiz, ez gara gai izan honi aurre egiteko». Francisco Buen (PSE-EE) orduko alkatearekin egindako bileretan, sexuagatik diskriminaziorik ez jasateko eskubidea nazioartean aitortua dela gogoratu zioten andreek, Arribasen esanetan: «Hori epaitegiek ebatzi beharko zutela erantzun zigun».

Hala, EAEko Auzitegi Nagusira jo zuten andreek 1997ko urtarrilean. Alardea baino bost egun lehenago, kautelazko neurria kaleratu zuen, andreen aldekoa. Alkateak, ebazpena betetzeko, leku «umiliagarri samarrean» joateko proposatu zien: artilleriaren atzean. «Horrekin amaitzen da desfilea». Baina andreek, eztabaida luze baten ostean, onartu egin zuten: «Bagenekien aldaketak denbora eskatuko zuela egun hori normaltasunez bizi ahal izateko: beraz, onartu egin genuen, lehenengo urratsa izan zitekeelakoan». Alardeko agintariek bilera egin zuten, ebazpen hura bete edo ez bozkatzeko: onartu egin zuten —aldeko hamabost boto, aurkako hamabi—.

Baina erabakia errespetatu beharrean, aurka zeudenak elkartu egin ziren alardearen bezperan, eta ibilbidea aldatzea erabaki. Hurrengo egunean, alarde parekidearen aldekoak, San Juan plazara iristean, bakarrik zeudela konturatu ziren. «Une hori erabakigarria izan zen: udalak momentu horretan esan izan balu hori ez zela posible, emakumeek parte hartu behar zutela nahitaez, ziurrenik gaur ez ginateke ariko honi buruz hitz egiten», azpimarratu du Arribasek.

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EL RITMO DEL MACHISMO.

Publicado el 29 junio 2016 en General |

Escrito por Xavier Cervantes. Traducción de Juanjo Compairé.

Toda explotación humana empieza por la desfiguración“, escribía Andrei Platónov la novela “Djan”. Y justamente esto es el machismo: la dominación de la mujer a partir de la desfiguración. La mujer deja de ser una persona emancipada, pierde su configuración como persona y sólo existe en función del hombre: madre, esposa, amante, criada, puta. Desfigurada por satisfacerlo. Destruida cuando no le satisface. Maria del Mar Bonet lo sintetizó a la canción “Nosaltres les dones”, del disco “Alenar” (1977), que adaptaba al catalán un poema de la sueca Edith Södergran: “Volies una dona i trobares una persona / i et sents desenganyat” (“Querías una mujer y encontraste una persona, / y te sientes desengañado”).

El desengaño es la justificación del duque de Mantua en el aria La donna è mobile de la ópera Rigoletto de Verdi cuando canta que es desgraciado quien confía en las mujeres, que son “volubles y engañosas“. El hombre, estableciendo relaciones de posesión, asigna roles y comportamientos. A principios de los años 90, el grupo Danza Invisible cantaba “La mujer ideal”. La letra la describe así: “La mujer ideal sería fatal y tierna / y me dejaría ser el hombre de las cavernas. / Capaz en la cocina, alegre en la pierna, / un espectáculo en la calle / y amable por la mañana “. Son versos que no admiten ninguna interpretación irónica. Como los de “Pleasure slave” de Manowar: “Mujer, sé mi esclava / (…) Ahora ella es una esclava, no una mujer”

El relato de la violencia.

Cuando las mujeres no responden a este ideal y además no se corresponden con la lógica de la posesión masculina, llegan las amenazas de “Mala mujer” de Joe Arroyo, “Run for your life” de The Beatles, “Every breath you take” de The Police, “La mataré” de Loquillo y “Hasta que tú muerte nos separe” de Mago de Oz. Y de ahí a la violencia definitiva de tantas canciones que describen lo que antes se llamaba eufemísticamente crimen pasionaly que básicamente son hombres asesinando mujeres. Es lo que cuentan “Used to love her”, los Guns N’Roses, la “Hey Joe” que popularizó Jimi Hendrix, “Tinc fam de tu”, de Lax’n’Busto, “El preso número nueve”, de Roberto Cantoral (que también cantaron Juan Baez y Chavela Vargas) y otras murder ballads como “Delilah”, cantada por Tom Jones. Este sería el relato esquemático, pero el mapa del machismo es amplio y complejo, a menudo brutal, y en ocasiones también sutil. En “Cruz de navajas” de Mecano (con letra de Joaquín Sabina y José María Cano), la mujer no sufre ninguna agresión. Es la espectadora de la pelea entre el marido y el amante, pero la escena es clara: dos hombres luchan por una posesión. No importa lo que quiera ella.

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